ARTICULOS  EUROPA

ISLANDIA: dominio de agua y hielo

Cuando emprendemos un recorrido por Islandia, lo primero que nos llama la atención es la omnipresencia del agua, que se manifiesta en sus más variadas formas. Las cascadas se suceden por todo el territorio de la isla, que con una superficie de 102.829 kilómetros cuadrados es la segunda de Europa en tamaño. 

Realizar una ruta circular bordeando su perímetro en sentido contrario al de las agujas del reloj, es una experiencia altamente gratificante, que permite ir descubriendo los lugares más interesantes de este bello país dominado por la naturaleza salvaje. 

Una de las primeras paradas, en la ruta del sur, debe efectuarse en Seljalandsfoss, una cascada de sesenta metros de altura, con relativamente poco caudal, pero que llama la atención por las caprichosas formas de su caída, provocadas por el viento. Mucho más espectacular resulta Skogarfoos, situada al sur de los dos glaciares más meridionales de Islandia, el Eyjafjallajokull y el Myrdalsjokull. Con un desnivel de sesenta y dos metros, destaca por la anchura de la caída, capaz de sobrecoger al visitante que la contempla desde la base.  

El glaciar más impresionante es sin embargo el Vatnajokull que con una extensión de 8.400 kilómetros cuadrados es el más grande de Europa, casi tres veces más que todos los glaciares alpinos juntos. En algunas partes alcanza un espesor de mil metros. Uno de los lugares más interesantes es el lago Jokulsarlon, lleno de icebergs y formado por el retroceso de una de las lenguas del gran glaciar. La contínua acción erosiva de la gran masa de hielo llenó gradualmente el desnivel existente entre el altiplano rocoso de su base y el mar, acumulando a sus pies una gran cantidad de material morrénico y formano pequeños montículos. Entre ellos se abre el lago, provocando la separación de icebergs de diferentes tamaños, algunos de un blanco cegador, otros enegrecidos por la presencia de materiales detríticos.  

Gracias al paso de Almannskard, pasamos de la zona sur a los fiordos del este, caracterizados por su relativa poca amplitud y por hospedar seguros pueblecitos de pescadores asentados a partir del siglo XVI, entre los que destaca Djupivogur. Muy cerca hay que hacer una parada en la iglesia de Berunes, construida totalmente en madera durante el siglo XIX, y que destaca por su perfecta sencillez. Lejos de los núcleos habitados vamos observando pequeñas casas de madera que han servido de refugio a campesinos y pescadores a lo largo de los siglos. Parecen como casitas adosadas, que se comunican a través del interior y aparecen protegidas por una capa de césped extendida sobre su tejado que les sirve de protección contra el frio y las ventiscas, tan habituales por estos parajes. 

El interior de Islandia, más frio y castigado por el viento contínuo, está prácticamente desierto, ya que la gente se ha concentrado en las zonas litorales, con un clima más templado gracias a las brisas marinas. Es por ello que encontraremos en nuestro trayecto largas distancias llenas de piedras y desolación. 

Parques Nacionales y Reservas Naturales 

El Parque Nacional de las Gargantas de Jokulsa fué creado en 1973, ampliándose cinco años más tarde. Hoy abarca una zona de casi ciento cincuenta kilómetros cuadrados esparcidos acompañando durante treinta y cinco kilómetros el cauce del segundo rio del país, el Jokulsa a Fjollum. Este ha excavado un profundo cañón de quinientros metros de anchura por cien de profundidad en algunos puntos y veinticinco kilómetros de longitud, en el altiplano rocoso originado por la superposición de varias capas de lava. La catarata que aquí se puede ver, es posiblemente una de las más impresionantes de toda Islandia.

No muy lejos se encuentra la gran reserva natural de Myvant-Laxa, creada en 1974 para salvaguardar los fenómenos naturales de origen volcánico y sus interesantes paisajes derivados. Comprende el lago Myvant, que con una superficie de treinta y siete kilómetros cuadrados es conocido con el sobrenombre de lago de las moscas, y el rio Laxa hasta su desembocadura, muy poblado por distintas especies de aves. Una de las partes más interesantes es la zona de Namaskard, que ocupa las laderas occidentales y orientales del monte Namajall, de 482 metros de altura.

Namaskard es una extensa región de fenómenos geotérmicos y solfataras, con aguas mezcladas con barro que alcanzan los cien grados de temperatura.  

Prosiguiendo nuestra ruta hacia el norte encontramos Godaffos, o la cascada de los dioses. No sorprende por su desnivel que no supera los diez metros de altura, sino por su entorno especial y hasta mágico. 

LLegando al mar, encontramos Husavik, una de las poblaciones del norte famosa en otra época por sus actividades de refinado y exportación de azufre. Preside la población que ronda los 2.500 habitantes, la iglesia de madera construída en 1907. Hoy Husavik es un importante puerto pesquero situado al este de la bahía de Skjalfandi.

Una de las visitas históricas más interesantes de nuestra ruta circular es la de la granja Laufás, formada por un conjunto de casas adosadas construídas en el siglo XIX y muy bien restauradas, conjuntamente con la iglesia de 1865 situada al lado. La luz de medianoche se refleja sobre las blancas fachadas de madera durante los meses de verano, cuando hay claridad las veinticuatro horas del día. 

Akureyry, la capital del norte 

Al fondo del fiordo de Eyjafjordur, encontramos Akureyri, la ciudad más importante del norte de Islandia. Comercial, agrícola, y puerto pesquero fué fundada en el siglo X por Helgi Grani, navegante vikingo de origen noruego que construyó su propia granja a pocos kilómetros de la ciudad actual. En el censo de 1785, Akureyri contaba tan solo con 10 habitantes, que pasaron a 280 en 1862 y 600 en 1890. Hoy es la más poblada de las poblaciones del norte con 13.800 y permanece orgullosa de la belleza de sus construcciones arquitectónicas, fieles testigos de su evolución histórica. Laxdlshús es la casa más antigua, construída en 1795 y restaurada hace ahora una década. Pero resulta más famosa Nonbahús, edificio de madera oscura de 1850 donde vivió el jesuíta Jon Sveinsson, autor de libros para niños que se han traducido a más de 40 idiomas.

En la comarca circundante hay una bella iglesia edificada en 1858 en el más tradicional esquema de construcción islandesa: Saurbaer. Aquí los lados del tejado, tapados por el césped, están integrados en los gruesos muros de piedra y turba que forman las paredes laterales del edificio. 

Glambauer es otra de las granjas del siglo XVIII, restauradas y convertidas en museo. Es quizás uno de los mayores conjuntos comunicados por el interior, donde hoy se muestran objetos tradicionales de la época, reunidos por el Museo Regional de Sakagafjorou. Las distintas salas muestran el modo de vida rural de la islandia del siglo XIX. 

A partir de aquí dejamos la franja costera y nos adentramos  hacia el interior, despoblado y duro. La pista sólo se puede transitar durante los meses de verano, pero sin duda vale la pena experimentar la sensación de soledad y lejanía. En la zona de Kjolur, situada entre los glaciares de Langjokull y Hofsjokull, encontramos Hveravellir, una solfatara con potentes chorros de vapor caliente y pozos de agua de origen geotérmico de varios metros de profundidad. La temperatura del terreno es tan alta que provoca intensos fenómenos de evaporación. 

Una vez traspasada la zona entre los dos glaciares se llega a Gulfoss. Creada por los efectos erosivos de rio Hvitá, debe su mayor encanto al volumen de agua que se precipita desde sus frontales basálticas, desviadas entre si por un ángulo de noventa grados. Sólo nueve kilómetros al sur se extiende Geysir, el lugar que da nombre a los espectáculares fenómenos geotérmicos que también pueden verse en Nueva Zelanda, o Estados Unidos. Geysir se encuentra en la base del monte Bjarnafell, que alcanza los 670 metros de altura sobre el nivel del mar. Las nubes de vapor se ven a los lejos. Actualmente el más importante de los géisers es el Strokkur. El agua hirviendo y los vapores salen por un conducto vertical de unos dos metros de diámetro. Su nivel varía dependiendo de las fuerzas contrapuestas de la presión hidroestática de la columna de agua y los vapores de la misma agua en ebullición. Precedido de ruidos sordos y gloc-glocs, el surtidor puede alcanzar alturas entre 20 y 40 metros con intervalos de lanzamiento de pocos minutos, aproximadamente cada media hora. 

Historia y Geología. 

La zona de Pingvellir, encuadrada en el primer Parque Nacional islandés fundado en el año 1928 y situada al lado del lago más importante del país. Tiene un gran valor tanto geológico como histórico. Aquí aflora a la superficie la Espina Dorsal Atlántica, que separa las fallas de los continentes Europeo y Americano, a la vez que acoge el parlamento más antiguo del mundo. 

Una de las regiones con más atractivo de Islandia es la península de Snaefellnes, que toma el nombre del glaciar Snaefellsjokull, donde Julio Verne situó su novela "Viaje al centro de la Tierra". 

Reykjavik, con 90.000 habitantes, es la capital de un país que no supera los 250.000, y que con sus ciudades satélites alcanzan los 150.000. Dicen que fué fundada el año 874 por el navegante vikingo de origén noruego Ingolfur Arnarson, primer colonizador de Islandia. Durante muchos siglos fué sólo una localidad rural y aún en 1786, cuando el rey Cristian VII de Dinamarca le concedió la municipalidad, contaba con menos de 200 habitantes.

Se desarrolló como puerto de pesca de altura y aquí se establecieron paulatinamente las principales instituciones. Convertida en capital en 1918, fué creciendo, llegando a los 40.000 habitantes en 1944, cuando se proclamó la independencia de Islandia. Su nombre significa bahía humeante, en alusión a los géisers que se alzaban aquí en otra época. Hoy hay que desplazarse al lago azul, donde la gente acude para bañarse en sus aguas con propiedades curativas, para reencontrarnos con los humos provocados por las aguas. 

Aguas calientes surgidas de las entrañas de la tierra que contrastan con el frío de los glaciares, que convierten a Islandia en un dominio de agua y hielo.

NORUEGA: El lento despertar del sol de medianoche

En el Norte de Europa, sobre la línea imaginaria del Círculo Polar Ártico, se extiende la tierra del sol de medianoche. Cuando se apaga la primavera y renace el verano, es posible contemplar al astro rey brillar durante las veinticuatro horas del día. La nieve, extendida sobre las múltiples cumbres onduladas, todavía domina el paisaje, aunque en las tierras bajas el verde irá ganando protagonismo mientras las aguas del deshielo avanzan hacia el azul del mar. Rusia, Finlandia, Suecia y Noruega comparten el territorio ártico europeo, en una zona cuyas duras condiciones de vida sólo han sido, a lo largo de los siglos, soportadas por los lapones. Tradicionalmente nómadas, han vivido al ritmo de las migraciones de sus renos a lo largo de la historia, campando a sus anchas por la gélida tundra en busca de los pastos imprescindibles para la supervivencia.

Pero en la costa noruega, las circunstancias son algo distintas. La cálida corriente del golfo de México impide que en invierno las aguas se hielen, a la vez que durante la primavera traslada a múltiples bancos de peces hacia el continente. Todo ello ha facilitado los asentamientos humanos, bien en pequeñas ciudades protegidas al abrigo de fiordos o islas, bien en pequeñas aldeas dedicadas a la pesca casi en su totalidad. La necesidad de comunicaciones entre ellas, propició a finales del siglo pasado la puesta en marcha de un servicio de buques correo que unieran los centros habitados. Hoy, y bajo el nombre de Hurtigruten o "ruta rápida", hay un buque diario que parte de Berguen hacia Kirkenes y viceversa, cubriendo cuatro mil kilómetros a lo largo de la bella, recortada y apasionante franja marítima noruega. El "expreso de la costa" permite disfrutar de ella, y a partir de esta época, del atractivo complementario de la visión del sol de medianoche. Con la llegada del verano, el estado de ánimo se revitaliza y la actividad se desenfrena. Desde el principio, las compañías que cubrían la ruta vieron que el turismo sería un elemento primordial en los viajes del expreso de la costa, y acondicionaron cabinas, restaurantes y ventanales para el máximo disfrute del paisaje exterior. Múltiples viajeros aprovechan los buques de Hurtigruten para viajar hacia el norte. El trayecto entre islas y continente garantiza una navegación calmada y las constantes paradas, permiten efectuar algunas etapas por tierra para profundizar en su conocimiento.

El Círculo Polar Ártico, circunda la tierra a 66 grados 33 minutos norte, y determina el punto más meridional donde es posible ver el sol durante 24 horas ininterrumpidas durante el solsticio de verano, es decir el 21 de Junio. Esto ocurre a 23 grados 27 minutos del Polo Norte, debido al ángulo existente entre la órbita solar y la de la tierra en el Ecuador.

Bodo y su interesante museo de la aviación, el espectacular paisaje de las Lofoten y sus pequeñas aldeas pesqueras, la belleza del fiordo de Troll, las colonias de pájaros de las Vesteralen, la tranquilidad relajante de la isla de Senja, la capitalidad nórdica de Tromso, y el paisaje colindante de Hammerfest, la ciudad más septentrional del mundo, son algunos de los alicientes antes de llegar al Cabo Norte, donde buena parte de los viajeros experimentan una emoción difícil de describir. El punto más al norte del viejo continente adquiere una magia especial a medianoche, cuando el sol brilla en el horizonte a punto de retomar altura para iluminar el nuevo día. Todo lo contrario a lo que sucede en invierno, cuando la oscuridad domina el entorno y las auroras boreales se desplazan junto al firmamento provocando un sugestivo juego de colores que van desde el verde hasta el púrpura y violeta. En una época u otra, las luces polares representan un espectáculo complementario a la mera contemplación de un paisaje singular. Pero en esta época, como a lo largo de los tiempos, las gentes del norte dan la más cálida bienvenida al lento despertar del sol de medianoche.

Laponia FINLANDESA: La Aventura sobre el hielo.

Laponia, la región europea situada al norte del Círculo Polar Ártico, es conocida como la tierra del sol de medianoche, ya que durante algunos días de los meses de junio y julio, el sol no se pone durante las 24 horas del día.

En invierno las cosas son muy distintas. Los lapones han aprendido a vivir bajo duras condiciones climatológicas y a trenta grados bajo cero todavía es posible la aventura sobre el hielo.

Laponia es un extenso territorio de cien mil kilómetros cuadrados que se extiende en el extremo de la región escandinava: norte de Noruega, Suecia, y Finlandia, y la península de Kola en Rusia.

La región permanece cubierta de nieve durante ocho meses al año.A lo largo de los siglos el reno ha significado la mayor fuente de subsistencia para el hombre, que si bien lo cazaba en un principio, aprendió a domesticarlo después. De cazador puro, el lapón se transformó en ganadero y como todas las sociedades que basan su vida en el ganado, empezó su existencia de nómada siguiendo los rebaños que se desplazan continuamente a travésde vastas extensiones en busca de pastos. El ciclo de las grandes migraciones anuales empieza en primavera. Hombres y renos se preparan para el gran viaje que desde el campo de invierno les conducirá hasta las montañas, donde los animales acumularán las energias y substancias necesarias para el resto del año. Cada familia prepara su caravana y carga el trineo con todo lo necesario para la vida cotidiana. El sol permanece presente durante bastantes horas al día y la marcha continúa hasta que desaparece la luz. Una vez en destino la caravana se detiene. La operación más importante consiste en montar la "kota", una estructura de ramas dispuestas en forma cónica y recubiertas de una gruesa tela que servirá de cobijo. Los rebaños reposan tranquilamente sobre las montañas mientras la  nieve se va fundiendo. A llegado el verano y es el momento de saborear los placeres de la vida al aire libre. El café y la carne de reno constituyen la alimentación básica del lapón mientras que los vestidos multicolores llaman la atención por su vivacidad. Al final del verano la vegetación comienza a cambiar de aspecto. Caen las primeras nevadas y hay que iniciar el camino de regreso a través de la tundra para situarse cerca de un lago que facilitará las tareas domésticas. Hoy el pueblo lapón tiende a la sedentarización y el trineo tirado por renos ha sido en parte sustituido por la moto de nieve. El turismo de invierno representa un actividad alternativa, mucho más rentable y menos dura. A partir de Rovanienmi, la capital de la laponia finlandesa y de otras poblaciones situadas más al norte como Ivalo, se ha desarrollado una infraestructura turística que permite acrecarse al modo de vida del pueblo lapón, disfrutar de la serena monotonía de un paisaje que atrapa por su encanto fantasmagórico y pasear tanto en moto de nieve, como en trineos tirados por renos o perros huskies. Los trajes térmicos facilitados permiten paliar las bajas temperaturas del exterior y uno hasta se puede reconfortar en el cálido taller de Santa Claus, situado junto al Círculo Polar, muy cerca de Rovaniemi.

Esta tierra en otra época inhóspita permite hoy disfrutar de  una auténtica aventura sobre el hielo.

SAN PETERSBURGO: Tres siglos impresionando al mundo

Silencioso espejo de canales y poéticos puentes de piedra, vistosos y solemnes palacios del barroco ruso, logros de la urbanística moderna, húmedo clima marítimo de jardines rellenos de frescura, pétreo testigo de la historia y cielo apasionado de noches blancas... San Petersburgo.

A tan solo 150 kilómetros de la frontera finlandesa, la gran ciudad del Báltico se extiende por la orilla occidental del Neva sobre un centenar de islas e islotes que forman su delta. Cuatrocientros puentes, veintiuno de los cuales son levadizos, unen las calles y zonas habitadas a través de los 86 pequeños rios y canales que alcanzan una longitud total de 300 kilómetros. Fué la ciudad más cosmopolita del Imperio Zarista y después del Estado Soviético, la que más pronto recibe influencias del exterior y la que más estrechos lazos tiene con las capitales escandinavas.

Hace más de mil años el territorio del delta del Neva estaba habitado por tribus eslavas que en el siglo X integraron la Rus de Kiev, un estado feudal surgido en la Europa Oriental entre los siglos VIII y IX. El rio Neva, que desemboca en el golfo de Finlandia, formaba parte de la vía comercial que enlazaba la Rus con el norte de Europa y le proporcionaba una salida al mar.

Territorio codiciado por todos los vecinos, cayó en manos suecas a principios del siglo XVI y fué recuperado en la guerra con este país en 1700. Pedro I ordenó levantar una fortaleza en una isla situada en el delta en mayo de 1703. Un año después y protegidas por sus cañones, aparecieron las calles de la nueva urbe y en 1712 el zar trasladó la capital rusa, de Moscú a San Petersburgo. La ciudad se edificó a tal ritmo que transcurridos 20 o 30 años, podía rivalizar con las capitales más importantes de Europa.

Pedro el Grande había apostado por el desarrollo naval de Rusia. Sus accesos al Mar Negro estaban bloqueados por los turcos y el hielo báltico impedía durante muchos meses al año utilizar el puerto de Arhangel'sk. Influenciado por las corrientes europeas, sobre todo holandesas, Pedro invitó a "artesanos de todas las artes" a construir una nueva ciudad, que a la vez habría de servir para parar a los suecos y para comerciar con Europa. Comenzó a edificarse con piedra, aunque la madera de los bosques cercanos sirvió para clavar estacas en el terreno pantanoso. La catedral de San Isaac se apoya sobre 24.000 troncos de árbol clavados en el suelo.

El núcleo antiguo fué la fortaleza de Pedro y Pablo donde se alternaron las instalaciones militares con los primeros edificios públicos, una catedral y una cárcel. Pero el edificio más suntuoso está al otro lado del rio. Se trata del Palacio de Invierno, obra maestra de Francesco Bartolomé Rastrelli y residencia imperial durante dos siglos. Hoy acoge el museo más grande del mundo: El Ermitage.

Poco o nada ha cambiado El Ermitage desde mi primera visita hace ya casi diez años. Mi semana santa en la rusia-soviética discurría entre la admiración y el desencanto. Las catedrales del Kremlin moscovita y sus tesoros denotaban una historia brillante, pero las calles de Moscú, amplias y muy poco transitadas, resultaban un tanto impersonales, mientras las ténues luces amarillentas en cada una las ventanas de los grandes edificios, eran signos inequívocos de la falta de espacio con la que contaba la población local. La insistencia en dar a conocer los logros de la revolución representaban una obsesión para aquellas guías uniformadas del Intourist, sin las cuales uno poco podía moverse por la ciudad. El metro de Moscú, la exposición VNHA les servían de referencia y marco para sus largas y monótonas explicaciones. El desplazamiento a la entonces Leningrado representó un alivio. Otro talante se respiraba en la nueva urbe. Más señorial, más cosmopolita, más humana. El sol resplandecía sobre los tejados mientras el Báltico se configuraba como un mar de hielo. La calefacción del gran museo acariciaba algunas obras maestras de Leonardo da Vinci, Miguel Angel, Rafael, Tiziano, Rembrandt, Rubens, los impresionistas y otros, al igual que hacía más agradables las salas dedicadas a las artes decorativas, escultura y antigúedades orientales. Es imposible verlo en un día, por lo que es aconsejable decantarse previamente por algunas de sus secciones. Hoy las obras siguen ahí, aunque en el exterior del museo abundan los puestos de venta de cantidad de muñecas matrioscas y viejas cámaras fotográficas y el tiempo nos recuerda que estamos en pleno verano. Los toldos de las cervecerías han cambiado el paisaje urbano, aunque en la famosa perspectiva Nevsky, las gentes siguen deambulando por la tarde en busca de compras interesantes capaces de hacer olvidar los años de escasez.

De 1914 a 1924 la ciudad se llamó Petrogrado. Poco antes había sido el principal escenario de la revolución de Octubre que llevó a los bolcheviques al poder, aunque a la vez perduraba como el antiguo centro imperial y de la aristocracia, por lo que Lenin ordenó en 1918 el traslado de la capital nuevamente a Moscú. Volvió al primer plano de la actualidad mundial con motivo del largo y cruento asedio de 900 días de las tropas alemanas durante la segunda guerra mundial, que llegaron a pocos kilómetros del casco histórico, provocando tras la contienda un intenso período de reconstrucción arquitectónica.

La Plaza de los Decembristas, el Almirantazgo, la catedral de San Isaac y las distintas avenidas que reciben el nombre de perspectivas, se alternan con los arcos de triunfo, las estatuas equestres, palacios y museos que se extienden por doquier. Aristocracia y socialismo quedan referenciadas a cada paso, pero a pesar de sus tendencias arquitectónicas, la ciudad perdura en el reflejo de sus canales. Monasterios y colegios variopintos han podido marcar pautas de conducta a lo largo de la historia, mientras que fábricas, plazas y calles han sido mudos testigos de huelgas, mítines y manifestaciones. Tres siglos de historia turbulenta escritos sobre los viejos adoquines de la ciudad.

Y a pesar de su belleza, a pesar de sus amplias árboledas y  elajantes cauces de agua, hay que dedicar suficiente tiempo para escapar de la urbe y reservar todavía capacidad de admiración para contemplar tres lugares situados en los alrededores de San Petersburgo.

En primer lugar Petrodvorec, el versalles ruso. Esplendoroso jardín bajo el que se extiende una estructura hidráulica subterránea capaz de alimentar un complejo e ingenioso sistema de fuentes. Situado a 29 kilómetros al oeste de San Petersburgo consta de dos conjuntos palaciegos, el Gran Palacio y el Palacio de Monplaisir y diversos pabellones que se alternan entre espectaculares surtidores cuyo punto álgido es la gran cascada, construida entre 1715 y 1724 por cuatro arquitectos y adornada con 225 esculturas de bronce dorado y 64 fuentes.  

A 27 kilómetros al sur de la gran ciudad se levanta Pushkin. El lugar fué regalado por el zar Pedro a su íntimo amigo Mensikov que lo disfrutó hasta su caída en desgracia. Un decreto imperial concedía la propiedad a Catalina, esposa de Pedro y futura emperatriz. Hoy el palacio de Catalina y obra maestra de Rastrelli es quizás el ejemplo más espectacular del rococó ruso. Su fachada alcanza los 306 metros de longitud sobre los que destacan las cúpulas doradas en forma de cebolla de la iglesia, que pueden contemplarse desde múltiples lugares de los amplios jardines y el lago.

La de Pavlovsk es la última de las residencias imperiales construidas en los alrededores de San Petersburgo. El neoclasicismo de arquitectura, es menos lujoso que sus antecesores, pero sin embargo combina perfectamente la gracia de sus formas con su entorno ajardinado. Catalina donó esta propiedad a su hijo Pablo que entre 1782 y 1786 mandó edificar el palacio que recuerda el modelo de villa neoclásica italiana combinado con estructuras de casas de campo rusas.

Petrodvorec, Pushkin y Pavlovsk cautivan, causan admiración, relajan, sorprenden, y quizás contribuyen a hacer comprender el porqué, tras la señal de un cañonazo disparado por el cañón de proa del crucero Aurora, se inició el asalto al Palacio de Invierno, comienzo de la revolución bolchevique. 

San Petersburgo, primero, Petrogrado después, Leningrado más tarde y nuevamente San Petersburgo ahora, esta acostumbrada a cambiar de nombre, pero en tan sólo tres siglos de historia no ha dejado de impresionar al mundo.

POLONIA: El despertar de una nación laboriosa

Conocida por haber sufrido como nadie las secuelas de la Segunda Guerra Mundial y por sus fuertes convicciones católicas a pesar del régimen comunista de las últimas décadas, Polonia avanza esperanzada ante un futuro de bienestar ganado a costa de trabajo. Con un crecimiento económico anual de un 10%, es el país del antiguo bloque del este mejor situado para entrar en la Unión  Europea, a la vez que pretende ofrecer al resto del mundo buena parte de sus múltiples atractivos.

Gdansk, posee un centro histórico impresionante, fiel reflejo de la importancia que tuvo en el período hanseático, cuando era uno de los puertos principales del Europa, bañado por las aguas del Báltico. La Puerta Mayor, de estilo renacentista da paso por el oeste al centro de la ciudad, articulada en torno a la plaza Dugli Targ, o mercado largo. Al otro lado esta el viejo puerto, uno de los rincones más pintorescos del país. Entre ambos lados se suceden una serie de callejas medievales plagadas de atractivas fachadas de casas pertenencientes a los ricos comerciantes de la época. Hoy la ciudad ha crecido mucho. La importancia portuaria se ha trasladado a la vecina Gdynia, mientras que Sopot acumula prestigio como ciudad balnearia, aunque las tres se presentan como un conurbano extendido a lo largo de la bahía de Gdansk. Aquí sonaron los primeros tiros de la Segunda Guerra Mundial, y aquí la oposición obrera al régimen comunista articulada en torno al sindicato Solidarnosc, empezó a minar el poder político emanado desde Varsovia. 

El distrito de los lagos

Uno de los lugares más atractivos del norte de Polonia es el distrito de los lagos Masurianos, un conjunto de lagos post-glaciales situados al norte y al sur de Gyzycko. Aquí se encontraban los cuarteles generales de Hitler durante la guerra, un conjunto de bunkers en ruinas que presenciaron el intento de asesinato del dictador el 20 de julio de 1944. Hoy la vegetación rodea los inmensos bloques de cemento resquebrajados en su estructura, como intentando tapar una época que no debiera repetirse.Tampoco debieran repetirse nunca jamás los dolorosos episodios del Ghetto de Varsovia ni el genocidio de campos como Auschwitz o Treblinka. Durante la segunda guerra mundial y el terror nazi murieron en Polonia unos seis millones de personas, la mitad de las cuales eran judías. Pero ninguna ciudad sufrió tanto como la capital polaca, donde poco antes del final de la guerra, sus habitantes fueron expulsados y los alemanes demolieron Varsovia calle por calle.

Hoy su antiguo centro histórico ha sido reconstruido de manera magistral, rememorando aquella época, 1596, en que empezó a ser la capital del país, reemplazando a la sureña Cracovia. Es díficil creer que todos los edificios de los siglos XVII y XVIII que circundan la antigua plaza han sido completamente reconstruidos desde sus fundamentos, pero la película "A pesar de todo, Varsovia", que se proyecta en el Museo Histórico situado en una esquina de la misma plaza, recoge la estremecedora destrucción de la ciudad.

La Puerta de la Barbacana es una parte de la muralla medieval que rodeaba Varsovia. A partir de aquí se extendía la ciudad nueva, plagada de iglesias y palacios. Residencias reales y aristocráticas que se alternan con las universidades, fieles testigos del esplendor cultural que siempre supo encontrar el equilibrio con los parques que salpican la ciudad.

Pero a pesar del verdor capitalino, hay que salir al campo, recorrer estas extensas llanuras polacas donde, si el tiempo acompaña, uno puede embriagarse de naturaleza. Todos los colores del verde se suceden en los árboles que flanquean las pequeñas carreteras comarcales y en los campos bien cuidados por agricultores y ganaderos que habitan pequeños pueblecitos construidos con casas de madera. Vd. puede dirigirse hacia el Parque Nacional de Bielowieza donde puede observar el mamífero más grande del continente europeo, el bisonte. Hacia el pequeño pueblo renacentista de Kazimierz Dolni o hacia la antigua capital del país. Siempre encontrará un atractivo escenario rural digno de ser contemplado.

Cracovia: La joya histórica de Polonia

Situada al sur, muy cerca de la frontera con la República Checa y a orillas del Vístula, se levanta Cracovia, la que fuera capital durante seis siglos. Al pié de los Cárpatos, ha sido desde siempre un importante nudo de comunicaciones en las grandes rutas europeas, lo que ha motivado su desarrollo desde la Edad Media.

Narra una leyenda polaca, ya documentada en el siglo XII que en una gruta a orillas del Vístula, vivía un monstruo devorador de hombres. Este pactó con los lugareños la abstinencia respecto a sus antropófagas costumbres, a cambio de puntual suministro de jóvenes doncellas. Pasaron los años hasta que los hijos del príncipe Krak decidieron enfrentarse a la bestia, y una vez vencida, pudo surgir junto a la colina una ciudad que, salvada de peligros, llamaron Cracovia. La leyenda mantiene paralelismos con la de San Jorge y en la colina, a la que llamaron Wawel, se construyó un castillo y una iglesia, que a la larga se convertirían en el centro de poder político y religioso de la nación polaca.

Hoy Cracovia es la tercera ciudad más poblada del país, con 800.000 habitantes, de los que un 10% son estudiantes. Fué en 1364 cuando se fundó la Universidad Jagelónica, la más antigua de Polonia y actualmente la más importante después de la de Varsovia. En ella estudió Nicolás Copérnico, astrónomo y conónico polaco que escribió "De Revolutionibus orbium caelestium librum VI" donde expuso la "hipótesis astronómica" sobre los tres movimientos de la tierra: el diurno a través de su eje, el anual alrededor del sol y el anual del eje terrestre con relación al plano de la elíptica. Esta hipótesis resolvía las dificultades de la astronomía de los antiguos y simplificaba los movimientos terrestres. El colegio mayor "Collegium Maius" es la parte más vieja de la Universidad Jagelónica. Vale la pena entrar para admirar el atrio gótico, donde una serie de arcadas ojivales soportan un balcón superior que da acceso a las distintas estancias. El museo de la universidad alberga una serie de objetos relacionados con los descubrimientos de copérnico.

El centro de Cracovia está configurado por la Plaza del Mercado que junto a los edificios colindantes constituye el conjunto medieval más grande de Europa. El nombre polaco de la plaza es Rynek Glowny, y en el centro se encuentra el Suklennice, el mercado propiamente dicho. Bajo sus soportales se celebra un gran mercado de artesanía, en el que se pueden comprar los trabajos en madera a más bajo precio de todo el continente europeo. Platos trabajados a mano, cajitas, joyeros, juegos de ajedrez, iconos y un largo etcétera se pueden adquirir a precios increibles. 

Junto al mercado se levanta la torre del ayuntamiento, construida en el siglo XIV. De la antigua casa consistorial sólo queda esta torre, ya que el edificio en sí fué demolido en 1820. En el lado opuesto de la plaza encontramos la iglesia de Nuestra Señora empezada en el siglo XIII. El altar mayor, realizado en 1489 por Wit Stwosz, es el mejor trabajo escultórico del país. En una de las torres de la iglesia, suena cada hora una trompeta en memoria de un trompetero que en el siglo XIII fué alcanzado por una flecha tártara, cuyas ordas destruyeron la ciudad en 1241. Detenerse durante un buen rato en la plaza del mercado significa tomar el pulso diario a la urbe. Hoy los parasoles de las terrazas de los bares intalados tras la caída del comunismo, aportan un nuevo aire al marco, pero como siempre los ojos no dejarán por un momento de contemplar alguna escena distinta, mientras los oídos se deleitarán cada hora con la triste melodía de un trompetista instalado tras la ventana de un campanario. 

Cracovia estaba totalmente amurallada. Actualmente sus muros se conservan sólo en parte, resaltados por un cinturon de bien cuidados parques. La puerta de San Florían, de 1307, y la Barbacana, fortaleza construida en 1498, daban entrada a la ciudad. Desde aquí hasta la colina Wawel, se extiende la Vía Real, que en la actualidad estaría formada por las calles Florianska y Grodzka, antes y después de la Plaza del Mercado respectivamente. Siguiendo por esta última y antes de llegar a Wawel, encontramos la iglesia de San Pedro y San Pablo, construida en el siglo XVII y destacada por las estatuas situadas frente a su fachada. 

Una vez penetrado en el conjunto amurallado de la colina de Wawel, lo primero que llama la atención es la catedral, construída en 1364. Detrás está el Palacio Real, obra de Francesco de Firenze. Cuatro cuerpos porticados de tres pisos encierran el palacio de honor, donde se celebraban las ceremonias oficiales, fiestas y torneos. Las distintas estancias que lo circundan, albergan en la actualidad distintos museos que configuran la colección más importante de la polonia monárquica, entre la que destacan los tapices flamencos del siglo XVI y las joyas de la corona. La mayoría de las obras expuestas fueron trasladadas a Canadá en 1939 para escapar de la expoliación alemana. Hans Frank, gobernador general de Polonia con el nazismo y condenado a muerte en Nuremberg, residió aquí durante la guerra. En el conjunto destacan como defensas militares tres torres del siglo XV, una fortificación del XVI, las murallas de 1790 y dos caminos de ronda de mediados del siglo XIX construidos por los austríacos en previsión de una insurrección popular. Porque Wawel sufrió la humillación de la ocupación extranjera con repartos del territorio polaco a fines del siglo XVIII, que llegaron a borrar a Polonia del mapa europeo, asignando tierras a Rusia, Prusia y al Imperio Austríaco. Después de la I Guerra Mundial, en 1918, Polonia volvió a erigirse como estado soberano. El conjunto de Wawel, es el máximo exponente de su historia.

PRAGA: La ciudad dorada de las cien torres

En los últimos años, Europa ha sabido redescubrir una de sus más hermosas ciudades. Praga no sufrió los bormbardeos de otras urbes durante la Segunda Guerra Mundial, lo que sumado a una buena política de restauración en sus edificios históricos, ha convertido a la capital checa en el mejor conjunto medieval, renacentista y barroco del continente y un destino ideal para visitar en un fin de semana. Pero si se dispone de algo más de tiempo, este hay que emplearlo para conocer sus alrededores.

Bohemia y Moravia ofrecen suficientes atractivos para combinar con esta ciudad maravillosa.

Y es que Praga aparece radiante bajo los rayos del sol del día y hermosamente iluminada durante la noche. La capital del antiguo reino de Bohemia, provoca en el viajero la sensación de encontrarse ante el último reducto de un mundo en extinción.

Y sin embargo, se trata de un núcleo urbano que vive su pulso diario, esperanzado en su nuevo futuro, pero con el porte y la clase otorgada por siglos de historia acumulada.

 El río Vltava, separaba antaño la parte regia del burgo incipiente. Sobre una larga colina, se levanta el castillo Hradcany junto a la magnífica catedral gótica de San Vito, formando un compendio de estilos arquitectónicos.

Primero fué una fortaleza eslava románica, a la que se añadieron posteriormente elementos góticos, renacentistas y barrocos.

 Al otro lado, la ciudad vieja, "Stare Mesto", se articulaba en torno a una plaza todavía excepcional, que alberga el Ayuntamiento, con el célebre reloj astronómico de 1490, la iglesia Tyn, que combina sus chapiteles góticos con el barroco de su interior, y una serie de palacios renacentistas.

Praga fué creciendo, y por ello a partir del siglo XV se extendió su área colindante, a la que se llamó "Nove Mesto" o Ciudad Nueva, cuyo centro es la Plaza Wenceslao, dominada hoy por el edificio del Museo Nacional.

 Vagar por las calles de una y otra representa revivir épocas pasadas e impregnarse de un aire que emana de talleres, museos, iglesias y palacios, mudos testigos de una historia turbulenta.

Persecuciones judías, pensamientos kafkianos, revueltas sociales...

La Plaza de la Ciudad Vieja o del Ayuntamiento, antigua encrucijada de rutas mercantiles, es el punto históricamente más importante de la ciudad. En ella se encuentra el conjunto de edificios que constituyen el Ayuntamiento gótico-renacentista, la iglesia gótica de la Virgen de Tyn, la iglesia barroca de San Nicolás, además de una serie de edificios góticos, renacentistas y barrocos de una gran belleza. Es famoso el reloj astronómico de la Torre del Ayuntamiento, con la muerte y los apóstoles que desfilan al tocar las horas. Se pueden visitar el Ayuntamiento y las iglesias, y desde lo alto de la torre se disfruta de un panorama extraordinario. En el centro de la plaza se encuentra el monumento a Jan Huss, de 1915. 

Entre la Plaza de la Ciudad Vieja y el Puente Carlos se encuentra la Pequeña Plaza, una de las más antiguas de Praga, con edificios románticos, góticos y renacentistas, y se recorre la tortuosa calle Karlova, también de estilo gótico-renacentista y con unas cuantas fachadas barrocas, donde vivió el famoso astrónomo Johan Kepler. El final de la misma, antes de llegar al Puente, se encuentra la plaza de los Cruzados, con dos hermosas iglesias: la de San Salvador y la de San Francisco.  

Desde la parte opuesta de la plaza de la Ciudad Vieja, la calle Celetná, una de las más antiguas y hermosas de Praga, lleva hasta la Torre de la Pólvora, reconstruida en estilo neogótico, y a la plaza donde se encuentra el más famoso edificio de estilo liberty de la ciudad: la Casa Municipal. Erigido en 1905, comprende la Sala de Conciertos Smetana, cinco salas más pequeñas, un café, un restaurante y una taberna, todos ellos profusamente decorados.  

En el barrio judío, la Sinagoga Vieja-nueva, de estilo gótico, con naves laterales y bóvedas de cañón, se remonta al 1280 y es la más antigua de las sinagogas actualmente existentes en Europa. Se llega a ella desde la hermosa calle Parizska, bordeada de edificios de estilo modernista. El Cementerio Antiguo fue el lugar de sepultura de los miembros de la comunidad hebraica desde la Edad Media hasta el año 1787 y posee más de doce mil lápidas de piedra embellecidas con elementos arquitectónicos y símbolos en los que se expresa el nombre, la profesión y las cualidades de los difuntos.  

El barrio judío era un especie de ciudad dentro de la ciudad y tenía su propio Ayuntamiento en la calle Maislova. El actual edificio es del siglo XVIII y cuenta con un curioso reloj cuyas agujas se mueven en sentido contrario al habitual, como la escritura hebraica.  

La Plaza Wenceslao es el centro de la denominada Ciudad Nueva, fundada en 1348 por Carlos IV para dar un respiro a los viejos barrios, que ya estaban superpoblados. Hoy es una larga y espaciosa avenida dominada por el imponente Museo Nacional del siglo XVIII, con colecciones de historia e historia natural y una biblioteca con más de un millón de volúmenes antiguos. En la plaza hay varios hoteles de estilo modernista, cafés al aire libre, tiendas y grandes almacenes.  

El Puente Carlos es un monumento clásico único desde un punto de vista técnico y artístico.  Une la Ciudad Vieja con la Malá Strana. De 520 metros de largo y 10 de ancho, fue construído en el siglo XIV por el arquitecto Petr Parler, termina en las dos orillas del río con torres góticas y fue adornado, durante los siglos sucesivos, con estatuas de los mejores escultores bohemios, entre los que podemos destacar a Braun y Brokof. 

En la calle Nerudova, en el barrio de Mlá Strana se encuentran algunos de los más bellos edificios de Praga: el Palacio Norzin, barroco, con estatuas de Brokof, el Palacio Thum-Hohenstein, actualmente embajada de Italia; el Palacio Bretfeld, rococó; y muchas casas no tan famosas pero no por ello menos interesantes. 

La Plaza de Malá Strana está dividida en dos partes y bordeada de bellos edificios de estilo renacentista y barroco como la iglesia de San Nicolás, obra maestra del barroco de la ciudad durante el siglo XVIII.  

En la Plaza de los Caballeros de Malta se encuentran dos hermosos edificios: el Palacio Nostic, barroco y el Palacio Turba, rococó. La plaza se encuentra en el centro de un pequeño itinerario por entre las callejuelas del barrio, que comprenden la iglesia de la Virgen María, la plaza Velkropevorske, con el Palacio Hrzan, el Palacio Buquoy y el Palacio del Gran Pior.  

La plaza del Castillo, ya en la colina, contiene una serie de espléndidos edificios, entre los cuales debemos destacar: el Palacio Schwarzemberg, obra maestra del Renacimiento checo, construido en el siglo XVI y sede actual del interesante Museo Histórico Militar, con colecciones relativas a las guerras habidas en Europa en diferentes momentos de la Historia; el Palacio Toskana, de estilo barroco, con estatuas de J. Brokof en el ático; el Palacio Arzobispal, de estilo rococó; el Palacio Martinic, del siglo XVI; y el Palacio Stemberg del siglo XVIII, donde tiene su sede la Galeria Nacional, con una riquísima pinacoteca  con obras de pintores italianos, alemanes, flamencos y franceses de los siglos XIX y XX. 

El Castillo, fundado en el año 880, tiene cuatro patios con edificios de diversas épocas: la catedral de San Vito, el monasterio de San Jorge, así como varios senderos y jardines, y también algunas partes no abiertas al público, como la residencia del Presidente de la República y varios edificios gubernamentales. La catedral de San Vito, de estilo gótico, destaca por la capilla de San Wenceslao, con unas interesantes pinturas al fresco, y las tumbas de los reyes de Bohemia. No podemos olvidar el Palacio Real, con la sala Vladislao de 1493 y la basílica románica y el monasterio de San Jorge, con sus colecciones de arte bohemio antiguo así como el Callejón de Oro y sus pintorescas casitas en miniatura. 

Muchos y muy variados estilos arquitectónicos ciertamente y sin embargo una dulce armonía revive hoy en la apodada "Ciudad dorada de las cien torres", un conjunto que presenta un área protegida por la ley como reserva monumental con 1.737 edificios clasificados de primera categoría. 

 Sus habitantes son cultos y amables, aunque el idioma es todavía  hoy una barrera. Tuvieron que estudiar ruso por obligación, aunque ahora prefieren olvidarlo. En aquella época algunos aprendieron francés como signo de resistencia ante las directrices soviéticas. Felices de que aquellos tiempos ya pasaron, hoy se adaptan paulatinamente a la libre competencia, y el que otrora fué uno de los regímenes más cerrados del Este, recibe con orgullo a los occidentales.

 La atmósfera social es intensa. En Praga hay 915 cervecerías (pivnice), 127 locales donde también se bebe vino (vináry) y 68 cafeterías (kavány), una considerable proporción para una ciudad de millón y medio de habitantes. Si Viena es famosa por sus cafés, Praga requiere captar el genuíno espíritu de sus locales públicos, donde ahora como antaño se suceden tertulias literarias, científicas, pictóricas y musicales.

 Mozart, Beetovhen, Einstein, Chateaubriand, Rimbaud y Apollinaire vivieron también en la ciudad durante algún tiempo.

Un tiempo que se detuvo en Beth-Hachajim o "la casa de la vida". El cementerio judio que ha sabido sobreponer la poesía ante la tristeza. Las letras hebraicas acompañan los símbolos de la profesión en las lápidas de los muertos. Un libro para un impresor, unas tijeras para una sastre, un mortero para un boticario, unas pinzas para un médico... Es el más importante cementerio de su clase en el viejo continente y uno de los elementos que recuerdan aquella época cuando cohabitaban en la ciudad las comunidades checa, alemana y judía.

Hoy el blanco de los cisnes del río contrastan con la muerte y la actividad diaria se sucede en un escenario único.

Una de las noches hay que reservarla para ir a cenar al restaurante U-Fleku, que presume de ser la taberna más antigua de Europa. Sirve alcohol desde 1499. 

El cliente contemporaneo se encuentra antes de sentarse con una jarra de cerveza negra sobre la mesa. 

Después de la cena, lo más apropiado es pasear por el puente Carlos, desde donde, flanqueado por sus 31 esculturas, se puede apreciar toda la belleza de una ciudad espléndidamente iluminada bajo el oscuro manto de la noche, mientras suena una agradable melodía. 

La Literna Mágica es posiblemente la representación más agradecida por los turistas ya que casi sin palabras ofrece un espectáculo mixto de prosa, danza y cine.  

El Teatro Nacional, construido entre 1863 y 1883 fué el primer teatro estable de la ciudad, y el más importante en representaciones operísticas y en teatro en prosa. 

 Vanguardista, literaria, inquieta, Praga es capaz de ofrecer una lección de arquitectura continental de los siglos XIV al XVIII. 

Pero a pesar de su constante atractivo, de su magnetismo apabullante, habría que reservar algo de tiempo para conocer sus  alrededores.

 Bosques de Bohemia 

No muy lejos de la capital se extienden los bosques de Bohemia.

Las bellezas naturales son, sin duda, los principales atractivos de la región. En su parte occidental se encuentran dos famosos balnearios: Karlovi Vary y Marianske, fieles testigos de una antigua época esplendorosa. Al vagar por sus calles se pueden observar los viejos edificios señoriales que albergaron a famosos personajes de finales del siglo pasado, en sus periodos de descanso y curas de salud. Los viejos hoteles, repletos de amplios salones muestran hoy un aire decadente y recuerdan la intensa actividad turística de otras épocas. En la región de Bohemia se encuentran los talleres del famoso cristal, cuya adquisición constituye un buen recuerdo tras realizar el viaje.

A partir del siglo XIV los artesanos checos eran considerados los mejores vidrieros de Europa. Tradicionales competidores conlos venecianos de Murano, compartían con ellos hallazgos y experiencias, aunque poco a poco los centroeuropeos optaron por las técnicas aplicadas sobre el material en frío, mientras la tradición en Venecia se basaba en la manipulación en caliente. 

En la parte sur de Bohemia se suceden las praderas y las suaves colonias. No debería olvidarse una visita a Pilsen, cuna de la cerveza cuyo estilo toma el nombre de la ciudad. 

Moravia, tierra de castillos 

Moravia es una región de tierras altas cubiertas generalmente de grandes bosques y salpicada por una gran número de castillos.

Su capital, Brno, combina edificios de su antiguo esplendor con construcciones contemporáneas. Destaca el castillo de Spilberk, edificado en el siglo XIII. La ciudad vieja se extiende en los aledaños de la Plaza de la Libertad. La Catedral de San Pedro y San Pablo, el Ayuntamiento y la Catedral de San Jacob son otras construcciones que merecen una visita. Al sur de Moravia se levanta Telc, perfecto ejemplo de ciudad medieval completamente rodeada de fosos y murallas que albergan una buena variedad de edificios medievales y renacentistas.

ALEMANIA: EL Valle del Rhin

Los ríos han constituido desde siempre un importante centro de atracción para el ser humano. Además los cauces fluviales han significado importantes vías de comunicación entre los pueblos, acogiendo a lo largo de la historia un importante tráfico de mercancías y traslado de personas, sustituyendo la falta de caminos primero, y protegiéndolas de los peligros de los asaltantes más tarde. 

Con 1326 kilómetros de longitud, una cuenca de 225.000 Km2 y un caudal de 2.200 metros cúbicos por segundo en la desembocadura, el Rhin es uno de los más relevantes ríos del continente europeo, pero sobre todo debe su importancia a razones históricas que destacan por encima de las geográficas. Fue el vehículo de la civilización antigua por su posición entre el mundo germánico y el mundo latino, a la vez que sigue siendo la vía natural de comunicación entre los valles alpinos, último eslabón de la cuenca mediterránea y el Mar del Norte.  

A lo largo de su recorrido se suceden bellos paisajes, ciudades con imponentes catedrales, castillos medievales, viñedos y campos de cultivo, pueblecitos que parecen extraidos de un cuento de hadas. Pero si desde el cantón suizo de los Grisones, donde nace, hasta las bajas llanuras holandesas, donde desemboca ramificado, se suceden las atracciones para el viajero, hay una zona donde estas se concentran.  

Un recorrido entre las ciudades de Maguncia y Coblenza representa un obsequio para las pupilas y una lección de historia. Una apasionante ruta que bien puede cubrirse por las carreteras de ambas orillas que serpenteantes escoltan el descenso caudaloso o navegando sobre las aguas a bordo de los numerosos barcos que las surcan. En esta descripción voy a utilizar esta última opción, pues facilita el aspecto referencial.  

Maguncia, el inicio del sueño renano. 

La actual capital del "land" Renania Palatinado, es a la vez el inicio de nuestra ruta y el principio de los que podemos denominar con mayúsculas "EL VALLE DEL RHIN", posiblemente la zona donde se concentran más castillos, pueblos pintorescos y viñedos de todo el cauce fluvial. Un viaje que finalizará en Coblenza, donde nuestro río se verá incrementado por las aguas del Mosela.  

Primero poblado celta, más tarde guarnición romana y posteriormente sede arzobispal, Maguncia presume de ser la cuna de Johannes Gensfleisch zum Gutemberg, el inventor de la imprenta. Nacido en 1397, trabajó entre 1434 y 1444 en Estrasburgo, regresando posteriomente a su ciudad natal para inventar la tipografía entre 1448 y 1450 y editar su famosa Biblia, el primer libro impreso de la historia. Varias son las referencias que rememoran al inventor en Maguncia: el Museo Mundial de Artes Gráficas que alberga una reproducción exacta del taller de Gutemberg, la universidad que lleva su nombre y el monumento que se le levantó en el siglo XIX. En el centro antiguo sobresale la imponente catedral románica que, iniciada en el año 975, tardó novecientos años en terminarse. Destacan además el edificio de la orden Alemana, el palacio del príncipe elector, el Museo del land del Rhin Central, el Museo Central Romano-germánico y diversas iglesias, palacios barrocos y fuentes, entre las que reseñar la dedicada al martes de carnaval, una de las más populares y espectaculares fiestas de la ciudad. 

A partir de Maguncia se inicia la Rheingau, o comarca del Rhin, con la antigua ciudad romana de Eltville, el centro vinícola de Kiederich, el monasterio cisterciense de Eberbach y el palacio Reichertz-hausen en Oestrich, pero el río no empieza a encajonarse hasta treinta kilómetros más hacia el norte, en Rudesheim, desde donde se sucederán, como un auténtico rosario, las fortalezas medievales.  

Rudesheim es una de las poblaciones vitivinícolas más conocidas del Rhin y mundialmente famosas gracias a la Drosselgasse, la "callejuela más jovial del mundo", una estrecha calle donde se agrupan una serie de tabernas donde saborear los caldos de la región, que también produce espumosos de calidad. Las calles de Rudesheim están adoquinadas y flanqueadas por casas con paredes entramadas. En el histórico Palacio de Bromserhof se encuentra un Gabinete de Instrumentos Mecánicos de Música que es una de las mayores colecciones del mundo en instrumentos accionados por mecanismos.  

En la ladera de la montaña, y al que se puede acceder en funicular a través de viñedos, se encuentra el monumento de Niederwald, que conmemora la guerra de 1870-71 y la posterior unificación de Alemania.

Situado a 225 metros de altura sobre el Rhin permite apreciar una magnífica panorámica sobre su valle y el del rio Nahè que desemboca precisamente en frente, junto a la localidad de Bingen situada en la orilla izquierda. Aquí encontramos el castillo Burg Klopp, que alberga el ayuntamiento de la población y el museo regional.  

Justo delante de Bingen y situado en una isla se levanta Mauseturm, "la torre de los ratones", construida en este punto estratégico para cobrar peajes a los buques que por allí pasaban. Después se convirtió en una torre de señales para facilitar la navegación fluvial en la peligrosa "Binger Loch", la olla de Bingen. 

Rosario de Castillos.

 Más adelante, y siguiendo en la orilla izquierda, se suceden tres de los castillos más impresionantes del Valle del Rhin, Reinstein, es una de las más antiguas fortificaciones, posiblemente anterior a 1215. Perteneció a los arzobispos de Maguncia y servía para recaudar impuestos.  

Reichenstein, llamado en la actualidad Falkenburg, sorprende por su imponente aspecto exterior. El gran complejo fue restaurado en el siglo XIX y hoy sirve de hotel. Hay que hacer notar que algunos de los castillos de esta parte se han convertido en hoteles, que permiten a sus huéspedes el revivir toda la atmósfera medieval, a la vez que el sistema facilita su conservación. Sooneck, es también una de las fortalezas más antiguas del Rhin. Sus cimientos datan del año 1.000, pero su fama le viene por tratarse, durante la Edad Media, de un auténtico nido de bandoleros.  

En la orilla derecha hemos dejado atrás, emergido de los viñedos, la ruina de Ehrenfels, construido en 1208 como control de aduanas y depósito del tesoro de la catedral de Maguncia. Un poco más adelante se encuentra el pueblo de Lorch, dominado por la fortaleza Nollig, que fue restaurada por su dueño para convertirla en vivienda. 

Volviendo a la orilla izquierda, encontramos el castillo Heimburg, fortificación fronteriza de los príncipes electores de Maguncia contra Trèveris y Burg Fustemberg, derruidos desde 1689, antes de llegar a uno de los pueblos con más personalidad propia del Valle del Rhin. Repleto de casas con fachadas entramadas y enclavado en un paisaje de una singular belleza, se dice que Bacharach debe su nombre a Baco, el dios del vino. Hace más de mil años que funcionan sus bodegas y que se conservan sus murallas. El conjunto aparece dominado por la fortaleza Sthaleck, citada por primera vez en 1135. Es una de las más famosas del valle y hoy acoge un albergue de juventud.  

En medio del cauce del río y sobre una isla se levanta Die Pfalz, construido en el siglo XIV como edificio aduanero palatino avanzado al castillo de Gutenfels, que domina la localidad de Kaub. Esta ciudad, documentada por primera vez en el año 983, debe su desarollo al cobro de aduanas. Mantine una muralla bien conservada y numerosas casa de patricios. La imagen de Die Pfalz, completamente rodeada por las aguas del Rhin y escoltado por los acantilados que lo encauzan, es posiblemente la que mejor representa esta zona repleta de historia. 

Dieciséis torres de las veintiuna que poseía se conservan todavía en las murallas de la localidad de Oberwesel. En la ciudad medieval destacan las iglesias de Nuestra Señora, Martinskirche y la capilla Wernerkapelle, y todo el conjunto aparece dominado por el castillo de Schonburg, convertido también en hotel. Subir las empinadas escaleras de las torres, vagar por los muros almenados comtemplando el paisaje, caminar por el patio de armas o descansar en los salones de una de estas fortalezas medievales, representa revivir un suspiro de historia; dar marcha atrás en el tiempo y encontrarse en el marco idóneo para imaginar escenas de una época en que la mayoría de las cosas sucedían de un modo muy distinto a la nuestra. Los largos corredores, la humedad concentrada en los cristales y la ténue luz de las antorchas, nos llevan a pensar en situaciones trágicas donde el miedo puede convertirse en principal protagonista. Y además, ya se sabe, dicen que cada castillo posee su fantasma. 

Loreley y el romanticismo. 

Toda nuestra ruta está rodeada de un halo romántico, pero si hay un lugar en que este romanticismo se manifiesta de una forma más contundente es en la Loreley, un acantilado prácticamente vertical de 132 metros que se desploma sobre las aguas. Su fama se debe básicamente a la composición musical de Schiller de 1832 sobre el poema de Heine, una música que suena en todos los vapores que navegan por la zona. Lo cierto es que la roca ha permanecido envuelta en leyendas desde tiempos inmemoriales.

Aquí el Rhin sólo tiene una anchura de 90 metros, lo que acelera el curso de las aguas. Cuando hay tormenta, los truenos se repiten en un eco desmesurado que junto a los rayos forman un espectáculo dantesco. Al bajar el caudal aparcen 7 escollos rocosos, llamados de las 7 vírgenes, que según la leyenda se convirtieron en piedra debido a sus duros corazones. Se trata de una zona donde en según qué condiciones es difícil la navegación y por tanto su paso era temido por los antiguos navegantes del río. Según cuenta la tradición, y para justificar los accidentes, una sirena rubia atraía desde lo alto de la roca a los navegantes con sus encantos y canciones. Al verla peinándose sus dorados cabellos miraban hacia arriba y de esta forma perecían bajo las aguas.  

Tras el paso de la Loreley y a la altura de St. Goat, las aguas se calman y los puntos de mayor interés se distancian. St. Goar fue fundado primero como monasterio en el año 600 por San Goardo, un misionero irlandés y a su alrededor fue creciendo la población. El castillo Rheinfels ha sido una de las más poderosas fortalezas de todos los tiempos. Al otro lado del Rhin se alza St. Gaorhausen, núcleo que obtuvo en 1324 los privilegios de ciudad libre. Sobre sus tejados se alzan dos castillos, el del gato, Burg Katz y el del ratón, Burg Maus. El primero pertenecía a los señores de Katzenelnbogen y el segundo, llamado Deurenburg, recibió de ellos el apodo de ratón.  

Más al norte y en la orilla izquierda se encuentra Boppard, un popular centro de veraneo. La iglesia románica de San Severo y la fortaleza de los príncipes electores de Tréveris constituyen los monumentos más significativos de esta población repleta de pequeños hoteles y rodeada de bellos paisajes. Al otro lado se levanta Braubach, una pequeña ciudad con instalaciones defensivas medievales que se encuentran a los pies de Maksburg, la única fortaleza medieval de esta zona del Rhin que nunca ha sido destruida. Posee un atalaya de cuarenta metros de altura y diversas construcciones alrededor del patio de armas y acoge la sede de la Asociación de Castillos, que mantiene un importante museo, biblioteca y archivo.  

El palacio Stolzenfels, situado en la orilla izquierda, fue construido en el siglo XIII, destruido en 1689 por los franceses y reconstruido en 1836 para el rey prusiano Federico Guillermo IV, y nos anuncia la llegada a Coblenza, última etapa de nuestro recorrido.  

Coblenza fue bautizada por los romanos Aput Confluentes debido a su situación en la confluencia entre el Mosela y el Rhin. Con más de dos mil años de historia fue gobernada sucesivamente por romanos, francos y los príncipes electores de Tréveris. Tras el congreso de Viena se convirtió en una ciudad fortificada bajo dominio prusiano, cuando se desarrolló como centro comercial y administrativo. Merece la pena vagar por sus calles flanqueadas por hermosas casas señoriales y visitar sus iglesias, coronadas por sus campanarios genelos que se yerguen sobre los tejados dominando todo el conjunto, cuya visión adquiere uno de sus momentos álgidos durante la puesta de sol.  

IRLANDA: Sinfonía en verde 

Edificios de estilo renacentista y clasicista, amplios y verdes parques y una profusa actividad literaria y artística son algunos de los puntos de interés turístico de la capital irlandesa. Dublín se puede descubrir siguiendo los pasos que describía James Joyce en su Ulysses. Es una ciudad para recorrer a pie, sin prisas, para quedar impresionado por las numerosas sorpresas que es capaz de ofrecer al caminante a la vuelta de cada esquina.  

Cabe destacar, entre los edificios religiosos, la catedral de Saint Patrick, la Crist Church Cathedral y la iglesia de st. Michan's. Entre los civiles, merecen una mención la Custom House (casa de aduanas), el City Hall (ayuntamiento neoclásico), la Four Courts (tribunal supremo), la Leinster House (Parlamento) y el Bank of Ireland. Mención aparte merece el Trinity College, un conjunto de edificios destinados a la educación cuya biblioteca alberga el célebre Book of Kells, manuscrito del siglo IX, descrito en ocasiones como el más bonito del mundo, debido a sus miniaturas.  

El Tryniti College fue fundado en 1592 por Isabel I en el mismo lugar donde se levantava un monasterio que su padre Enrique VIII había mandado cerrar. Debía ser una institución que contribuyese a difundir la reforma protestante pero en realidad se configuró como una fortaleza del catolicismo, pasando por sus aulas algunos de los mas importantes contestatarios. Sus pasillos, recorridos en otro tiempo por gentilhombres protestantes, están ahora plagados de jóvenes católicos. La visita al National Museum es otra de las formas de acercarse a la historia del país. El National alberga, clasificados en orden cronológico, objetos que van desde la Edad de Hierro hasta los tiempos en que en Irlanda se debatía en la lucha por la independencia.  

Por ello puede ampliarse su visita con un recorrido por la Irlanda verde, donde las colinas onduladas, las costas recortadas y las grises construcciones de otras épocas sirven de marco a unas gentes joviales y hospitalarias.  

La costa este de Irlanda es de contorno suave, lo que ha favorecido la formación de playas que atraen a los irlandeses en su período vacacional. Una de ellas es Youghal extensa y hermosa playa situada al sur de la población. En su pequeño puerto permanecen amarradas unas pocas barcas de pesca, pero lo que llama más la atención son las fachadas de su calle principal, pintadas de diversos colores. 

A 50 kilómetros al suroeste de Youghal se levanta Cork, la segunda ciudad del país después de Dublín. Situada en la desembocadura del rio Lee, se la conoce con el sobrenombre de la capital cultural de Irlanda y es la capital del condado del mismo nombre, el más extenso del país y uno de los más bellos y ricos en agricultura. 

Los paisajes ondulados y los cultivos se suceden hasta llegar a Macroom, en el interior. Una población con un castillo del siglo XII y algunas casas medievales. En la plaza principal, frente a la entrada del castillo se celebra habitualmente el mercado. Un hermoso paisaje a través del Parque Nacional de Gougane-Barra flanquea la ruta hacia la bahía de Bantry, tras atravesar el paso de Keimaneigh. Bantry es una bella villa marinera del sur de Irlanda. En sus restaurantes puede degustarse el excelente marisco que producen las aguas de la bahía. 

De nuevo la ruta serpentea hacia las cumbres, generalmente cubierta de niebla en dirección norte. La Ring of Kerry es una carretera que bordea una pequeña península que ofrece vistas impresionantes. Si prefiere enfilar directamente la ruta de Killarney, se observa una buena vista de lagos y colinas en Ladie's View. 

Killarney es una ciudad relativamente grande que ofrece el atractivo de los pequeños pueblos rurales. Una contradición que atrae al visitante. Un par de calles plagadas de pubs y restaurantes representan el centro de animación nocturna en un país donde no es fácil encontrarla.  

Junto a la ciudad se extiende el Killarney National Park, un auténtico paraíso botánico junto a un lago y con algunas visitas interesantes. La mejor manera de realizarlas es en coche de caballos a través de un circuito de diez kilómetros.

En primer lugar se pasa por la antigua abadía de Muckross, quemada como casi todas las del país por los protestantes. Tras bordear una parte del lago se llega a Muckross House. Una hermosa mansión aristocrática cuyo interior puede visitarse. Su lujo rivaliza con los bien cuidados jardines del exterior. Las habitaciones de la casa, con su decoración original se ven completadas por un museo de artes y oficios situado en los sótanos. Desde el comedor y el salón principal se obtiene una maravillosa panorámica del lago y las montañas que le sirven de telón de fondo. 

Hacia el norte, nuevamente, se suceden los paisajes cultivados y las praderas donde pastan las vacas antes de llegar al litoral donde se levantan los Cliffs of Moher, acantilados de 250 metros de altura que se precipitan hacia el mar y que suelen presentarse cubiertos de una cerrada niebla en la mayor parte de las épocas del año. Las olas erosionan incansables sus partes inferiores mientras sobre ellas revolotean gran cantidad de aves emitiendo toda clase de sonidos.

Una de las ciudades pintorescas de la costa oeste irlandesa es Galway, puerto marinero donde mientras los cisnes recorren tranquilamente las aguas del puerto, los viejos del lugar todavía mantienen sus tertulias hablando gaélico en vez de inglés. Aquí se inventó el Irish Coffee y es el punto de partida para las excursiones hacia la región de Connemara, situada toadavía más al oeste. 

Dejando las tierras del norte, plagadas de largos y pequeños pueblos, llegamos a Clonmacnoise, uno de los lugares claves en la historia religiosa del país, situado en una colina junto al río Shannon. Las construcciones derruidas de ocho iglesias y una catedral están rodeadas por más de 200 tumbas coronadas por cruces y acompañadas por dos torres circulares que todavía permanecen en pie.  

Si Clonmacnoise es el centro religioso por excelencia del pasado irlandés, Rock of Cashel, lo es en el ámbito político. Sobre una inmensa roca se levantan una serie de ruinas y fortificaciones cuyo origen se remonta al siglo IV. En el siglo XII se contruyó una de las mejores iglesias románicas del país, la Cornac's Chapel, actualmente en restauración. Junto a ella se levanta lo que queda de la cataral gótica de Saint Patrick (siglos XIII y XIV).  

Irlanda es un país con una historia turbulenta. Su capital Dublín mantiene esa atmósfera georgiana tan característica, pero el resto del país invita a descubrir sus rutas.  

SUIZA, rica y alpina

Situada en el centro de Europa, la Confederación Helvética está cruzada por los Alpes y ha servido durante su historia de frontera y puente a la vez de las culturas más importantes del continente. Flanqueada por Francia, Alemania, Austria, Leinchenstein e Italia, ocupa una superficie de 41.300 Km2, el veinticinco por ciento de los cuales son terrenos improductivos de alta montaña. País que tiene de todo dentro de su pequeñez, sitúa su máxima altura en los 4.634 del monte Dufour y su cota mínima en los 193 a orillas del lago Maggiore. Ocho millones de habitantes figuran en el censo, a los que hay que añadir un millón largo de emigrantes. Un 75% de los ciudadanos habla el alemán, un 20% el francés, un 4% el italiano y un 1% el retorrománico o romanche, lengua que desciende directamente del latín y que se utiliza en la zona de los Grisones. 

Hay que remontarse al 1 de agosto de 1291 para situar el comienzo histórico de la confederación cuando tres poblaciones aproximadamente autónomas del dominio austríaco deciden pactar una Eterna Alianza para defender sus derechos frente a las pretensiones de la casa de Habsburgo. La reunión tiene lugar en la pradera de RUTLI y participan las poblaciones de Uri, Unterwald y Schwitz. A orillas del lago de los cuatro cantones firman el tratado, forman un ejército y logran mantener su independencia por separado. Pronto las zonas vecinas van suscribiendo el pacto y la confederación se constituye en una comunidad fuerte a la que los Alpes sirve de murallas. En el siglo XVI hay un germen de desunión, con la división entre católicos y protestantes pero evitan la guerra civil declarándose neutrales, comerciando los católicos suizos con sus omónimos europeos mientras los protestantes adoptarán la misma actitud. 

A partir de esta época Suiza exportará algo muy peculiar: los soldados mercenarios que se convertirán en guardias de personajes de la realeza, en España, en Versalles, en el Vaticano, etc. La pujanza de la Confederación se ve rota durante la Revolución francesa y la posterior invasión napoleónica. Al ser derrotado el emperdor francés en Waterloo y debido a la buena diplomacia suiza y que el país desequilibraría la balanza en favor del bando en que se alinease, la Confederación fue declarada neutral en el congreso celebrado en Viena en 1815.  

En 1830 se redacta una constitución que será refrendada en 1848 y que se puede calificar de rígida. En 1870 la estabilidad política peligra otra vez al ser la única república europea, si exceptuamos a la de San Marino y a la ciudades Hanseáticas. En esta época logra la actual extensión con la incorporación de los últimos cantones, concretamente el de Ginebra en 1868. El actual sistema político es de federación con sistema parlamentario bicameral y presidente elegido en rotación, entre los miembros del gobierno, formando una estructura superpuesta por encima de los cantones que conservan buena parte de sus prerrogativas en su propio territorio. El gobierno no da órdenes sino directrices. 

Por otro lado tiene mucha importancia el municipio con atribuciones casi plenas en su término.  

Los suizos son muy aficionados a organizar referendums, incluso en el caso de que un punto determinado no este reflejado en un programa político. Es preciso destacar el Landsgemeinden, o asambleas de la tierra que se celebran en los cantones con menos habitantes, cinco en concreto, donde se efectuarán votaciones públicas y directas mediante el sistema de mano alzada. En algunos cantones el voto esta limitado al sexo masculino. El servicio militar dura desde los 20 a los 50 años. A los 20 años se inicia un período de formación en una escuela de reclutas que dura 17 semanas, de los 21 a los 32 años se deben relizar 8 cursillos de repetición de tres semanas cada uno. El suizo es el único soldado del mundo que lleva a casa su equipo personal militar, su arma de fuego y munición y cumple anualmente con la obligación de tiro fuera de servicio. De este modo sería posible la movilización de la mayor parte del ejército en 24 horas.  

La educación es gratuita hasta los catorce años. Existe una ley que impide que los niños caminen más de un kilómetro desde su casa a la escuela, no existen los exámenes de septiembre y los libros son gratuitos pero deben devolverse en buen estado para el curso siguiente, con lo que se acostumbra al alumno a respetar los bienes de la colectividad. La educación universiraria es gratuita para los que van aprobando, el resto pueden continuar sus estudios siempre que se los costeen. 

Ginebra. 

Ginebra está situada a orillas del lago Léman, concretamente en el punto en que este desagua en el Río Ródano. La ciudad se asentó en la antigüedad sobre unos islotes que permitieron la construcción de unos puentes de peaje junto a los que se fueron construyendo casas, formandose así el primer núcleo de población. Julio César conquistó la zona, destruyó el puente antiguo y ordenó la construcción de uno nuevo, período en el que se desarolló una fuerte romanización, aunque la ciudad no adquirió mucha importancia hasta la época de Carlomagno ya que antes atravesó períodos de gran inseguridad debido a las múltiples guerras e invasiones. Al morir Carlos el Grande y dividirse su imperio entre sus hijos, Ginebra perteneció al que había heredado la zona germánica por lo que la ciudad entra en la órbita política germánica, con el tiempo generaría el Sacro Imperio Romano Germánico. Mas tarde consiguió el título de ciudad libre imperial, es decir, como república urbana ligeramente sometida al emperador, motivo por el que adopta el águila imperial en su escudo, acompañada por la llave.  

En los siglos XIV y XV experimenta un crecimiento de su economía debido a las caravanas de mercaderes que comercian entre Italia y Francia, en esta época se construyen edificios importantes, entre ellos la catedral.  

En el siglo XVI Ginebra vive uno de sus momentos culminantes.  

El protestantismo divide en dos al continente Europeo y la ciudad se convierte en "La Roma de los protestantes". Calvino imparte sus clases en la Universidad e instaura una "republica protestante". Mientras en la vecina Francia se volverá al catolicismo y muchos protestantes se refugiaron en la ciudad que se convertirá desde entonces en "tierra de exiliados". La universidad adquiere un gran esplendor por la categoría de estos exiliados destacando las facultades de filosofía, teología y medicina.  

El siglo XVIII significa otro momento importante cuando Jean Jacques Rosseau, vecino de la ciudad, Voltaire, que había comprado una casa en las cercanías, y Giacomo Casanova coinciden en sus existencias.  

Después de la Revolución Francesa, Napoleón convierte a Ginebra en una provincia más de Francia. Con el congreso de Viena vuelve a adquirir su independencia y se incorpora a la Confederación Helvética en 1868.  

Muchas organizaciones internacionles tomán la ciudad como su sede. Actualmente dispone de muchas zonas verdes debido a que ha sido tierra de asilo de ricos que al morir legaban sus mansiones y jardines al ayuntamiento ya que las leyes helvéticas favorecían estas acciones que permitían pasar por alto otros aspectos económicos. Los edificios no sobrepasan los cinco pisos en la zona centro y la ciudad alcanza una población de 165.000 habitantes. Cabe distinguir una parte antigua, muy atractiva de noche, con pequeños cafés donde se celebran tertulias a cargo de los intelectuales que en gran número habitan la ciudad, sobre todo extranjeros que comparten el alto nivel cultural con los propios ciudadanos. En el centro de la ciudad se encuentran la iglesia ortodoxa rusa, de estilo neobizantino y con las cúpulas cubiertas de pan de oro, alberga algunos iconos intersantes. En esta zona se hallan la mayoría de los museos entre los que cabe destacar el de relojería y el de arte moderno. El centro de la parte antigua está constituido por la catedral, hoy protestante, católica antes de la reforma del siglo XV, restaurada y con restos de una iglesia paleocristiana; el ayuntamiento, en cuyo interior se fundó la Cruz Roja; y la Universidad vieja donde Calvino impartió sus clases.  

Completan la parte antigua el Jardín Inglés donde se celebran múltiples conciertos en verano y donde se puede admirar un reloj floral, y el centro comercial con gran número de prestigiosas relojerías y tiendas de moda. Atravesando el puente del Mont Blanc, sobre el río Ródano llegamos a la parte moderna. A la izquierda de la estación de Cornain; la iglesia católica de Notre Dame, la primera que pudieron construir los católicos después de la reforma, de estilo neogótico. A orillas del lago encontramos en primer lugar el mausoleo, también en estilo neogótico del duque de Brunswick, exiliado alemán que legó su fortuna al ayuntamiento a cambio de un parque para ser enterrado mirando a los Alpes, (lo pusieron al revés) el hotel Beau-Rivage ante cuyas puertas fue asesinada en el siglo XIX la emperatriz Sisi, el casino, albergado en un edificio moderno; y el Palacio Wilson, primera sede de la Sociedad de Naciones creada después de la Primera Guerra Mundial.  

Otros edificios de interés son los que albergan en el barrio internacional a la Organización Mundial de la Salud, la Organización de Trabajadores, la Conferencia ecuménica de iglesias, el comité central de la Cruz Roja, una de las tres sedes de la ONU, etc.  

El símbolo de la ciudad es el Jet d'Eau, un enorme surtidor que en ausencia de viento levanta un chorro de agua hasta más de cien metros de altura y que es visible desde muchos lugares.  

Laussanne, y sus alrededores. 

Siguiendo la orilla del lago Leman llegamos a Laussanne, centro comercial y financiero, y sede de grandes multinacionales como la Nestlé y la Suchard.  

Construida sobre una colina bastante escarpada cuenta con bastantes cuestas y calles empinadas completadas por algunas escaleras. Su catedral es de estilo gótico y hoy es iglesia protestante. Normalmente para diferenciar una iglesia católica de una protestante desde su exterior es suficiente aplicar la regla común que dispone que en las católicas existirá en su campanario una cruz sostenida por un santo mientras que en las protestantes aparecerá un gallo.  

Montreux es una ciudad con bastante importancia turística, dispone de gran cantidad de hoteles y balnearios y ha constituido un lugar tradicional de vacaciones de los propios suizos. El prestigio de la ciudad ha sido promocionado por la celebración de festivales como el de jazz o el de televisión.  

Muy cerca se halla el castillo de Chillón, construido sobre una pequeña península a orillas del lago Leman. Iniciada su construcción en el siglo XII a sufrido una profunda restauración y dispone de una serie de ventanas, inexistentes en su primera época y que permiten encantadoras vistas sobre el lago. Siguiendo por la carretera llegamos a Martingy donde se bifurca, pudiendo ir a Francia por el puerto de Forclaz, que permite la visión de buenas panorámicas aéreas o atravesar el San Bernardo para ir a Italia, observando el glaciar del Ródano o pasando por el túnel; o internarse en el valle suizo del Vallais.  

Desde Laussanne hasta Berna vale la pena detenerse en Friburgo ciudad que posee una universidad con una famosa facultad de Teología que representa el ala más izquierdista de la actual iglesia católica, desde aquí se puede efectuar una extensión hasta Murten precioso pueblo amurallado situado en una colina y que fué famoso en el siglo XV cuando los locales derrotaron al ejército de Carlos el Temerario después de que este sitiara la ciudad.  

En Murten se puede efectuar una primera toma de contacto con las típicas construcciones de la Suiza Alemana caracterizadas por casas con portales, sótanos que servían de almacenes y calles adoquinadas adornadas en ocasiones con fuentes repletas de geranios. El pequeño pueblo posee un castillo desde cuyas murallas se pueden observar la ciudad y el lago que lleva su nombre.  

Berna, capital de la Confederación 

La capital de Suiza debe su fundación al duque Bertoldo V de Zahringen. En 1.191 escogió un meandro del río Aar, cuya colina solo era necesario fortificar por uno de sus lados. El nombre procede de primer animal cazado allí, el oso, Bern en alemán, es el símbolo de la ciudad. En el siglo XV alcanza gran importancia, se construye la catedral y se convertirá un siglo más tarde al protestantismo. A partir de ahí y sobre todo en el siglo XVII, época en el que se construyó el actual casco antiguo de la ciudad, cuando esta alcanza un gran esplendor. Sus ciudadanos influenciaron a los cantones vecinos, pero no se puede decir que era la capital de la confederación hasta 1.848, fecha en la que se trasladó el aparato burocrático federal y el parlamento. El motivo de la elección vino dado porque al ser una ciudad pequeña, las otras más grandes y competidoras entre si no se enfadaban. La ciudad tiene muy poca industria y su economía esta fundamentada en los funcionarios.  

Su casco construido en el siglo XVII está formado por casas con soportales cuyos sótanos se han convertido en la actualidad en tiendas de moda informal que al cerrarse con sus trampillas y en ausencia de rótulos anunciadores no muestran su identidad.  

Las fuentes, la mayoría de las cuales fueron construidas en el siglo XVI, simbolizan a si mismo a la ciudad de Berna, están rematadas con estatuas policromadas con colores muy vivos y en verano aparecen flanqueadas por hermosos geranios. Entre las más importantes podemos destacar la fuente de la justicia, la de los osos, la de Sansón, la del ogro. El reloj es otro símbolo cartacterístico de la ciudad de Berna. Señala el día, el mes, el estado de la luna, el signo del zodíaco y posee una ornacina de donde cada hora aparece Cronos, el dios del tiempo, seguido de un desfile de osos, un gallo que canta y agita las alas a la vez que suenan las campanas agitadas por un bufón situadas encima de su cabeza. 

Cerca del reloj se encuentra el parlamento construído en estilo neoclásico. Posee un sistema bicameral y alberga también la sede del gobierno. El edificio se puede visitar y desde allí se observa un interesante paisaje sobre el valle del rio Aar. 

La catedral, actual iglesia protestante, esta construída en estilo gótico con piedra arenisca lo que conlleva un contínuo desgaste y la sustitución de parte de sus viejas piedras por otras de nuevas. Las esculturas más importantes se encuentran en el museo de la ciudad. El edificio religioso posee el campanario más alto de Suiza aunque lo más importante es el tímpano de la puerta principal que siendo del siglo XV anuncia ya algunas ideas del protestantismo. Desde el centro de la ciudad y cruzando los puentes sobre el Aar nos podemos trasladar a las zonas más modernas de las que destacamos la fosa de los osos y el Rosegarten o Parque de la Roseleda desde el que se obtiene la más bella panorámica de Berna.  

Zurich 

Zurich es la capital económica de Suiza y su ciudad más grande. Situada a orillas del lago Zurich y en su confluencia con el río Limmat no tuvo importancia hasta el siglo XIX aunque su fundación se remonta a los 2.000 años. Su auge fue debido a la extensión de líneas de ferrocarril y apertura del túnel de San Gotardo que posibilitó la comunicación ferroviaria entre París y Venecia. Los habitantes se aprovecharon del comercio y fundaron bancos y compañías de seguros, empresas que con la neutralidad Suiza se convirtieron en un negocio redondo y la ciudad empezó a crecer. Dicen que en la calle principal, sede de los grandes bancos los edificios que a simple vista tienen cuatro o cinco pisos de altura se prolongan en el subsuelo hasta con seis o siete plantas que albergan gran cantidad de resevas de oro, objetos valiosos, y obras de arte.  

Entre los monumentos más interesantes cabe destacar la catedral, de estilo románico barroquizado y restaurada en el siglo XIX en estilo historicista; la iglesia del convento de monjas, gótica y que posee importantes vidrieras; y la iglesia de San Pedro, interesante por el reloj de su campanario y la esfera, la mayor de Suiza.  

Zurich tiene fama por sus tiendas además de ser una de las ciudades más caras de Europa. La calle de la estación: BAHNHOF, es la arteria principal y alberga los mayores bancos, compañías de seguros, grandes almacenes, numerosas tiendas y algunas joyerías donde se pueden encontrar joyas carísimas que se venden como souvenirs a los grandes magnates del mundo cuando van a depositar sus ahorros. 

Desde Zurich podemos acercarnos al Rhin que nace en los Alpes y forma el lago de Constanza, Boden See, el mayor de los lagos alpinos cuyas riberas están divididas por tres países, Suiza, Austria y Alemania. En un centro turístico de primer orden sobretodo en la parte austríaca. Posteriormente el Rhin marcará la frontera, no siempre bien delimitata entre Suiza y Alemania. Descendiendo por el río encontramos el encantador pueblecito de Sthein am Rhiem, uno de los típicos del país. Los romanos ya construyeron en este lugar unas fortificaciones para defender un puente sobre el Rhin, pero debe su tipismo a los frescos pintados en las fachadas de las casas que relatan las características y aficiones de sus antiguos propietarios.   

Schaffhausen es la capital del cantón del mismo nombre, situado en una especie de península Suiza entre territorio alemán, al otro lado del río. Tuvo importancia comercial hasta la construcción del ferrocarril ya que por aquí se pasaban las mecancias para salvar las cataratas situadas al otro lado de la ciudad. Las Rhein Falls son las cartaratas más importantes de Europa y aunque solo poseen 21 metros de altura disponen de gran caudal. Una barca permite a los turistas el traslado a una pequeña roca situada en el centro, el remojón esta prácticamente asegurado.  

Basilea, enclave entre tres países. 

Situada a orillas del Rhin es la segunda ciudad Suiza en número de habitantes, posee una importante industria, sobretodo químicofarmacéuticos y el puerto más importate del país. La parte vieja está situada sobre una colina dominando el río. En lo alto se levanta la catedral de estilo gótico restaurda en el siglo XIX y que posee un interesante tejado con tejas polícromadas. Alrededor se extiende un barrio con numerosos edificios del siglo XVIII. 

Es aconsejable visitar su museo de bellas artes que muestra en sus salas una interesante colección de arte contemporáneo.  

La ciudad de Basel tiene mucha importancia como mundo de comunicaciones por sus situación cercana a la Selva Negra alemana y a la Alsacia francesa.  

Alpina donde las hay. 

Hasta ahora hemos hablado de la zona que se extiende desde Ginebra hasta el Lago Constanza, la más llana del país. Vamos a internarnos en su zona montañosa empezando por la ciudad de Lucerna. Está era importante desde antiguo porque representaba el fin y el principio de etapa para los viajeros que debían atravesar las altas montañas. Situada en la confluencia del río Reuss con el lago de los Cuatro Cantones, adquirió una mayor relevancia con la llegada del ferrocarril que significó a pricicpios del siglo XIX la posibilidad de acceso de gran número de turistas, sobrertodo ingleses, que venían a disfrutar de los atractivos paisajísticos de la zona. Desde entonces floreció una importante oferta hotelera que todavía se maniene. Richard Wagner vivió exiliado en la ciudad, que conseva algunos fragmentos de los muros de sus murallas y algunos torreones magníficamente restaurados. Sus monumentos más característicos son dos puentes construídos en madera durante el siglo XIV. El puente de la capilla, posee un tejado de madera bellamente decorado con pinturas a la vez que un torreón en mitad de su recorrido que ha servido durante su historia de faro, prisión y capilla. El puente del molino es algo más antiguo y pequeño y dispone de una presa lateral por la que se desviaba el agua para abastecer a un molino. La ciudad alberga el monumento al león herido, autorrelieve excavado en la pared de roca erigido en memoria de los mercenarios suizos que murieron en Versalles defendiendo a Luis XVI. Cerca de aquí existe un museo donde se puede apreciar la confuguración de la zona durante el período de las glaciaciones. Saliendo un poco de la ciudad encontramos el museo suizo del transporte, el más completo de Europa en su género, donde se pueden admirar gran número de barcos, aviones y trenes en tamaño real, además de una importante colección de miniaturas. El museo posee asimismo un planetario. 

Desde Lucerna se puede ascender al monte Pilatus. "Se supone que allí esta enterrado Poncio Pilatus ya que la tradición dice que su sepultura se hallaba en un lugar habitualmente azotado por las tormentas y jamás visitado por la gente". La ciudad se tomó tan en serio la leyenda que en algunas épocas se prohibió la ascensión. Actualmente un telecabina facilita la misma. Desde la cumbre un parorama grandioso se ofrece al viajero: el lago de los cuatro cantones. Lucerna, el lago de Zurich, los Alpes nevados. El descenso se efectúa con el ferrocarril de cremallera más inclinado del mundo hasta la estación de Alpnachstad. Cuentan que antes se podía observar durante el descenso la fauna típica de los Alpes. Otra de las montañas de la zona que ofrece una vista espectacular es el Rigi.  

Turismo y estaciones de esquí. 

Interlaken es un famoso lugar de veraneo situado entre los lagos de Thum y Brienz. Dispone de grandes hoteles de la época victoriana y numerosas tiendas que viven tanto del turismo de verano como del de la época invernal debido a las estciones de esquí de los alrededores. Cerca se encuentra la ciudad de Brienz, centro de la industria de tallas de madera, posee un ferrocarril que conserva la locomotora de vapor.  

Desde Interlaken puede ascenderse a Grindelwald y Lauterbrunnen, poblaciones residenciales con notoria capacidad hotelera. Desde la segunda, la carretera continuá encontrando en primera instancia las cascadas de Trummelbach, resultado de la erosión de un torrente de desagüe de los glaciares. Estas aguas han ido desgastando las montañas formando un pequeño túnel iluminado. Al final de la carretera se llega a un teleférico que asciende hasta la población hotelera de Murren, feudo del turismo inglés desde finales del siglo XIX acondicionado al carácter de la gente del lugar. Si seguimos ascendiendo llegamos a la cumbre del Schilthorn desde la que se divisa una buena panorámica de los Alpes, posee un famoso restaurante giratorio. Pero la ascención reina es la subida al Jungfraujoch mediante un ferrocarril de cremallera que posee la estación más alta de Europa. Desde Interlaken deben cogerse tres trenes siendo el más espectacular el trayecto tercero que finaliza con un extraordinario paisaje salvaje y escarpado. La estación se sitúa a 3.454 metros de altura.  

El mar de hielo es una zona donde el glaciar supera un desnivel, una vez en la cumbre el Jungfraujoch hay una estación de esquí. El palacio de hielo está formado por pistas de los glaciares helados. 

Otra de las estaciones famosas de Suiza es Gstaad realzada por los diversos personajes de la jetset que a ella acuden. Desde allí atravesando el Col du Pillon se llega a les Diablerets situada sobre un glaciar.  

Zermat es un interesante pueblo al que sólo se puede llegar mediante un tren de cremallera lo que evita la circulación de automóviles por sus calles. Está situada al pie del monte Cervino o Matterhorn, especie de pirámide con una pared casi recta y que constituye un auténtico reto para los escaldores. Esta zona dispone de pistas de esquí muy bonitas. A pocos kilómetros, en el valle contiíuo, encontramos la estación de Saas-Fee en la que durante el verano se puede hallar nieve en polvo.  

Una zona turística muy importante es la del cantón de los Grisones caracterizada por ser extremadamente montañosa. En algunas zonas se habla el romanche. Los numerosos y cerrados valles forman el río Inn que es afluente del Danubio.  

Podemos destacar los centros turísticos de Arosa, Davos, Pontresina y Sant Moritz.  

Al sur del país se encuentra el cantón del Ticino, de habla italiana y poblaciones turísticas como Locarno y Lugano que, a orillas de dos lagos, constituyen lugares de descando para un turismo que busca tranquillidad. 

EL VALLE DE BOHI: Entre el paisaje y la historia

El valle de Boí, con una extensión aproximada de 220 km2, comprende un conjunto de montañas, valles, zonas lacustres y poblaciones, además de la parte ribagorzana del Parque de Aigüestortes y del lago de Sant Maurici. La existencia del valle como entidad territorial se remonta al siglo XI. En la Edad Media fue el principal dominio de los señores de Erill, que contribuyeron activamente en las campañas de reconquista de los reinos de Aragón y de los condes de Barcelona. El valle de Boí presenta un variadísimo paisaje alpino rico en flora y fauna donde se encuentran seis de los once picos más elevados de Catalunya, de una altura superior a los 3.000 m, y también diversas manifestaciones fluviales en forma de ríos, torrentes, cascadas y fuentes. Este marco geográfico permite la práctica del excursionismo, la escalada, el ala delta, el piragüismo y otros deportes de aventura. La estación alpina de Boí-Taüll ofrece a los amantes del esquí buenas pistas e instalaciones durante los meses de invierno. En el valle de Boí está situado uno de los conjuntos románicos más importantes de Europa, en clara demostración de que esta manifestación artística penetró a la Península Ibérica por tierras catalanas.  

El atractivo entorno natural del valle de Boí es el escenario ideal para muchos deportes relacionados con la montaña, com la escalada, el excursionismo o el "trekking". Uno de los máximos alicientes para los amantes de la naturaleza es la posibilidad de acceder al único parque nacional catalán, el de Aigüestortes-San Maurici. La superficie de este parque dividido entre las comarcas de la Alta Ribagorça y el Pallars Sobirà es de 10.230 hectareas. Se comunica con el sector oriental por el Portarró de Esport. Los dos valles configuran paisajes idílicos con gran cantidad de riachuelos y estanques, formaciones boscosas de pinos rojos, pinos negros, abedules, fresnos y  abetos, que son el habitat de una fauna típica de alta montaña. La parte que corresponde al sector de Aigüestortes comprende la cuenca alta del San Mauricio y la montaña de los "Encantats". 

El Parque Nacional de Aigüestortes-San Mauricio, dotado de caminos y sendas para recorrer a pie sus maravillosos paisajes, es una de las muchas alternativas para la práctica del "trekking" que brinda este valle. Numerosos itinerarios atraviesan los parajes más variados, ofreciendo al visitante diversos grados de dificultad. 

Emplazada al pie de la carretera, Barruera es la capital del amplio municipio homónimo que comprende todo el valle de Boí. La localidad se extiende a ambos lados de la Calle Mayor, en medio de un verde prado atravesado por el río. La iglesia parroquial románica de Sant Feliu ha conservado solamente la nave central y tiene un ábside con decoración exterior normanda.

Por un desvío que sale muy próximo a la gasolinera de Barruera se llega a Durro, población situada en una bella zona de bosques. Sus casas, cubiertas con tejados de losas de pizarra, se encuentran alineadas en una pendiente. La iglesia románica de Santa Maria de Durro es de una sola nave y tiene un campanario cuadrado macizo con muy pocas oberturas. La puerta de acceso al templo está precedida por un porche. Una pista que sale del pueblo conduce a la cercana capilla románica de Sant Quirze, a 1488 m de altitud, desde la cual se obtienen preciosas vistas de Durro y de todo el valle. 

En el pueblo de Erill-la-Val destaca el campanario de 6 plantas de la iglesia románica de Santa Eulàlia, de una sola nave cubierta de madera. Un desvío de la carretera, a la derecha, lleva a Boí, a 1263 m de altura. La población ha conservado restos de su antigua muralla y un puente medieval sobre el río Sant Martí. La iglesia románica de Sant Joan de Boí es la más antigua de todo el valle. Consta de 3 naves, conserva uno de los tres ábsides y su cubierta de madera original fue sustituída por una de piedra. El campanario cuadrado también ha sido modificado. En los muros, pilares y arcos del interior se descubrieron murales de pintura románica de los siglos XI y XII.  

En Taüll se pueden ver dos templos románicos del siglo XII, con estructuras semejantes. La iglesia de Sant Climent, de tres naves, tiene adosado un campanario de seis plantas. En el interior está la reproducción de algunas pinturas murales con la imagen del Pantocrator. La iglesia de Santa Maria, abierta al culto, presenta un campanario que se alza en medio de la nave sur.

Dentro del término municipal de Barruera hay otras poblaciones donde no faltan tampoco bellas iglesias románicas que completan el impresionante conjunto arquitectónico de este rincón de Cataluña.  

Hacia el sur puede dirigirse por carretera que bordea el curso del río Noguera de Tor hasta Coll. Una pista de 3 km con buenas vistas del valle se desvía hacia esta pequeña villa donde se encuentra la iglesia románica de Santa Maria. El edificio tiene adosado un macizo campanario de 4 plantas y presenta una interesante puerta románica decorada con motivos vegetales y seres monstruosos. Más adelante, otro camino que sale de la carretera cruza el río hasta llegar a Sarís, a una altura de 1337 m. En el pueblecito está la iglesia románica de Sant Llorenç, de una sola nave, sin  ábside y con un campanario de pared. La carretera conduce después a la villa de Cardet, sitada a la derecha del Noguera de Tor. 

VENECIA, fiel a su imagen

"Que profunda emoción, recordar el ayer, cuando todo en Venecia me hablaba de amor". Es difícil referirse a Venecia sin caer en los tópicos. La literatura, el cine y la música han contribuido sin duda a presentar a la ciudad como el paradigma del romanticismo. Los paseos en góndola por los canales y los palacios que los flanquean representan el decorado ideal para una estancia difícil de olvidar.

Pero ¿por qué entre canales?, ¿por qué la ciudad fué construida al norte del Adriático, dependiendo del agua hasta la saciedad?. La explicación hay que buscarla en la decadencia del Imperio Romano de Oriente y las frecuentes incursiones bárbaras. Estas, procedentes de centroeuropa, destruían las poblaciones de tierra firme, provocando que algunos de los habitantes de Aquileya, Altino y Padua fundarán un primer núcleo urbano en la zona situada en torno al puente de Rialto. Excavaron una intrincada red de canales en los distintos islotes de la laguna, consolidaron el terreno insular y construyeron sobre palafitos de madera las viviendas capaces de resistir la frecuentes mareas e inundaciones. Largos y gruesos troncos de la sólida madera de lárice, resistente a la acción corrosiva de las aguas, se fueron clavando a partir del siglo V, formando una intrincada selva sobre la que se edificaron las primeras casas. Más tarde, las construcciones se hicieron más complejas y piedras y ladrillos complementaron a la madera, que seguía sirviendo de base a los nuevos edificios. La aglomeración se estructuró urbanísticamente en torno al Gran Canal del que partían las arterías suficentes para conformar 118 islitas unidas a la vez por más de cuatrocientos puentes.

La vocación marinera se fué afianzando paulatinamente entre sus habitantes y la Edad Media y el Renacimiento significaron el marco ideal para el desarrollo económico, militar y urbanístico de la Serenísima República, que además supo utilizar como nadie el arte de la diplomacia en sus relaciones externas.

Buena parte de las ganancias se invertían en obras de arte y así, a lo largo de los siglos, la ciudad se enriqueció con construcciones del fastuoso estilo bizantino, el religioso románico, el florido gótico, el puro estilo del Renacimiento y el sobrecargado barroco. Los estilos iban cambiando, ciertamente, pero la esencia de la ciudad y su sempiterna armonía con las aguas ha persistido a lo largo de los siglos, configurando un conjunto urbanístico que cabe situar entre las ciudades más bellas del mundo.

Y para no perderse ni un ápice de su monumentalidad hay que recorrer Venecia de dos maneras. Evidentemente en góndola, pero también a pié. En góndola para ver desfilar como si de un "traveling" cinematográfico se tratara las fachadas de palacios, iglesias y talleres que flanquean los canales; para vivir el tráfico fluvial existente; para oir las voces y silbidos de los gondoleros a fin de evitar colisiones en los cerrados cruces de canales; y para, con un poco de suerte, oirles cantar las tradicionales canciones italianas. Y a pié para observar los detalles; poder detenerse ante cualquier filigrana; cruzar por los pequeños puentes que unen los caminos; y penetrar en cualquier edificación digna de ser visitada. Las hay a centenares y obviamente hay que decidirse por algunas en detrimento de otras. Gran Canal y Plaza San Marcos, son sin duda artería y corazón de la ciudad.

La Plaza San Marcos tiene un doble valor. Como cualquier plaza principal de cualquier población mediterránea, ha sido a lo largo de la historia el centro de la vida social, política y religiosa de una ciudad que además fué república independiente. Y además, en una urbe isleña como Venecia donde el espacio está aprovechado hasta sus últimas consecuencias, la amplitud de 175,50 metros de largo y la anchura de dos de sus lados, 82 y 57 metros cada uno, le confiere un valor simbólico y estético único capaz de asombrar a propios y extraños. El revolotear incansable de las palomas, y las terrazas abiertas al sol, son imagen común de San Marcos, aunque de vez en cuando la plaza se ha inundado y en su sólido suelo se reflejan los edificios circundantes con una imagen única sólo rota por alguna que otra góndola perdida. 

Las Procuradurías, que ocupan las tres cuartas partes del perímetro, realzan por su homegeneidad las construcciones principales: la Basílica de San Marcos, con sus cúpulas, el Campanario, con su vértice piramidal y, un poco más escondido, el Palacio Ducal, con sus arcos inconfundibles.

La Basílica se remonta al año 829, cuando se construyó para albergar los restos del evangelista San Marcos, convertido en el patrón de la ciudad. Un incendio obligó a una reconstrucción durante el siglo XI con un esquema de iglesia bizantina, es decir planta griega con cúpulas, pero interpretado en sentido románico. La original austeridad fué reemplazada por influencias ornamentales procedentes de oriente y ricos materiales como el mármol y el oro, que junto al diseño de insignes artistas conformaron un conjunto único y exquisito plagado de hermosos mosaicos.

El Campanario, de 98,60 metros de altura, se hundió en 1902, reconstruyendose diez años más tarde con su antigua forma. Es el edificio más alto de la urbe y por ello es llamado por los propios venecianos "el patrón de casa". Sirvió de modelo para la construcción de la entrada a la Exposición Universal de Barcelona cuyas torres todavia se yerguen en la Plaza de España de la Ciudad Condal.

No hay que obviar en la visita a la Plaza de San Marcos la Torre del Reloj, terminada con la campana y los dos "moros", llamados así por el color oscuro que ha tomado el bronce, que marcan las horas hace más de cuatro siglos. El león alado, símbolo de Venecia y la Virgen y el Niño destacan en la fachada de la torre.

Uno de los monumentos más característicos de Venecia es sin duda el Palacion Ducal, antigua residencia del jefe supremo del estado, el Dux, y a la vez sede del gobierno y palacio de justicia. La construcción se inició en el siglo IX en estilo bizantino, aunque diversos incendios propiciaron profundas restauraciones hasta la decoración actual que data del XVI. En ella participaron artistas florentinos y milaneses, pero la mayor parte del conjunto decorativo en estilo gótico florido fué a cargo de los artistas venecianos de la familia Bon. La elegancia y armonía de su estampa exterior así como los mármoles, estucos, tallas de madera y pinturas del interior convierten al palacio Ducal en un ejemplo único en el mundo. Durante mucho tiempo las mazmorras del palacio hospedaban a los prisioneros, hasta que se construyeron las nuevas en un edificio anexo al otro lado de un pequeño canal. El pasadizo que las unía es el romántico puente sobrebautizado como "de los Suspiros".

Otro puente, quizás más famoso, evidentemente más grande y majestuoso, es el de Rialto. Construido entre 1588 y 1591 con una sola arcada tiene 48 metros de largo, 22 de ancho y 7,5 en su parte más alta. Posteriormente se construyeron las tiendas y es uno de los mejores miradores desde los que contemplar el Canal Grande y sus numerosos palacios.

No podemos detenernos aquí en su descripción. Simplemente incitar al lector a que los descubra por si mismo. Como las distintas plazoletas interiores y algunos edificios situados en canales menos ostentosos. Así como las iglesias de Santa María la Salud, de San Jorge, de San Moisés, etc, y las vecinas islas de Murano, famosa por su cristal, del Lido conocida por sus playas y de Burano admirada por sus encajes. Junto con Venecia forman uno de uno de los conglomerados histórico-monumentales más impresionantes del mundo.

La ciudad del amor, ofrece también suficientes atractivos para una gratificante visita cultural.

GRECIA: Clásica y mediterránea

La Acrópolis de Atenas, construída en lo alto de una colina, representa uno de los símbolos más importantes de la cultura occidental. El Partenón como máximo exponente del conjunto se ve acompañado por el Erecteión, el templete de Atenea y los Propileos que juntos constituyen el objetivo fundamental de los visitantes de la capital griega. A sus pies, el templo de Teseo, el Agora Romana, la puerta de Adriano y el templo de Zeus Olímpico, como legados de la antigüedad clásica, algunas iglesias bizantinas, las céntricas plazas de Sintagma y Omonia, los jardines del Zapeión, las gradas del estadio olímpico, el Museo Nacional y los barrios populares de Monastiraki y sobre todo Plaka, con sus tabernas y ambiente nocturno, significarán los otros puntos de interés turístico de la ciudad, antes de recorrer el resto del país.

El puerto del Pireo con sus famosos restaurantes de pescado y la posibilidad de hacer una rápida excursión a las cercanas islas de Idra, Poros y Egina, o contemplar la puesta de sol en el cabo Sounión, no deben hacernos olvidar la posibilidad de plantear destinos  un poco más alejados tanto por tierra como por mar.

Uno de ellos es el que tiene por objeto recorrer la Argólida, o zona nortoriental de la península del Peloponeso. Las murallas ciclópeas de Tirinte, el magnífico teatro de Epidauro, los restos de Micenas con su magnífica Puerta de los Leones, el encanto marítimo de Nauplia, el peor conservado teatro de Argos, y los templos de Corintio junto con su canal, son los principales puntos de interés de este recorrido.

Si queremos profundizar en el Peloponeso nos deberemos encamminar hacia Esparta, la vieja rival de Atenas, Mistras y sus monasterios, Olimpia y sus competiciones, y Patrás, capital del Peloponeso y tercera ciudad de Grecia.

Desde aquí podremos dejar la península para navegar hasta la isla de Corfú o encaminarnos hasta Delfos, con su santuario construído en torno al célebre oráculo, no muy lejos del monasterio bizantino de Osios Lukas. Hacia el norte el paisaje va transformándose hasta llegar al espectacular enclave de Meteora y sus monasterios.

Tracia y Macedonia son las regiones más importantes del norte, con la gran ciudad de Tesalónica, sus iglesias bizantinas y sus museos. Calcídica constituye una península con tres brazos de tierra que penetran en el mar. El último está ocupado por el estado monacal autónomo del Monte Athos, donde según una bula imperial de 1046 dictada por Constantino Monómaco "no puede entrar ninguna mujer o animal hembra, eunuco ni rostro barbilampiño". Los diez extranjeros que tras múltiples gestiones tienen acceso diario a la Montaña Sagrada descubrirán un mundo medieval con veinte monasterios ricamente decorados, donde sin luz eléctrica, ni automóviles, ni animales, transcurre una vida dedicada a la oración y a la contemplación monacal.

De las 1.400 islas que rompen la monotonía del mar Egeo, probablemente sean las Cícladas, las que poseen un especial encanto. No son grandes, ni tampoco exóticas. No disponen de vegetación exuberante ni de playas espectaculares, pero sin embargo mantienen una personalidad propia difícil de encontrar en otras latitudes e irradían una magia especial a la que es imposible resistirse.

Saliendo en barco desde el puerto de el Pireo y a través de las límpias, transparentes y critalinas aguas del Egeo se deja atrás el cabo Sounión con su mar silencioso y su templo de Poseidón, antes considerado punto de observación desde donde se vigilaba el tráfico marítimo del golfo sarónico y las Islas Cícladas.

Andros y Tinos, dan paso a Mikonos que tiene la fama de ser la más bella y característica isla del Egeo. Las casas de su puerto estan todas pintadas de blanco y forman una auténtica sinfonía arquitectónica de figuras geométricas solo alterada por el color variopinto de sus puertas y ventanas. En sus estrechas callejuelas se pueden encontrar un sinfín de restaurantes,joyerías, tiendas de ropa y souvenirs, a las que se suman por la noche cantidad de tabernas, discotecas y pubs que hacen lasdelicias de la numerosa población flotante que arriba por unas horas en un crucero o unos cuantos días en una estancia. Una excursión matinal a la vecina Delos permite contemplar las ruinas de una próspera comunidad de la antigua Grecia. 

Tras algunas horas de surcar las aguas se llega a la isla de Paros. Sus habitantes viven de la industria de la extracción del mármol y de la ganadería. Hay un museo donde se encuentran las famosas lápidas de mármol que nos han transmitido noticias del nacimiento de Homero.

Naxos es la más extensa de las Cícladas, que cuenta además con el Monte Tia que alcanza los 1.003 metros de altura. Fué saqueada por los persas y conquistada por venecianos y turcos. En las canteras de Komiaki se encuentra incompleta una gran estatua de Apolo.  

Entrar en el complejo de Santorini produce una sensación especial. Las llegadas de los barcos de línea regular representan un auténtico acontecimiento para los habitantes de las islas del Egeo. Los locales que no viven directamente del turismo acuden en busca de las mercancías o los familiares que llegan. Pero también a los turistas les vienen a esperar. De un lado las furgonetas que les han de llevar a los distintos hoteles, de otro, gentes particulares que ofrecen habitaciones en sus propias casas.  

El complejo de Santorini se compone de cinco islas, de las cuales Tera, Terasia y Aspronisi constituyen los bordes visibles de una profunda cuenca conocida con el nombre de caldera. Paleá Cameni y Nea Cameni surgieron del fondo de esta cuenca mucho más tarde y en diferentes épocas. Una serie de catástrofes se han ceñido sobre Santorini datándose la última del 9 de Junio de 1956.

Tera, la más grande de las islas del conjunto volcánico, es árida por excelencia, a excepción de algunos pozos de agua en la costa este y algunas vertientes de los caudales el más importante de los cuales aprovisiona Camari, que posee una de las playas más afamadas.  

La isla nos hace pensar en el decorado natural de alguna tragedia muy antigua. Diversos trastornos geológicos de una violencia inaudita, escalonados a lo largo de los siglos le han dado su extraordinario aspecto actual. Antes de construirse la carretera que une a Thira con el nuevo puerto, una rampa de escaleras en zig-zag servía para ascender desde el puerto de Scala. Todavía hoy es posible hacerlo a lomos de los burros que efectuán el recorrido bajo las órdenes de sus dueños. También se puede utilizar el teleférico para ahorrarse, o ahorrar al burro, los 585 peldaños de la escalera. Hay quién opina que aunque menos típico, es más humano.  

En la antiguedad Santorini tuvo una vida muy activa como lo demuestran algunos jarrones del siglo XVI a J.C. y algunos frescos. La historia cuenta que una erupción del año 1500 la destruyó. Los habitantes tuvieron tiempo de escapar, advertidos por los terremotos que antecedieron a la catastrófica erupción y maremoto. Según la teoría del profesor Marinatos el maremoto habría afectado a las costas cretenses destruyendo los palacios de Knossos, Phestos y Aghia Triade.  

Entre los restos arqueológicos podemos destacar de un lado los de Acrotiri que conservan algunas casas de dos pisos anteriores al siglo XV antes de J.C., y que están albergadas por unas naves que las protegen de los cambios climatológicos. De otro lado y pertenecientes a la época helenística podemos admirar los restos de la Antigua Tera. El nombre actual Santorini deriva de la Santa Patrona de la isla: Santa Irene.  

Las construcciones arquitectónicas son sencillamente incomparables. La morfología particular y la formación del terreno, las condiciones climatológicas, los restringidos medios y la disponibilidad de determinados materiales de construcción han configurado un modo de construir las casas muy peculiar. El terreno, con sus inclinaciones pronunciadas provoca que en ocasiones el tejado de una casa sirva de patio para la siguiente, es decir la que está encima. Hay otras casas excavadas en la roca. La inclinación del terreno llevó a adoptar soluciones que hacen que casas, calles, cercados, y patios den una impresión de disposición plástica con un encanto particular. El clima creó la necesidad de conservar el agua de las lluvias en cisternas ubicadas en las terrazas. Pasear por las estrechas y escalonadas calles de Thira o Oia, admirar sus blancos volúmenes arquitectónicos cuya armonía sólo se rompe por los vivos colores de puertas y ventanas o por las azules cúpulas de las ermitas, es una auténtica maravilla. Al igual que hacerlo por Pyrgos con su cantidad de iglesias desde donde se puede observar toda la parte norte de Tera con sus blancos pueblos situados sobres las escarpadas rocas o entre las verdes viñas. Un recorrido a pie por sus campos, en motocicleta por sus caminos y carreteras, un chapuzón en sus playas es una experienia altamente aconsejable. Pero lo que sin lugar a dudas impresiona más al visitante por lo agradable, es el atardecer en una de las terrazas de Thira. La puesta de sol en el horizonte, mar y montañas, aguas e islas, el color rojizo del cielo, las luces que empiezan a encenderse, la música clásica que suena en la terraza vecina, el lento manto de la noche, las casas con sus terrazas, las iglesias con sus cúpulas. Provoca una sensación agradable, única, distante de lo cotidiano. Es Santorini, una isla "en la que hay más burros que personas, más vino que agua, más iglesias que casas". 

En la parte nordeste del Egeo destacan las islas de Samotracia, Lesbos, Icaria y Lemnos, y más al sur las Espóradas con la belleza de Skiros. 

Rodas participó en la expansión colonizadora de los griegos. En el siglo V antes de Cristo, las tres ciudades dorias de Lindos, Ialisos y Kamiros, se unieron en una confederación cuya capital era Rodas, urbe de nueva fundación que concentró a los habitantes de la isla y que en poco tiempo adquirió una importancia considerable, absorbiendo gran parte del comercio del Egeo que anteriormente había estado en manos de Atenas. La isla fué conquistada por los Persas y después sometida por Alejandro Magno. A su muerte recuperó su independencia iniciándose un período de gran prosperidad y convirtiéndose en el siglo III antes de Cristo en una de las ciudades más ricas de Grecia. Conquistada por los árabes, hogar de los cruzados, reconquistada para el Islam, ocupada por los italianos, hoy acoge en su casco urbano, bellos legados arquitectónicos fruto de tanta historia acumulada. 

A 55 kilómetros al norte de la ciudad de Rodas se encuentra Lindos, que haciendo honor a su nombre es uno de los pueblos más bellos del Egeo. Su peculiar arquitectura y las abundantes casas nobles de gran antigüedad, cuyas puertas estan blasonadas en la mayoría de los casos con emblemas de cruces, águilas, etc, llaman la atención del visitante que no pierde todo su tiempo en las numerosas tiendas de souvenirs desperdigadas por las calles más transitadas. Las casas de la época feudal tienen usualmente una distribución común. Detrás de la puerta hay siempre un patio pavimentado con mosaico de guijarros llamado "kojlakia". Alrededor de este patio se encuentran las habitaciones de la casa, que antigüamente por lo menos, no se comunicaban entre sí.  

Lindos tiene dos hermosas bahías que se pueden admirar desde la Acrópolis, situada en un paraje brusco y pedregoso que le servíade defensa natural.  

Si todas las islas griegas son distintas entre sí, Creta se diferencia todavía más de las demás en cuanto a geografía, historia y sobre todo el carácter de sus gentes, que se han visto obligadas a luchar en múltiples ocasiones con un enemigo exterior. Cuna de la civiliación Minóica, que se desarrolló desde el año 2.600 hasta el 1.000 antes de Cristo, la isla ocupa por su extensión el quinto lugar entre las del Mediterráneo y está bañada por el Egeo al Norte y el mar de Libia al sur. La isla ha sido ocupada durante nuestra era por romanos, bizantinos, árabes, venecianos, turcos y alemanes , que han ido forjando a través de los años un profundo sentido de resistencia al exterior por parte de sus habitantes.  

La capital, Heraklion, se encuentra en la parte norte. En la antigüedad se trataba simplemente del puerto de Knosos, pero en el año 824, los árabes fundaron la ciudad, que más tarde fué tomada por los venecianos que la rodearon de murallas defensivas y construyeron un fuerte. Pero sería un error permanecer por demasiado tiempo en ella. Hay que alquilar un coche para perderse por los caminos la isla. Entre los riscos montañosos se encuentran pequeños pueblos que han sabido conservar el auténtico carácter cretense. Tipos rudos acostumbrados a vivir bajo duras condiciones, que sin embargo denotan el más puro sentido de la hospitalidad. Un campesino regresando con su asno de su campo de cultivo, una tertulia familiar a pie de carretera, un pastor con su rebaño, son imágenes que todavía resisten el avance imparable de la civilización urbana.  

Otra civilización, mucho más milenaria pobló la isla hace tiempo.

El palacio de Knosos debe su reconstrucción a Arthur Evans, que dirigió las obras a principios de siglo. Las construcciones se extienden sobre una superficie de veintidós mil metros cuadrados y alrededor de ellas se amalgamaba una población cifrada en unos cien mil habitantes. Con la construcción del palacio, la civilización Minóica, envuelta en un halo de misterio y de leyenda, llegó a su máximo apogeo, que se interrumpió cuando hacia el año 1450 antes de Cristo fueron destruidas todas las construcciones a causa de una erupción del volcán de la relativamente cercana Santorini.  

Aviso Legal

No está permitida la reproducción total o parcial de estos textos, ni su tratamiento informático, ni la transmisión de ninguna forma o por cualquier medio, ya sea electrónico, mecánico,  por registro u otros medios, sin el permiso previo y por escrito de los titulares del copyright. 

Si desea ponerse en contacto con nosotros roman@romanhereter.com

 

sitemap