ARTICULOS  AMERICANOS

CANADA: Los Parques de las Montañas Rocosas

Grandes espacios abiertos, el dominio de la naturaleza, montañas, extensos bosques, grandes lagos, praderas y algunas ciudades ultramodernas configuran este país que se halla en el segundo lugar del mundo en cuanto a superficie se refiere. 

Auténtico símbolo para Canadá los parques Nacionales de las Montañas Rocosas ofrecen algunos de los paisajes naturales más bellos del mundo. En realidad dentro de las Montañas Rocosas Canadienses se hallan cuatro parques nacionales sucesivos que alcanzan juntos una superficie de 20.210 kilómetros cuadrados. Se trata de Banff, Jasper, Kootenay y Yoho. Los cuatro parques, con picos que sobrepasan en algunos casos los 4.000 metros de altura, incluyen la línea que marca el punto hidrográfico culminante de América del Norte, separando las cuencas ártica, pacífica y atlántica. Los lagos Louise, Peyto y Emeraude, accesibles desde la localidad de Banff y la población de Calgary, famosa por los deportes de invierno, son también muy visitados. 

En todo Canadá existen 28 parques nacionales, que cubren una superficie de 13 milones de hectáreas y cuyo cuidado requiere el trabajo de unas 2500 personas. A estos parques nacionales deben añadirse los numerosos parques provinciales existentes. 

Junto al límite de las provincias de Alberta y Columbia Británica, a unos 120 kilómetros de distancia de la ciudad de Calgary, surgen estas cuatro áreas protegidas tan próximas entre si, y en algunos casos incluso limítrofes, que forman un territorio orgánico en el que también se integran los parques provinciales de Wilmore, Wilderness y de los montes Robson y Hamber. Por su importancia mediambiental, las cuatro parques de Jasper, Banff, Yoho y Kootenay, fueron designados por la UNESCO en 1984 patrimonio mundial de la humanidad. LLanuras bajas y espaciosas, cimas de rocas erosionadas, grandes extensiones de nieve en polvo, torrentes impetuosos, lagos relajantes. 

El primer parque nacional de Canadá 

Banff es el primer parque nacional de Canadá, tanto por antigüedad de servicio, ya que su creación se remonta a 1885, como por número de visitantes. En 1883 dos obreros ferroviarios que trabajaban en la construcción de la primera línea que atravesaba las Montañas Rocosas, descubrieron unos manantiales de agua caliente. En aquel lugar surgió la ciudad de Banff. Su proyección turística no escapó al superintendente general de la Canadian Pacific Railway: William C. Van Horne, y al no poder "exportar" el paisaje, se ocupó de "importar" turistas, ofreciendo la imagen de Banff como "el lugar de veraneo de montaña por excelencia". El área sobre la que había nacido la gran reserva fue gradualmente amplíada hasta alcanzar las actuales 664.000 hectáreas, que comprenden todos los elementos del paisaje típico de la región: lagos, precipicios, cumbres como el monte Forbes que alcanza los 3628 metros sobre el nivel del mar, diversos glaciares y dos de los hoteles más espectaculares del mundo situados uno en la propia localidad de Banff y otro en el Lago Lousie. Dos escenarios único en el mundo que cada año son admirados por más de cuatro millones de visitantes, animados por la extrema facilidad de los medios de acceso al parque: la Trans-Canada Highway y una línea de los Canadian National Railways.

El animal más simbólico del parque es el alce, que a principios de siglo prácticamente se había extingido debido a la caza indiscriminada y a la continua erosión de su hábitat natural. Entre 1917 y 1920, más de 250 ejemplares fueron transferidos aquí desde el parque nacional estadounidense de Yellowstone. La adaptación dio resultado, y hoy cerca de cuatro mil alces pueblan la zona. Se les puede ver en los lagos ya que comen las hojas de los nenúfares. Los machos, dotados de impresionantes astas ramificadas, pueden luchar durante horas para conquistar a las hembras que serán su pareja. El otro representante por excelencia de la fauna local es el oso gris o grizzly. Se trata del mayor oso de América del Norte: el de las Montañas Rocosas puede llegar a los 700 kilos de peso y hasta los tres metros de longitud. A pesar de la pésima fama que lo rodea, el grizzly come casi exclusivamente vegetales; sólo en situaciones extremas llega a atacar a otros animales o, excepcionalmente, a seres humanos y en realidad resulta muy difícil toparse con uno de ellos. Tejones, castores, martas, coyotes, buhos y gavilanes viven en los bosques de las montañas mientras los cisnes trompeteros y las grandes garzas cazadoras de ranas merodean por las aguas del fondo de los valles.  

En los límites occidentales del Banff se encuentran los dos "pequeños" parques de Yoho, al norte, y de Kootenay, al sur. El primero tiene una extensión de unas 130.000 hectáreas, mientras que el segundo alcanza las 138.000. Estos dos territorios, así como el parque Jasper, se hallan junto a la divisoria continental entre los acéanos Atlántico y Pacífico.  

Jasper 

Avanzando hacia el norte se llega al Parque Nacional de Jasper, instituido en 1907 sobre una superficie de más de un millón de hectáreas. Se trata de un auténtico paraíso para los amantes de la Naturaleza. Dentro de los límites del Parque hay montes, glaciares, pastos alpinos, bosques y una rica variedad de fauna salvaje. El Parque está abierto todo el año. En verano es cuando se llevan a cabo la mayoría de actividades, pero también es la temporada de mayor afluencia. Las reservas de hotel para los meses de julio y agosto deben hacerse por lo menos con tres meses de antelación. Los diez cámpings de que dispone el Parque están disponibles hasta que se agotan las plazas para permanencias de un máximo de quince días en cada cámping. Están abiertos desde mediados de mayo hasta medianos de octubre, mientras que en invierno son muy escasos los que permanecen abiertos. Para acampar fuera de las zonas destinadas al efecto hay que solicitar un permiso especial, gratuito, que se emite todo el año en el Townsite Information Center de Jasper, en verano también en el Icefield Center, y en invierno en la estación de guardabosques de Sunwapta (con tres semanas de antelación).  La primavera y el verano pueden ser lluviosas, y las noches frescas. Las actividades de invierno comprenden esquí de fondo y descensos, pesca sobre el hielo, patinaje y excursiones en trineo.

El terreno que ocupa es tremendamente montañoso, con cimas que oscilan entre los 1000 y los 3500 metros. En el punto en que se unen el Banff y el Jasper se encuentran el glaciar Columbia, que tiene una extensión de 300 kilómetros cuadrados y el Athabasca, una lengua secundaria del Columbia, de nueve kilómetros de longitud. De esta reserva de agua se originan los ríos más importantes de la región: el Columbia que alcanza una longitud de 2250 kilómetros y desemboca en el Pacífico; el Saskatchewan, que llega hasta la bahía de Hudson; y el Athabasca, que encauza hacia el río Mackenzie el agua de los tres principales lagos del Canadá septentrional. El rey de estas regiones es el bighorn o carnero de las Montañas Rocosas, con su imponente cornamenta que utiliza sobre todo durante la estación de acoplamiento, el otoño, para conseguir las hembras deseadas, para que en primavera nazcan las crías.  

Hace 600 millones de años, aquí no había montañas. La región estaba cubierta por un mar tropical poco profundo. A lo largo de los tiempos y bajo el efecto de una presión progresiva, los sedimentos depositados en el fondo del mar formaron estratos rocosos que llegaron a tener hasta veinte kilómetros de espesor. Algunas de las criaturas que vivían en este mar fueron milagrosamente fosilizados en la roca durante todo el proceso.

Hace 140 millones de años las presiones defromaron gradualmente la corteza terrestre dando lugar al nacimiento de las montañas que más tarde sufrieron modificaciones fruto de la erosión del agua y del viento. Hoy las Montañas Rocosas albergan algunos de los paisajes más bellos del mundo. Los bosques de Canadá representan un marco ideal para proteger esta auténtica joya paisajística.

GUATEMALA: Fiel a sus raíces

De todos los países centroamericanos, Guatemala es sin duda el que más satisface al viajero. Porque sus volcanes son los más altos, sus ruinas mayas las más impresionantes, sus vestigios coloniales los mejor conservados, los mercados los más coloristas, los indígenas los más aferrados a sus propias tradiciones, y su capital, la más moderna.  Ciudad de Guatemala contrasta con el resto del país por su caótico mercado, sus destartalados autobuses y el crecimiento rápido de sus barrios y edificios. Y es que la ciudad es relativamente moderna. Construida en 1775 para sustituir a la vieja capital, la Antigua Guatemala que fue destruída por un terrible terremoto el 29 de julio de 1773. Palacio Nacional, Catedral Metropolitana y Mercado Central constituyen el centro de la urbe y las zonas visitables para el foráneo.  

La vieja Antigua 

Antigua es otro mundo, otra época, una sensación de tranquilidad, un entorno mágico, una simbiosis única. Rodeada por tres volcanes cuyas cumbres son acariciadas por la niebla, se levanta una ciudad colonial como pocas en el mundo. Calles adoquinadas, iglesias barrocas, conventos semiderruidos, fachadas de colores ocres, hierros forjados en puertas y ventanas y ese sabor tan hispano difícil de encontrar en otras latitudes. El tiempo se detuvo en Antigua y múltiples esfuerzos han coincidido para convertirla en uno de los conjuntos urbanos más apetecibles para vivir durante unos días. Viejos conventos magníficamente transformados en hoteles de superlujo o pequeñas casonas restauradas para albergar viajeros de bajo presupuesto, acogen a gentes de todo el mundo que hacen lo posible para prolongar su estancia prevista. La calma, el silencio de la noche, las huellas de la historia y el colorido en los vestidos de las mujeres indígenas procedentes de los poblados de la región, son capaces de atrapar al visitante cautivado por el conjunto y seducido por la historia.  

Pero hay que continuar. Y dejarse sorprender por el paisaje y por la gente. El lago Atitlán representa el mejor entorno paisajístico para un descanso relajado. La silueta de los volcanes se refleja en las oscuras aguas profundas, mientras en las orillas habitan unas gentes aferradas a viejas tradiciones. Doce aldeas bordean el lago y sus habitantes indígenas visten trajes característicos en cada una de ellas. Tres o cuatro son las más visitadas en excursiones en barca desde Panajachel, donde se hospedan la mayoría de extranjeros; pero la posesión de un vehículo permite bordear el lago y visitarlas todas. Ni que decir tiene que las actitudes de las gentes habituadas a recibir turismo son diametralmente opuestas a las menos concurridas, cuya colaboración es sencillamente exquisita. 

Mercado colorista 

Chichicastenango es el próximo objetivo. Conjuntamente con el mercado de Pisac en Perú, ostenta la fama del mercado indígena más colorista del continente americano. Los jueves y domingos, gentes procedentes de las aldeas del entorno acuden a esta pequeña ciudad de 8.000 habitantes para vender, comprar o intercambiar productos de todo tipo. Y conjuntamente con el mercado se celebran actos religiosos que combinan el catolicismo impuesto por la conquista hispana con ritos ancestrales precristianos. A pesar de los funcionarios civiles y religiosos enviados desde la capital, los habitantes de la población están organizados en jerarquías religiosas llamadas cofradías que eligen un gobierno indígena constituido por un consejo, un alcalde, un teniente de alcalde y un tribunal con jurisdicción en los casos que sólo afectan a los indios.   

De las tierras altas guatemaltecas y a través de la zona del Caribe se llega hasta la selva del Petén. Allí se levanta Tikal, posiblemente el mayor centro de culto de la civilización Maya. Sobre un territorio de 20 kilómetros cuadrados se levantaron entre los años 300 y 900 de la era cristiana unos 3.000 edificios, desde la sencilla cabaña con tejado de paja hasta la pirámide de 70 metros de altura. En la época de máximo esplendor habitaron la urbe 11.000 personas. Hoy, rodeadas por la selva exuberante, se resisten múltiples construcciones pétreas escalonadas, capaces de dejar boquiabierto al visitante que todavía se pregunta cómo la ciudad fue abandonada de repente sin mediar ninguna invasión exterior. El enigma sigue pendiente de resolución.

CUBA: Aire caribeño entre Santiago y La Habana.

Extendida en forma de cocodrilo entre el Atlántico, el golfo de México y el mar de las Antillas, aparece la isla de Cuba. Básicamente el país es llano aunque está atravesado por tres cadenas montañosas. Las sierras de Organos, Escambray y Maestra. Es la más grande de las islas caribeñas y esta poblada por diez millones de habitanes, junto a su ciudad, sus paisajes  su mar, el visitante puede palpar todo el sabor colonial de la época hispánica, saboreando un excelente ron y los mejores puros del mundo.  

Pero son las plantaciones de caña de azúcar las que dominan el paisaje cubano. Dos terceras partes del mismo se encuentran situadas a menos de 300 metros sobre el nivel del mar, y muchas hectáreas se dedican al cultivo azucarero que después de la zafra se refinará en las numerosas y grandes industrias desperdigadas por el territorio. Un territorio que de punta a punta alcanza los 1.200 kilómetros de longitud mientras que la anchura oscila entre los 35 y 200 kilómetros, siendo la medida de cien. 

La gran isla se ve completada por la isla de la Juventud, anteriormente Llama de los pinos y una gran cantidad de cayos que presentan un enorme potencial turístico. Pero nosotros vamos a empezar por el este, por Santiago de Cuba, fundada en 1514 por Diego Velázquez y erigida como primera capital de la isla. Fue el trampolín de los ejércitos hispanos que se lanzaron a la conquista del continente americano y guarda en sus calles y sus muros todo el ambiente colonial de una época pasada.  

El centro de la ciudad es la plaza Céspedes, donde por la tarde acuden las gentes a disfrutar de su frescor. Los mayores se juntan en la tertulia mientras que los jóvenes pasean incansablemente. A un lado se encuentra la catedral construida en 1522 y varias veces destruida a lo largo de su historia por ataques de piratas, terremotos, incendio, etcétera. Muy cerca se levanta la que podemos considerar casa más antigua de la América ibérica, la que fuera mansión de Diego Velázquez, datada en 1516. La Casa Grande, cuyo techado está soportado por maderas nobles que tienen más de cuatro siglos, mantiene todavía el hueco que servia de horno para fundir el oro de los conquistadores. Hoy la Casa Grande es un museo donde se recogen todos los estilos del mobiliario cubano. El ayuntamiento, con una excelente fachada neoclásica, completa la triada de los edificios más significativos del centro de Santiago de Cuba. A partir de aquí empiezan las calles estrechas, adornadas con balcones de hierro forjado y pintadas con tonos palidos. Las pequeñas cuestas se alternan con los escalones y mientras se pisan los adoquinados vienen a la memoria paisajes de la historia cubana. Principal puerto de desembarco de los esclavos traídos de Africa, ciudad natal de 29 generales de las guerras de Independencia, cuna de la Revolución, Santiago de Cuba ha tenido un papel destacado en la historia. Perdió pronto su capitalidad en favor de La Habana pero mantiene con orgullo su rango de segunda capital del país. El castillo del Morro, dominando la bahía es fiel testimonio del pasado y presente de Santiago, una ciudad donde se celebra un animadisimo y colorista carnaval.  

Prácticamenten el otro extremo, junto al estrecho de Florida, se extiende La Habana, que alcanzó la capitalidad en 1566. El rápido desarrollo de la ciudad viene dado por su privilegiada situación geográfica. Su puerto fue un lugar estratégico decisivo para las flotas de Veracruz y Portobello, que animaban sus calles antes de regresar a Sevilla. La ciudad creció para servir al habituallamiento y esparcimiento de los marineros que pasaban el invierno en la ciudad antes de atravesar el Atlántico. Hoy, dos millones de habitantes residen en La Habana, un conglomerado urbano lleno de hechizo y atractivo para el caminante que deambula por sus distintos barrios. La Habana Vieja se extiende en torno a la plaza de Armas. La catedral antiguo palacio de los capitanes generales hispanos representan testimonios impresionantes de la época colonial. Pero su visión debe completarse con el callejeo. Estrechas, tortuosas con las esquinas en ángulo recto, barandillas de madera o hierro forjado, jardines escondidos  partios andaluces, las calles de La Habana Vieja son un laberinto en el que hay que perdese dejarse llevar vagabundear. Palacios o iglesias de varias épocas merecen ser visitados. Al igual que hay que echar un vistazo a los castillos que guardan la bahía. El de la Fuerza es una de las más antiguas fortalezas de Hispanoamericana. Construida entre 1538 y 1544 vio partir al explorador Hernando de Soto para descubrir las bocas del Mississippi y tomar posesión de las mismas en nombre de los Reyes Católicos. El Morro fue construido a finales del siglo XVI para repeler ataques corsarios. Hay una bateria con 12 cañones, cada uno de los cuales lleva el nombre de un apóstol de Jesucristo. Un faro situado en la torre transmite señales a 20 kilómetros a la redonda. Hoy la fortaleza es una prisión. La Cabaña es otro de los fuertes de La Habana. Con una alta muralla, se alza a la entrada del puerto. Hoy es una cuartel. Complementarían la lista de fortalezas de la ciudad el castillo de San Salvador de la Punta, el de Atarés y el del Príncipe, desde donde su puede completar una magnifica vista sobre la urbe.

Y la gente. La gente cubana. Divertida, cálida, extrovertida. Una mezcla de ancestros africanos y españoles. En diez años, entre 1821 y 1831, llevaron a Cuba 600.000 esclavos africanos, múmero que superaba a los pobladores blancos. No hablemos aquí de los hoteles, ni de los night clubs de Vedado, uno de los barrios más animados de la ciudad. No de la época de Batista ni del Cabaret Tropicana. Esto se va descubriendo en la estancia en la ciudad. Una ciudad que también hay que patear y pisar. Algunos de sus adoquines fueron traídos de ultramar como lastre de los galeones. Miramar, Santos, Suárez, La Sierra, Cerro. Tantos y tantos barrios y el estrecho de Florida que adquiere una vitalidad donde se funde la vida urbana con la tranquilidad caribeña tropical. 

Sin embargo, el turista busca playas, arenas blancas, aguas transparentes, sol abrasador y sombra de palmeras. Las tiene en Cuba. Algunas cercanas a la capital como Playas del Este, a 20 minutos del centro, otras un poco mas lejos. Varadero es el centro turistico más importante del país, situado en una península a dos horas de carretera de La Habana. Son 20 kilómertros de playas de arenas blancas. Como las de Cayo Largo, auténtico paraíso de submarinistas y aficionados a deportes acuáticos.  

Lo que menos se conoce de Cuba es su zona central. Agricola en ocasiones, selvatica en otras. Plagada de ríos y bosques y habitada por compesiones. Son las regiones de La Villas y Vamagüey. Cienfuegos, Ciego de Avila, Santa Clara ... Hay ciudades importantes, pero perdomina el campo, agricultura y ganadería. Y Sancti Spiritus, donde destaca Trinidad, un museo vivo de la época colonial. El azúcar y el comercio con jamaica le dieron su esplendor en el siblo XIX. Ente Santiago y La Habana, vale la pena perderse por los caminos de Cuba. 

Desde medianos del siglo XVIII y en la fortaleza de San Carlos de la Cabaña, un cañonazo anunciaba cada noche a las nueve el cierre de las puertas de la ciudad. Hoy las cosas han cambiado, sin embargo la vieja tradición sigue perenne y en las calles de La Habana se puede revivir el viejo sabor colonial. 

Era otra época cuando a partir del primer cuarto del siglo XVI el enclave hispano fué ganando paulatinemente importancia. Su situación privilegiada como llave del golfo de Mexico, el buen recaudo de su había y las corrientes marinas que la bañan, la catapultaron hasta situarla en el puesto más importante de la ruta del oro desde América a España. El preciado metal procedente de México y embarcado en el puerto de Veracruz y el llegado de Perú, Ecuador, Venezuela y Colombia que partía desde Cartagena de Indias, confluía en La Habana desde donde la gran flota habría de llevarlo hasta Sevilla. La necesidad de defender la plaza de los ataques corsarios y el acantonamiento de la flota durante seis meses justificaron el desarrollo urbanístico de la ciudad, completamente ligado a las defensas militares. En 1608 la capitalidad de la isla en detrimento de Santiago de Cuba aceleró espectacularmente su evolución urbana, añadiendo palacios, dependencias y calles comerciales a los castillo. El sistema de fortificaciones mejor estructurado de la américa colonial hispana y la zona que defendían sus murallas constituyen la Habana Vieja, un aréa de cuatro kilómetros cuadrados declarada por la UNESCO Patrimonio Cultural de la Humanidad que cuenta con 88 monumentos de alto valor histórico, 860 monumentos de valor ambiental y 1.708 construcciones armónicas, y que constituye el conjunto colonial del continente americano.  

Y con todo, con tanta belleza acumulada, con tanta historia comprimida, uno no puede dejar de conversar continuamente con la gente de la calle. El ligero cruce de una mirada, la amable formulación de una pregunta pueden desembocar en horas y horas de charla o en una fecunda aunque distante amistad para toda la vida. Siempre he sentido una especial admiración por la historia, una fuerte febilidad por la arqueologia. Soy de esos a los que "les gustan la piedras". Y en la Habana Vieja las hay para todos los gustos. En la vieja Plaza de Armas, en el Placio de los Capitanes Generales, en las casas de la calle del Obispo, en la catedral, en el sinfín de patios interiores de múltiples palacios que se encuentran por doquier. Pero el obsequio contínuo a las retinas, las sucesivas referencias a la memoria dan paso por la propia voluntad de la mente a los recodos más profundos del alma. Ese viejo cubano con sombrero de fieltro que descansa en un banco a la sombra de una palmera alterna el sueño con la monotonia, mientras las arrugas de su cara relatan la historia de Cuba desde principios de siglo. Esos niños uniformados que regresan jugueteando de la escuela, acumulan su cultura sin conciencia todavía en un futuro esperanzado. Esa mujer, la última de la cola, pensando en la familia y la casa, o esa mulata que contornea sus caderas mientras en la lejaía se escuchan entrecortadas por el ruido de un viejo cadillac  de los 50, las ritmicas notas de un grupo de percusión. Todos parecen terner tiempo, para dormir, para aprender, para cocinar o para bailar y todos tienen tiempo para conversar. Recordar,demostrar, resistir y soñar bajo el cálido sol caribeño con la alegria hispana y la improvisación latina conformando un caracter afable que se impregna hasta la médula. Callejear por las ruas de la Habana Vieja, entrar en los patios de sus edificios, visitar algunos de sus mejores museos, recorrer sus muros defensivos, contemplar sus cañones, respirar el aroma de sus parques, no es tarea que se puede concentrar en un día. Hay que dedicarle varias mañanas cuando las visitas elegidas se alternarán sin remedio con las conversaciones improvisadas.  

Y tras estos paseos matinales hay que recalar, a mediodía, en la Bodeguita del Medio, posiblemente el lugar con más sabor de la vieja urbe. Muy cerca de la catedral, en la calle Empedrado 207, La Bodeguita es una taberna rústica que se hizo famosa gracias al poeta cubano Nicolás Guillén y al escritor estadounidense Ernest Hemingway que iban a tomarse el famoso mojito, una bebida compuesta por ron, agua, zumo de limón, azúcar, hielo y hierbabuena. En los años 50, personajes como Nat King Cole, Errol Flynn o Brigitte Bardot degustaron ese sencillo cocktail en la barra. Hoy en día se vende a tres dólares, pero resulta más interesante alternarlo con algunos de los platos que la cocina propone a su clientela. Las paredes del local estan repletas de dedicatorias y firmas mientas en el aire flotan las dulces melodias y las bien complementadas voces de un trio habanero. "Guantanamera", "Si tu me dices ven", "Soldadito boliviano" o "Hasta siempre Comandante" se suceden cada día, creando un clima único y agradecido que provoca en los presentes los deseos de repedir.  

La tarde hay que dedicarla a la otra habana. No tan vieja, pero sí un poco olvidada. La del paseo del Prado, la avenida aristocrática por excelencia a finales del siglo pasado y principios del presente. Ahora se llama José Martí, pero sigue flanqueado por algunas de las casas más hermosas de la ciudad. Desemboca en el Parque Central, presidido por la estatua de Jose Martí. Desde aquí puede obtenerse una buena vista del hotel Inglaterra, el Gran teatro de La Habana y el Capitolio Nacional, construido para albergar la Cámara de Representantes y el Senado y que hoy acoge la Academia de Ciencias, el Museo de Ciencias Naturales y la biblioteca Técnica. Los vehículos que aún transitan estas calles todavía recuerdan la primera mitad del siglo, tiempos de despilfarro y corrupción, en los que Cuba era punto de mira de los "bon vivants" del mundo entero. Si La Bodeguita del Medio es el destino ideal tras recorrer la Habana Vieja, La Floridita, restaurante situado en la calle Montserrat esquina con Obispo, representa el mejor exponente de esta habana aristocrática que acabamos de pisar. Se trata de un restaurante de lujo, absolutamente kitsch, donde los camareros visten impecables chaquetas rojas que resaltan sobre los tonos pastel del entorno. La música de un viejo trompetista rompe la frialdad de la media tarde mientras algunos extranjeros emulan los tragos de Daiquiri que apuraba nuevamente hemingway. Daiquiri es un pequeño pueblo situado a 30 kilómetros de Santiago de Cuba, pero es también el nombre de un cocktail a base de ron y limón verde, que según la leyenda inventaron las tropas americanas para celebrar la victoria sobre la armada española a finales del siglo pasado. Es quizás el símbolo de toda una época que finalizaba la madrugada del 1 de Enero de 1959, cuando Fulgencio Batista huía a la República Dominicna, derrotado por las fuerzas revolucionarias.  

Las noches de La Habana se centran en los restaurates ubicados en edificios coloniales, en los cabarets, en las discotecas, en los hoteles de Vedado, y en Tropicana. Allí se funden las dulces melodias hispanas y los cálidos ritmos afrocaribeños. Románticos temas de siempre, el guateque, los bailes de salón, el lucumí, la rumba, la conga y el sesual movimiento de las mulatas bajo la ténue luz del firmamento se dan cita en las noches habaneras, mientras las perseverantes olas del océano rompen su espuma frente al malecón.

Pero para cantos, para trovas, para sones y para baladas hay que trasladarse a Santiago de Cuba, la capital musical de la isla, la primera capital de Cuba y posiblemente la ciudad con más carácter del país.  

La mañana santiaguera nos recibe a ritmo de orquestina en la plaza central, el "Parque Céspedes". Es el centro, el corazón, la esencia propia de la bella ciudad provinciana. La música matianal concentra a los transeuntes que forman corros alrededor de los instrumentistas o se esconden, a la sombra de las palmeras, del sol del mediodia. La tarde, sin embargo, es tiempo para el amor y el desamor. Las jóvenes de Santiago, que acuñan la merecida fama de contarse entre las más bellas de Cuba, pasean sus encantos bajo la arboleda, mientras parejas de enamorados se abrazan en los bancos de madera verdosa. Y a su alrededor, como mudos testigos del palpitar urbano, los edificios que recuerdan aquellos tiempos en que Santiago fué el trampolín de las armadas españolas lanzadas a la conquista del continente americano. La casa de Diego Velázquez, mandada construir en 1516 por Hernán Cortés antes de su partida hacia la conquista de México, es la más antigua de la américa ibérica. la catedral iniciada en 1522 y recostruida varias veces tras ataques de piratas, incendios y terremotos. El ayuntamiento de fachada neoclásica, la terraza del hotel Casa Grande ...  

Pero si el Parque es el corazón, hay que deambular por las arterias. Las calles de Santiago, de cuestas empindas y casas adorndas con balcones de hierro forjado, tienen una retirada a la galicia penínsular. Tiendas, letreros luminosos, tenderetes, escalinatas, poco tráfico y mucha gente en el cine porque "hoy dan una buena película". Granizados dulzones y alguna que otra cola amarga. Santiago es un hormiguero. Las gentes viven en la calle y cada día del año parece ser una fiesta, aunque se encuentre distante su famoso carnaval, uno de los más intensos del Caribe.  

Y a pesar de su habitual alegría, Santiago ha vivido momentos de gran solemnidad desempeñando un papel preponderante en la historia de Cuba, porque "lo cortés no quita lo valiente". Capital durante la primera mitad del siglo XVI, gobernada por Hernán Cortés, principal puerto de esclavos provenientes de Africa, cuña de 29 generales de las guerras de la independencia y principio de la revolución, la ciudad ha escrito con mayúsculas episodios trascendentes en la evolución social y politica de la isla caribeña. Y sus gentes han acumulado muchas y muy variadas experiencias de dicho protagonismo y se han nutrido a la vez que migraciones del exterior. Una de las más importantes es la de los franceses espulsados de la cercana Haití a finales del siglo XVIII. Económicamente desarrollaron el cultivo del café y lúdicamente aportaron la balada, que inició la tradición de la trova. Ninguna ciudad isleña tuvo jamás tantos trobadores como Santiago. Acompañados por el suave lamento de una guitarra se pueden escuchar las viejas baladas nocturnas en La Casa de la Trova, muy cerca del parque Césèdes.  

Y desde Santiago una siente la atracción de Sierra Maestra. Antes hay que realizar una escapada al castillo del Morro, construido en el siglo XVII para proteger la entrada de la bahía y que alberga en la actualisad un museo de la piratería; y a la basílica de Nuestra Señora de la Caridad del Cobre, levantada junto a una mina, y que acoge a la patrona de Cuba. Pero el paisaje se ofrece en toda su belleza al acceder a la Gran Piedra, una enorma roca de sesenta mil toneladas de peso que da nombre a un parque nacional repleto de abetos y sauces. Las ascensión a la cima de la Gran Piedra resulta algo dura, pero una vez coronada, ofrece una panorámicas que justifican el esfuerzo. El aire oxigenado, el límpio tránsito del viento y la visión, en días claros, de la bahía de Santiago, Guantánamo, Haiti y Jamaica constituyen la recompensa agradecida. Las viejas plantaciones de café de los franceses llegados de Haiti, los verdes palmerales de la llanura o las arenas de la playa Siboney completan la excursión, pero si de descansar unos días en la playa se trata es aconsejable finalizar viaje bajo el sol de Cayo Largo.

El otro CARIBE: Las islas no hispánicas

En el Caribe se extienden una serie de islas que juntas constituyen uno de los polos de atracción más importantes del planeta. Sol y playa y un clima privilegiado convoca a multitud de gentes provenientes de los más variados destinos del mundo para disfrutar de sus aguas limpias y transparentes y las blancas arenas de unas playas jalonadas por palmeras tropicales. Los restos coloniales, los paisajes montañosos y la cálida bienvenida de sus gentes ponen el resto. Cuba, la República Dominicana y Puerto Rico son las islas con una herencia hispánica que las convierte en preferenciales para el mercado español. Pero además de ellas existe el otro Caribe, una multitud de islas algunas de las cuales pertenecieron a Gran Bretaña, Francia, Holanda y ahora son países independientes y otras que todavía dependen de aquellos países que un día las colonizaron. Para conocerlas un poco más de cerca hoy vamos ha hablar de ellas en este especial de "El otro Caribe".  

Jamaica   

Refugio de piratas en el pasado, Jamaica es uno de los centros turísticos más importantes del Caribe por su belleza natural. Montañas azuladas y verdosas, visibles desde lejos, cuevas escondidas horadadas en la piedra, vegetación exuberante, ríos de curso rápido o playas de arena blanca y aguas cristalinas, son los argumentos que atraen cada año a más de un millón de visitantes. Sin olvidar que su clima tropical está suavizado por los vientos alisios y que las brisas de la costa hacen que la temperatura no resulte sofocante.  

Su capital, Kingston, vive de cara a su magnífico puerto natural. Sus calles en forma de parrilla alcanzan una ligera inclinación a medida que la ciudad avanza en dirección hacia el interior.

El centro, conocido como el west, es el caldo de cultivo de los dos movimientos culturales más vibrantes de Jamaica: el rastafarismo i el reggae.

El visitante de la isla siente la atracción fatal de las omnipresentes Blue Mountains y en ocasiones decide ascender al punto más alto, el Blue Mountain Peack, situado a 2.256 metros de altura sobre el nivel del mar. Explorar esta cordillera requiere tres días y una buena dosis de espíritu aventurero, que se verá recompensado por la gran belleza de los paisajes que permite contemplar.  

Port Antonio es un punto de paso obligatorio de la costa norte. Esta línea de mar está esculpida por una actividad volcánica que ha formado el paisaje más abrupto de Jamaica. Una de las atracciones más celebradas por los turistas son los raftings por Rio Grande, con una balsas hechas de caña de bambú. Durante el relajante y plácido paseo de descenso por las tranquilas aguas del río, se puede gozar del fastuoso espectáculo natural.

En Ocho Ríos, no hay que buscar ocho cauces fluviales sino las Dunn's River Falls, un conjunto de cascadas consecutivas en forma de gran escalera que los turistas remontan entre resbalones y carcajadas.  

Montego Bay, también conocida como Mo'Bay, es el lugar de destino de numerosos vuelos directos procedentes de las ciudades de la costa este de los Estados Unidos. Campos de golf, restaurantes de alta calidad y sobre toda la transparencia de las aguas, acaparan la atención del turismo. Mucho menos masificada es la parte oeste de la localidad de Negril, con su extensa playa de arena blanca y aguas cristalinas que evocan imágenes repletas de hedonismo. Algunos hoteles de calidad se mezclan con cabañas de pescadores y plantaciones de cocoteros, mientras turistas y nativos toman conjuntamente el sol en un ambiente relajado y tolerante.  

Bahamas

Sol y diversión, deporte y relax. Reciben al año más de tres millones de turistas, de los que la mitad son pasajeros de los cruceros. 

Dicen que fue en San Salvador donde Colón pisó por primera vez el Nuevo Mundo, aunque prosiguió viaje. Sus habitantes fueron llevados a La Española para trabajar en las minas de oro, donde perecieron. Colonos ingleses trajeron más tarde esclavos africanos para las plantaciones de algodón. 

El centro histórico de Nassau, en New Providence, se sitúa en torno a la Plaza del Parlamento. Hoteles e iglesias atestiguan el auge urbanístico de finales del siglo pasado, en contraste con las modernas instalaciones de Cable Beach. Hay que destacar el observatorio submarino Coral World y el jardín botánico de Ardastra Gardens. 

Isla paraíso es "la meca" del juego y el espectáculo. Los Versailles Gardens contrastan con los románticos claustros del siglo XVI, desmantelados y enviados desde Francia. 

Gran Bahama destaca por sus playas y bosques de matorrales y pinos. El palacio de estilo morisco de El Casino, en la urbanización Freeport-Lucaya, es uno de los mayores complejos de juego de azar del mundo. Las visitas a los Garden of the Groves, el Museo de Gran Bahama, con la historia de sus nativos Lucayos, el santuario de aves de Rand Memorial Nature Centre deben completarse con el Parque Nacionaal Lucayo, situado sobre el mayor sistema de cuevas submarinas del mundo. 

Andros, con 164 kilómetros de largo y 64 de ancho es la isla más grande del archipiélago y la que posee mayor diversidad de paisajes. 

Las aves en Eleuthera, los dos parques naturales de Gran Exuma, y las ruinas románticas de antiguas plantaciones junto a la pequeña iglesia de Hermitage en las isla Cat, completan los puntos de interés. 

Antigua y Barbuda

Buenas playas de arena blanca y un interior de selva tropical en un ambiente muy británico, repleto de viejos pubs ingleses y pequeñas villas coloniales, complementan uno de los puertos más seguros, agradables y famosos de todo el Caribe: English Harbour.

En Antigua encontramos St. John's, la capital, con una de las catedrales más impresionantes del Caribe. A sólo cuatro kilómetros se levanta la fortaleza James, construida a principios del siglo XVIII para proteger la ciudad. 

English Harbour, es sin duda, la mayor atracción. Recorrer sus muelles, visitar el Dockyard Museum y observar el Fuerte Berkeley nos transporta a la época colonial. Todo el conjunto se puede contemplar desde el mirador Shirley Heights. 

Los amantes de los pájaros habrán de dirigirse al lago McKinnon's, la isla Great Bird y la reserva Potswork. 

En Barbuda abundan las áreas de conservación de la naturaleza en el litoral con 150 especies de aves entre las que cabe destacar aves de presa, pelícanos, garzas y fragatas.

San Cristobal y Nieves

Aquí perdura la tradición británica aunque su nombre se debe al homenaje al santo patrón de Colón y a las nubes que habitualmente coronan Nieves, que le recordaban las cimas pirenáicas.

Dominada por el la cumbre del volcán Misery, también llamado Monte Liamuiga, San Cristóbal no ofrece bellas casas coloniales alineadas frente al mar en la capital Basetterre, articulada en torno a la Plaza de la Independencia. 

No hay que olvidar, en el resto de la isla el lugar histórico de Brimstone Hill, con un fuerte convertido hoy en museo, Sandy Point Town, con sus casas de estilo antillano, la finca de Romney Manor y el paisaje de Sandy Bay, con la lava volcánica solidificada junto al mar. 

Nieves dispone de dos cumbres volcánicas. El Nevis Peak de 985 metros y el Cone Peak de 783 acostumbran a estar coronados por nubes. La economía de la isla está basado en el cultivo de caña de azúcar y algodón.  

Charlestown posee bellas casas de madera con balcones y terrazas. Muy cerca encontramos la iglesia anglicana de Saint Thomas, construida en 1643. 

La casa museo de Alexander Hamilton, Fort Ashby, la planta azucarera de New River Estate y el Museo Nelson son otras puntos de interés. 

Dominica                                 

El verdor salvaje y la vegetación lujuriante son posiblemente los rasgos más característicos de esta isla, que algunos califican como lo más cercano al paraíso terrenal. Montañosa, húmeda, exuberante, repleta de cascadas, torrentes y ríos. Dominica debe a su morfología, el poco interés que por ella sintieron los europeos y la autenticidad que todavía mantiene frente a sus vecinas. En las aldeas rige un espíritu de buena vecindad y sus habitantes muestran una sana cordialidad poco habitual en otras islas. Aquí llegaron indios fugados de otras partes para escapar de las masacres europeas y de hecho todavía pervive la última comunidad de indios caribes, refugiados en el rocoso noreste de Dominica y que hoy han perdido el espírituo guerrero de antaño. La reserva fué fundada en 1903 por la reina Victoria. Más de 150 especies de aves, varios reptiles y algunos pequeños maníferos como los agutíes y las zarigüeyas, se esconden en la selva impenetrable.

Santa Lucía

Frecuentada habitualmente por gran número de cruceros, que suelen llenar sus bodegas aprovechándose de los buenos precios que ofrece, Santa Lucía es una de estas islas invadidas por unas horas por miles de crucerístas, y que recupera su pulso diario cuando estos se van. Volcánica, montañosa, de costa accidentada y alternando la selva pluvial de sus cumbres con el bosque secundario del resto, esta dominada por el monte Gimie, aunque su imágen característica la forman los dos "pitons" que se alzan majestuosos junto a la costa. En el cráter del Monte Soufrière, hay manantiales sulforosos que se utilizan para la energía  eléctrica. Los poblados de pescadores y algunos de los vestigios del movido pasado colonial completan, junto a su capital, los diversos puntos de interés.

Barbados

La más oriental de las Pequeñas Antillas, es asi mismo la más rica y poblada de todas ellas. Genuinamente británica, ha sabido alternar la caña de azúcar, la industria manufacturera y el turismo como base de su riqueza. Está plagada de villas y elegantes complejos hoteleros, apegada a unas tradiciones tan inglesas como el golf, el tenis, el criquet, el polo y el té de las cinco, que se ofrece en los hoteles de superlujo de las costa oeste. La mayoría de sus habitantes son, como en las demás islas de raza negra, traídos para trabajar como esclavos en las plantaciones. Pero estos asimilaron hasta tal punto la cultura anglosajona, que gustan denominar a su territorio como la pequeña Inglaterra. El monte Hillaby, con sus 340 metros de altura sobre el nivel del mar, es el punto más alto de la isla que tiene a Bridgetown, como capital.

Granada

Su belleza contrasta con su depauperada situación económica. La conocida como "isla de las especias" saltó a las primeras páginas de la prensa internacional con motivo de la invasión américana de 1983, que terminó con un período de gobierno socialista y ayuda cubana. La construcción de un aeropuerto con capital cubano fue el pretexto para el desembarco de tropas estadounidenses y de seis estados caribeños el 25 de octubre. Instalado un gobierno conservador, los militares se fueron retirando paulatinamente hasta 1985. Disputada por franceses e ingleses en los tiempos coloniales ofrece hoy míticas y solitarias playas caribeñas. El país es el tercer productor mundial de nuez moscada y produce también plátanos y otras frutas tropicales, nueces de coco, cítricos, cacao y caña de azúcar. Además de la isla principal, comprende Carriacou (34 Km2), Ronde (3 Km2), Petit Martinique (2 Km2) y diversos bancos de coral.

San Vicente y las Granadinas

El archipiélago nada sabe del turismo de masas, sin embargo, contituye la meca un turismo de elite que gusta de navegar en yate privado por las excepcionales aguas que lo entornan. Poco comunicadas con el resto del mundo, representan el último reducto de ese Caribe exclusivo que está viendo masificar otros enclaves. Todas las islas son de orígen volcánico y muchas de ellas están rodeadas de bancos de coral. La isla de San Vicente está presidida por la cumbre del volcán todavía activo Soufrière, que alcanza los 1234 metros de altura sobe el nivel del mar. Durante su erupción de 1902, media isla quedó llena de cenizas y 2.000 personas perecieron. En 1979 experimentó su última erupción. Las islas de Bequia (18 Km2), Unión (8 Km2), Canouan (7 Km2) y Mustique (5 Km2) son las más renombradas.

Trinidad y Tobago

Dos islas completamente distintas, situadas en la parte más meridional de las Antillas, ofrecen el máximo exotismo caribeño. En Trinidad habita el 95% de una población amante como pocas de la música. Los ritmos de calipso y sobre todo la celebración del carnaval son famosos allende los mares. Originariamente el carnaval era una celebración reservada a los aristócratas españoles y franceses, pero con la abolición de la esclavitud hacia el año 1830, se transformó en una expresión de la recién conquistada libertad para la gente de color. Primero los motivos carnavalescos consistían en la burla de los amos coloniales, más tarde las letras del calipso se centraron en el comentario político y las crítica social. Trinidad fué siempre española hasta que los ingleses se apoderaron de la isla en 1802. Tobago es mucho más tranquila, aunque fue muy disputada a lo largo de la historia entre españoles, franceses, holandeses y británicos. Ambas islas fueron unidas administrativamente en 1889 para convertirse en 1962 en un estado independiente, que acoge a negros, hindúes, mulatos, blancos y chinos y que tiene el petróleo como principal riqueza económica.

Haiti

La oscura etapa política que ha vivido Haití durante los últimos años, ha restado atención a uno de los países con más personalidad del Caribe. La capital, Puerto Príncipe, mezcla de elegantes casas coloniales de estilo francés, modernos edificios y chabolas, se levanta en torno al área portuaria. La catedral de la Trinité, el Museo Nacional, el Palacio Nacional y el Mercado de Hierro son los lugares más destacados.

En el norte se encuentra la ciudad con más historia del país: Cap Haitien, con calles, plazas y edificios de la época colonial. Los restos del palacio Sans Sauci y de la Citadelle de la Ferriére, devastados por un terremoto, recuerdan los aires de grandeza que rodeaban al que fuera primer rey de Haití: Henri Cristophe.

Los paisajes de montaña como en la zona de Kenscoff y playas como las de Ducroy, Cormiers, y Labardie pueden completar la estancia en el país.

Dependencias Caribeñas

 Antillas Británicas

Bajo la denominación de Antillas Británicas se engloban las islas del Caribe que siguen siendo colonias británicas sin haber alcanzado la independencia.

Las Islas Cayman fueron descubiertas por Cristobal Colón en 1503. Se trata de un pequeño archipiélago formado por tres islas, a las que llamó "Las Tortugas" a tenor de la gran cantidad de dichos animales marinos que hoy están en peligro de extinción. Refugio de piratas y bucaneros, pasaron muy pronto a dominios ingleses, primero depediendo de la vecina Jamaica y después con su estatus actual dentro de las Indias Occidentales Británicas. Convertidas en paraíso fiscal, atraen anualmente a miles de turistas dispuestos a tostarse bajo el sol de sus playas o sumergirse en sus aguas bajo las que se esconde una atractiva vida de corales y peces.

A cinco kilómetros de la costa, el muro de las Cayman desciende en picado hasta los 975 metros y un poco más lejos, se extiende la fosa de las Cayman, que con más de 8.000 metros bajo la superficie, es el tercer lugar más profundo del planeta. La actividad del coral durante millones de años ha conformado un paisaje de belleza única. Peces, corales duros, corales blandos y esponjas, algunas de las cuales pueden alcanzar los tres metros de altura, forman una sinfonía sin paragón que cambia de color a medida que los rayos del sol inciden de una manera o de otra.

Tras volver a la superficie y a tierra, es momento de callejear por George Town, la capital, que con apenas 8.000 habitantes acapara los edificios administrativos y de oficinas de las islas. Un recorrido a pie, a partir del puerto, nos permitirá contemplar los edificios públicos más importantes de la ciudad a lo largo de la historia. Del más antiguo, Fort George, que data de 1790, poco queda. La biblioteca, la oficina de correos, la asamblea legislativa, la iglesia Elmslie y el ayuntamiento destacan junto a algunas casas tradicionales y el edificio de la vieja corte de justicia que hoy acoge el museo nacional. 

También se puede visitar Little Cayman. Situada a 85 millas al este de Gran Cayman apenas alcanza los 15 kilómetros de longitud y tiene una población de ... 41 residentes habituales. La  tranquilidad absoluta, el relax completo. Algunos pequeños lagos, bordeados por troncos resecos y donde habitan gran cantidad de pájaros, rompen la monotonía de los verdes de la vegetación. El paisaje resulta más salvaje, cautivador y solitario que en cualquier otro lugar del archipiélago. En la carretera de tierra se ven de vez en cuando señales de tráfico que indican la existencia de iguanas libres.  

Turks and Caicos son dos archipiélagos formados por unas cuarenta islas e islotes situados al norte de la Española. Morfológicamente constituyen una continuación de las Bahamas. 

Las Islas Vírgenes deben su nombre a que Colón, en su segundo viaje, vió tal número que pensó en las once mil vírgenes que según la leyenda formaban el séquito de Santa Úrsula. Virgin Gorda, Tórtola, Anegada y Mosquito Island son algunas de las más famosas. 

Anguilla, tiene una morfología estrecha y alargada.

Montserrat debe su nombre al célebre monasterio catalán, aunque fué colonizada por católicos irlandeses huídos de la persecución protestante. Se la conoce con el nombre de isla esmeralda por la cantidad de colinas y bosques que acoge.

 Las Bermudas no están situadas en el mar Caribe, sino frente a las costas de Estados Unidos, en el Atlántico septentrional. Constituyen un grupo de 150 islas que conservan, sin embargo, las características caribeñas. Ofrecen vacaciones de calidad en lujosas construcciones hoteleras adaptadas a una arquitectura tradicional pintada en colores pastel y blancos tejados. A pesar de las arraigadas tradicones británicas, el 90 por ciento de los turistas proceden de los Estados Unidos, por lo que la hotelería está adaptada a sus particulares gustos. 

Antillas Estadounidenses 

Saint Thomas, Saint John y S. Croix, son las más renombradas de las Islas Vírgenes Estadounidenses. Aguas magníficas e instalaciones hoteleras en consonancia con el entorno hacen las delicias de un turismo de alto poder adquisitivo. En Saint Thomas se detienen la mayoría de los cruceros que surcan las aguas del Caribe debido a las tiendas libres de impuestos. Historias de piratas, restos coloniales y fortalezas defensivas, y la constante compañía de los cocoteros, invitan a quedarse. 

Antillas Francesas 

Martinica fue una de las más prósperas posesiones francesas de ultramar en el siglo XVIII. Los propietarios de las plantaciones de algodón, tabaco, y caña de azúcar, descendientes de antiguas familias francesas, cosntruyeron grandes mansiones coloniales y reprodujeron en la isla el modo de vida y las costumbres de París. Aquí nació Josefina, la esposa de Napoleón Bonaparte. Hoy el turismo se concentra en la línea costera sur, entre Pointe de Bout y Trois Ilets, con buenas playas, hoteles de lujo y una considerable oferta gastronómica acompañada con la tradicional bebida de Martinica, el rhum-rhum, un combinado de ron, azúcar de caña, lima y limón. Saint Pierre, la llamada "pompeya caribeña" ya que quedó sepultada tras la erupción volcánica de la Montaña Pelada, y la iglesia que reproduce el Sacre Coeur de París, son visitas obligadas, al igual que los distintos barrios de la capital: Fort de France. 

Guadalupe se extiende como una mariposa que sabe alternar en sus alas la montañosa Basse-Terre, capaz de albergar un magnífico Parque Natural, con la llamada Grand-Terre, repleta de campos de caña de azúcar e instalaciones hoteleras donde la gastronomía francesa tiene un papel preponderante. En realidad Guadalupe es un pequeño archipiélago completado por Marie-Galante, La desiderade e Ile Des Saintes. Las zonas turísticas de Gosier, Sainte Anne y San Françoise acogen gran cantidad de gentes procedentes de Europa y América del Norte. 

San Martin, es una isla compartida por Francia y Holanda, repleta de elegantes centros turísticos y elegantes boutiques. En 1.648 se firmó un tratado que declaraba holandés el sur y francés el norte. Los restaurantes, los campos de golf y las terrazas donde se escucha música en vivo abundan por doquier.

 San Bartolomé, tiene una particularidad única entre las islas caribeñas: durante algo más de un siglo perteneció a los suecos. Algo más tarde fue refugio de millonarios y famosos entre los que destacaban los Rockefeller y los Rothschild. 

Antillas Holandesas 

Molinos de viento, mujeres rubias realizando bordados, pequeñas casas alineadas a lo largo de un canal. Si no fuera por el sol abrasador, las playas, las barreras de coral y la luz deslumbrante, uno diría que se encuentra en los mismísimos Países Bajos.  

Aruba es conocida por sus playas, sus grutas llenas de estalactitas y estalacmitas. Una de las curiosidades es que pese a estar en el Caribe no hay gentes de raza negra ya que nunca se introdujeron esclavos africanos. 

Bonaire es muy llana, con leves ondulaciones en su parte norte. Tiene una importante colonia de flamencos y está a la vanguardia de la protección del medio natural. 

Curaçao presenta modestos picos, grandes plataformas de erosión marina y cuenta con una comunidad judía dedicada al comercio. 

Saba es una isla vocánica de tan solo 13 kilómeros cuadrados.

San Eustasius ofrece la posibilidad de combinar el recorrido de los volcanes extinguidos de su centro con la práctica del submarinismo frente a sus costas. A pesar de su insignificancia cambió de manos en 22 ocasiones.

SANTA LUCIA: Desde la playa al volcán

Dicen que a las islas hay que llegar por mar, de buena mañana,con el cuerpo relajado y el estómago lleno. Posiblemente por ello muchos arriban a esta hermosa isla de las Pequeñas Antillas, situada entre la Martinica y San Vicente, a bordo de un crucero. Cuando coinciden un par de buques de gran tonelaje en el puerto de Castries, de los que fácilmente pueden descender entre mil y tres mil personas, la ciudad parece un hervidero. Autóctonos y forasteros se ensarzan en un frenético intercambio comercial, tras el vaivén de las excursiones y visitas de rigor, aprovechando la zona de libre comercio instituida desde 1982. Hasta los propios barcos llenarán sus bodegas para proseguir por la tarde su periplo caribeño. Pero cuando sueltan sus amarras, la isla recupera su pulso diario,su tranquilidad cotidiana, su latir pausado. Parece ser que Cristobal Colón ni tan siquiera se detuvo aquí, aunque algunos afirman que la avistó un 13 de diciembre de 1502, en su cuarto viaje, precisamente el día dedicado a la santa virgen siciliana uerta en el año 304, y la bautizó con su nombre. 

Hoy Santa Lucía es capaz de sorprender al viajero que puede tomarse el suficiente tiempo para descubrir sus secretos. Quizás no es tan exuberante como Dominica, ni tan extremadamente virgen como San Vicente, pero forma parte de este ramillete de pequeñas islas de Barlovento que han sabido mantener un arraigado carácter, sin perder su personalidad en pos de la masificación turística. Existen sin duda instalaciones hoteleras, concentradas en su práctica totalidad en la costa noroccidental, que acogen huéspedes poco proclives a abandonarlas y suficientemente satisfechos con disfrutar de un clima agradable, dorar sus pieles bajo el sol tropical y rentabilizar al máximo su elección del sistema "todo incluido". Pero el visitante dispuesto a respirar el polvo de sus caminos, de sudar bajo el verdor de la selva exhuberante, de levantar la vista hacia el horizonte, quedará prendado ante tanta belleza equilibrada, ante tal combinación de volúmenes y colores que conforman un paisaje irrepetible.

Variedad paisajística 

La isla apenas alcanza los seiscientos veinte kilómetros cuadrados, con una distancia de norte a sur de 44 kilómetros por 21 de este a oeste. Pero del nivel del mar hasta el Mount Gimie, cuya cumbre se sitúa en los 950 metros de altura, se suceden desde playas idílicas hasta el bosque primario pasando por amplios valles sembrados de plataneras. La costa aparece interrumpida por pequeños pueblos que como Anse La Raye o  Choiseul, parecen dormidos, como inmersos en una soporífera existencia acompañada por el ir y venir monótono de las olas del mar. Las casas de dos pisos y balconada, compiten en sus tonalidades con los colores de las barcas de los pescadores situadas junto a la carretera, mientras que sus redes se secan sobre una cuerda tendida entre las palmeras. Los niños juegan poco preocupados por su futuro bajo la atenta mirada de los viejos, que hechados sobre una estera, recuerdan con nostalgia su pasado. La población isleña alcanza los ciento cincuenta mil habitantes, de los que un tercio vive en la capital, y desciende en su práctica totalidad de los esclavos africanos traídos en los siglos XVII y XVIII, que profesan hoy en su mayoría la religión católica. Pero Santa Lucía fué poblada desde tiempos inmemoriales por los Arawaks, que sucumbieron en el siglo XIII ante los belicosos indios caribes, que a la vez consiguieron mantener alejados a los europeos en los primeros tiempos de la colonización hasta el siglo XVII, cuando cayeron los últimos focos de resistencia en la selva impenetrable. A partir de entonces la isla fue intercambiada entre ingleses y franceses en trece ocasiones hasta que pasó definitivamente a la colonia británica en 1814 gracias al tratado de París. A este último período pertenecen la mayoría de las fortificaciones y murallas con cañones que se encuentran por todos los rincones. 

En 1883 quedo incluída en las extensas dependencias inglesas de  las Windward Islands o Islas de Barlovento, sirviendo en la Segunda Guerra Mundial como base militar estadounidense. En 1958Gran Bretaña instituyó la federación de las Islas Occidentales de la que formó parte hasta su disolución en 1962. En el 67 se convirtió en un estado asociado a Gran Bretaña y el 22 de febrero de 1979, fiesta nacional, obtuvo la independencia, aunque permaneciendo en el ámbito de la Commonwealth. Hoy es sede del Tribunal Supremo del Caribe Oriental. 

A pesar de la intervención de las potencias extranjeras a lo largo de la historia, el primer europeo que se estableció en Santa Lucía fué un pirata. Francois de Clerc, conocido con el sobrenombre de "Pierna de Madera", utilizó la zona de Pigeon Island como base desde la que atacaba a los galeones españoles que pasaban por la zona. Con un poco de abstracción, en la soledad de un risco junto al mar, tanto al alba como durante el crepúsculo, todavía se puede imaginar el tronar de los cañones, el metálico sonar de las espadas y los roncos gritos de abordaje en el lejano horizonte tropical. Escenas de otra época en la que el Caribe se había convertido en nido de filibusteros y sus islas y ensenadas en seguros escondites donde ligeras naves tripuladas por hombres rudos y avezados en la lucha, restaban al acecho de los barcos que transportaban los tesoros destinadosa llenar las arcas de la corona española. Bandoleros oceánicos,los piratas festejaban sus logros en encuentros de hermandad donde corría el ron a raudales, hasta que a mediados del siglo XVIII, las potencias europeas intervinieron más directamente en la colonización de las Antillas. 

La exploración de su territorio se debe en gran medida a Charles Eugène Gabriel de La Croix Castries, mariscal de Francia y entre 1780 y 1787 ministro de la marina francesa, que dió su nombre a la capital.

 Castigada por los incendios

Castries está construida junto a una espléndida bahía que le sirve de puerto natural y que sin duda ha contribuido a su desarrollo y crecimiento. La ciudad ha sufrido cuatro importantes incendios a lo largo de su historia, el último en 1948, que destruyeron gran parte de los edificios coloniales.

Sin embargo es posible admirar la catedral y algunas casas antiguas de madera con balcones típicos enrejados. Hay que hacer coincidir un sábado por la mañana con la visita al mercado cubierto, instalado junto a la plaza central, Columbus Square. El olor penetrante de la menta, el clavo y la nuezmoscada flota en el ambiente, mientras criollo e inglés sirven de idiomas para discutir los precios de los productos entre compradoras y vendedoras vestidas con ropas de colores chillones. Aquí se concentra el saber popular, la esencia propia de la mentalidad caribeña. Una mentalidad y forma de vida que se puede ir descubriendo a medida que uno se va alejando del centro, más entregado a la burocracia importada, y recorre los barrios periféricos. Sencillas casas de madera...música rítmica... y vida en la calle, mucha vida en la calle.  

A primera vista caminar por los barrios perífericos puede parecerpoco prudente. Un ambiente presumiblemente hostil asusta alextranjero poco habituado a deambular sin rumbo fijo por unos barrios donde el nivel de vida no destaca precisamente por su comodidad. Pero cuando el visitante no hace ostentaciones de riqueza y se limita pasivamente a observar lo que sucede a su alrededor durante las cálidas horas del mediodía, no tiene nada que temer. A pesar de las pequeñas casas de madera, a pesar de los frágiles tejados metálicos y las deficientes infraestructuras urbanísticas, la gente mantiene su ritmo de vida, sin amargar la vida a los demás. No pueden compararse ciertamente, con las casas de calles como Brazil Street, Micoud, Jeremie o Bridge, donde las lisas fachadas de cemento armado de los edificios comerciales sólo rompen su uniformidad debido a los lujosos restaurantes y los cuidados escaparates de las tiendas. Pero a pesar de diferencias tanto sociales como residenciales, todo se acepta con pasiva resignación caribeña. 

Plantaciones agrícolas 

Fuera de la capital se encuentran las plantaciones. Viejas mansiones coloniales salpican el paisaje y se erigen en el centro de lo que antaño eran extensos campos de caña de azúcar y hoy se han convertido en cultivos de plátano, café y cacao.

La abolición de la esclavitud trajo el declive de la industria azucarera y el Caribe dejó de ser lo que había sido hasta entonces y se convirtió en lo que ha sido hasta la llegada del turismo. Lo que no ha cambiado es el decorado. Las cumbres de los dos "Pitons" han asistido impasibles al devenir de la historia y hoy siguen, desde sus alturas, conformando junto al mar tendido a sus pies y las playas que lo bordean, la más característica de las imágenes de Santa Lucía. Esa postal que el extranjero se llevará para siempre impresa en su retina y ese recuerdo acumulado en su mente que de vez en cuando tentará su retorno.  

El Gros Pitón y el Petit Pitón, situados al sudeste de la isla,son dos volcanes de 799 y 750 metros de altura. Su forma,emergiendo desde el mar como agujas de lava, recuerda el Pan de Azúcar. Rodean una bahía de extraordinaria belleza. Otro de los grandes atractivos es la flora existente. Las amantes de las plantas disfrutarán de una magnífica variedad de selva tropical pluvial, concentrada en las cotas más elevadas. En los demás lugares domina una vegetación secundaria. Las aves son numerosas pero hay que destacar especialmente los colibries y los papagayos. 

Muy cerca está Soufrière, la primera villa establecida en la isla por los franceses en 1746, en el valle más rico por ellos encontrado. 

Termalismo saludable 

Luis XIV ordenó la construcción de los Baños de las Aguas Termales de Diamond para que prestaran el servicio a sus tropas, aprovechando de esta manera el alto poder curativo del manantial sulfúrico subterráneo. Al sudeste de Soufrière también hay manantiales súlfuricos, con una veintena de estanques de aguas negras cuyos vapores desprenden un fuerte olor. Se puede llegar hasta el borde del caldero en coche, lo que instó a popularizar el "único volcán del mundo al que se puede llegar en automóvil". Pero también resulta interesante pasear por el Rainforest Walk, un atractivo recorrido por una pista forestal de 12 kilómetros a través de una zona de 77 kilómetros cuadrados de selva. Con un poco de suerte se puede ver al "Amazonas Versicolor", el famoso y coloreado Papagayo de Santa Lucía.

En la punta sur de la isla, frente a Vieux Fort, que en 1600 f ué establecimiento temporal holandés, se hallan las Islas Marías,donde anida la serpiente Kouwes, una de las especies másextrañas del mundo y el lagarto Zandoli. En la reserva naturalde Fregate Island, situada al este, se puede ver en verano lacría de los pájaros Fragata. Otro Parque Nacional es el dePigeon Island, al norte. Pero sin duda uno de los lugares másgenuinamente idílicos es Marigot Bay. Escenario de famosaspelículas, caladero de yates de lujo, bahía resguardada decorrientes marinas, Marigot es capaz de embriagar por subelleza. La ligera brisa acarciando las palmeras, la lujuriosavegetación cubriendo las colinas y los últimos rayos de luz pocoantes del crepúsculo, consiguen una atmósfera única y sugerente.

Una sensación cautiva que dificilmente invita al regreso.

ECUADOR: El corredor andino

"Ecuador es un lugar pacífico en medio de una región revuelta".

A pesar del último conflicto fronterizo con Perú, este país que toma el nombre de la línea que divide la tierra en dos hemisferios, no se ha visto afectado por las múltiples y constantes tensiones originadas en sus inmediatos vecinos. Posiblemente, su aparente falta de recursos no motivó grandes ambiciones, librándose sobre todo de los fatales excesos de la minería. Tampoco los piratas azotaron sus costas y de esta forma, aparte de los lógicas luchas por el poder local, está región continental formada por la franja costera, la región andina y el oriente selvático, fué configurando poco a poco su unidad estatal a partir de la estructura colonial española, que se impuso tras una corta dominación inca.

Las islas Galápagos, complementan un territorio que a lo largo de los últimos siglos ha fomentado la curiosidad científica. En 1735, la Academia Francesa de la Ciencia, organizó una expedición liderada por La Condamine y Pierre Bouguer para medir un grado del meridiano cerca del Ecuador y determinar con precisión la forma de la Tierra. En 1802 llegó el científico alemán Alexander von Humboldt estableciendo principios científicos para la geografía física y la meteorología. Algunas expediciones españolas precedieron a la del inglés Charles Darwin, que en 1835 visitó las islas Galápagos por espacio de cinco semanas, fundamentando su teoría sobre la evolución de las especies.

Hoy, a pesar del descubrimiento de petróleo en la selva y de una economía basada en el cacao, el café, las bananas, los productos textiles y el comercio interandino, Ecuador recibe a miles de turistas con un amplio sentido ecológico, dispuestos a disfrutar de sus atractivos naturales y de su diversidad humana, poco dada a influencias exteriores y dotada de una afabilidad poco frecuente en otras latitudes. Con estas premisas y la tranquilidad que asegura la práctica ausencia de robos bastante habituales en otros países de Sudamérica, ya se puede iniciar a recorrer sus caminos. 

Quito: claustro de América. 

Quito es, después de La Paz, la segunda capital del mundo en altitud con 2.850 metros sobre el nivel del mar. Rodeada completamente de volcanes, debe su nombre a los indios quitus que sufrieron la invasión de los incas procedentes del Perú al mando de Huayna Capac. Este se casó con una hermosa princesa local y levantó la capital septentrional del imperio, situada a 1980 kilómetros de Cuzco y unida por el "Camino Real" cuyo efectivo sistema de corredores o "chasquis" lograban cubrir en ocho días. Las pugnas internas entre sus hijos Atahualpa y Huascar, facilitaron la conquista española. En diciembre de 1534, Sebastián de Benalcázar, lugarteniente de Pizarro, llegó a Quito acompañado de fuerzas indígenas opositoras de los incas, encontrando la ciudad destruída por sus propios habitantes. El 6 de diciembre se fundó San Francisco de Quito. 

El Quito colonial, catalogado por la Unesco Patrimonio de la Humanidad, ha sabido conservar esta atmósfera de antaño a pesar de su nutrido tráfico del vehículos y algunas construcciones desafortunadas de edificios modernos que rompen el estilo de casas blancas con balconadas y tejados rojos. La proliferación de iglesias y conventos, hasta el punto de dotar a la urbe con el sobrenombre de "claustro de América", se hace patente en el casco antiguo, plagado de campanarios y fachadas. 

La Plaza de la Independencia se articula como el centro de la ciudad, albergando la Catedral Metropolitana, el Palacio Presidencial, el Palacio Arzobispal y el edificio de la Administración Municipal. Pero posiblemente tiene mucho más caracter la Plaza de San Francisco, presidida por la iglesia y convento del mismo nombre en honor al santo patrón. Se empezó a construir 50 días después de su fundación, en 1534, sobre las ruinas del palacio inca, convirtiéndose en la iglesia más antigua del continente. El complejo religioso de San Francisco es la estructura más grande del Quito colonial, comparable al monasterio de San Lorenzo de El Escorial. Sus altares barrocos y el claustro, con 104 columnas dóricas, es capaz de impresionar tanto al creyente como al simple visitante. A tres manzanas se encuentra La Ronda, que encierra la parte más romántica. Estrechas calles, hermosas viviendas balconadas, y el pálido reflejo de los adoquines, alcanzan una atmósfera especial capaz de inspirar las suaves baladas de los trovadores que en las noches de ronda cantaban a sus amadas. No lejos se alza la iglesia de la Compañía. De estilo churrigeresco y perteneciente a la Compañía de Jesús, tardó 163 años en terminarse. Sobrecoge al visitante por el pan de oro de sus altares y la riqueza de sus pinturas, que le han valido el sobrenombre de "la capilla sixtina de Quito". Hay quien a calificado la iglesia de La Compañía como la más esplendida de toda Lationoamérica. La iglesia de Santo Domingo y el monasterio de San Agustín completarían los edificios religiosos imprescindibles para una toma de contacto con la riqueza artística colonial de la ciudad. Desde la colina de "el Panecillo" se obtine una buena vista panorámica que se extiende a lo lejos con modernos edificos que evidencian su rápido crecimiento en los últimos años. Algunos museos y la inevitable excursión a "la mitad del mundo" constituyen las visitas más interesantes a realizar en la capital de Ecuador, aunque las alturas y valles andinos reclamen nuestra atención. 

La avenida de los volcanes. 

Pichincha, Antizana 5.704 m, Atacazo, Cotopaxi 5897 m, Corazón, Illinza 5.263 m, Tungurahua 5.016 m, Carihuayrazo 5.020 m, Altar 5.319, y Chimborazo 6.310 m, son los volcanes que se suceden a ambos lados de la ruta que oscila entre los 2.300 y los 3.000 metros sobre el nivel del mar, entre Quito y Riobamba y que inspiraron a Humboldt el acertado nombre de la avenida de los volcanes. El verde de los valles donde pastan las vacas y se suceden las haciendas se va tornando ocre a medida que la altura se incrementa, coronando las cumbres con las blancas nieves que presiden el trayecto. Machachi y su mercado dominical, Latacunga que lo celebra martes y sábados, y Ambato, la cuarta ciudad de Ecuador con su mercado de los lunes representan etapas interesantes antes de llegar a Riobamba. 

Riobamba es la capital de la provincia de Chimborazo, antiguo territorio de la tribu preincacica de los puruhá y representa la base de operaciones para los montañeros que quieren ascender a la cumbre más alta del Ecuador. Tambien es el eje central del ferrocarril Transandino que une Quito con Guayaquil. 

En 1860 se iniciaron varios intentos para construir un ferrocarril que uniera la capital con el mayor puerto del país. En 1895, con la presidencia de Eloy Alfaro, se contactó con los técnicos norteamericanos Archer Harman y Edward Morely, para construir el considerado "ferrocarril más difícil del mundo", cuyos trabajos se iniciaron en 1899 bajo la iniciativa de la "Guayaquil & Quito Railway Company". 

Cuando los rieles llegaron a una pared de roca casi perpendicular, llamada "la nariz del diablo" se perdieron muchas vidas en lo que hasta hoy se considera una obra maestra de la ingeniería. Un zig-zag cavado en la roca que permite al tren avanzando y retrocediendo por dos veces hasta superar la pared.

El tren llegó a Alausí en septiembre de 1902 y a Riobamba en julio de 1905. Desde aquí la construcción fué más sencilla. A fines del mismo año llegaba a Urbina, el punto más alto del recorrido situado a 3.604 metros sobre el nivel del mar y el 25 de junio de 1908 el ferrocarril hacía su entrada triunfal en Quito, siendo recibido con unas fiestas que duraron cuatro días. 

Hoy, el transporte por carretera le ha ganado en velocidad, pero el Transandino representa un toque nostálgico y todavía muchos indígenas lo utilizan para trasladarse entre algunos pueblos de la ruta, amén de jóvenes excursionistas y los turístas que bien acomodados en el vagón de lujo trasero se sorprenden de gran parte de la gente vaya instalada en el techo durante buena parte del recorrido. Un día se tarda de Quito a Riobamba y otro día hasta Guayaquil. Siempre se sabe a la hora que se sale, pero nunca a la hora que se llega ya que en algunas épocas del año los descarrilamientos suelen ser habituales. Si esto sucede los expertos operarios "encarrilan" nuevamente las unidades que se han salido de la vía y el viaje prosigue. De vez en cuando, el convoy se cruza con un "autoferro", autobus situado sobre los rieles que tambien sirve de transporte. 

Guamote y Alausí, son dos poblaciones que viven prácticamente de cara al tren, que atraviesa su calle principal. Vendedores índigenas se concentran en ella para vender sus productos a los viajeros. A partir de aquí el tren empieza a descender drásticamente encarando la nariz del diablo, no sin antes pasar por una zona propicia para los descarrilamientos. 

Sibambe es la estación situada al pie de la nariz del diablo y de aquí partía un ramal que llegaba hasta Cuenca. Lamentablemente una inundaciones acontecidas en ..... dieron al traste con la línea, por lo que si quiere llegar a la ciudad y visitar las ruinas de Ingapirca hay que proseguir en auto. El mejor punto para hacerlo es la estación de Chanchan. A partir de aquí y a través de una empinada carretera habitualmente acariciada por la niebla se van remontando los verdes valles donde se extienden desperdigadas múltiples casas habitadas por indígenas. Tras las poblaciones de El Tambo y Cañar, se llega a Ingapirca. El emplazamiento arqueológico más impresionante de Ecuador, construido por los incas sobre un antiguo emplazamiento cañarí, utilizando la misma técnica que en Cuzco, Pisac y Machu Pichu.

Las piedras pulidas, unidas sin argamasa, adquieren una tonalidad especial a la caída de la tarde y el lugar, completamente rodeado de montañas posee una magia parecida a la del Machu Pichu, aunque en proporciones bastante menores. 

Cincuenta kilómetros más al sur se levanta Cuenca. Fundada por los españoles en 1557 es la tercera ciudad del país y una de las más atractivas. Las azuladas cúpulas de su nueva catedral presiden el casco histórico que reclama ser catalogado Patrimonio de la Humanidad y precisa de limitar unas calles peatonales. Algunos restos incas se pueden entrever cerca del rio, pero es el marco colonial, plagado de iglesias y casas nobles, lo que proporciona su belleza.  

La cordillera andina prosigue hasta el sur, pero aqui detenemos nuestro camino. La costa pacífica, la selva amazónica y las Islas Galápagos complentan con sus variados alicientes, la riqueza del Ecuador, aunque sus múltiples atractivos dificilmente nos hagan olvidar el corredor de los Andes.

ISLAS GALAPAGOS: el renacimiento del mundo.

Consideradas por algunos como una arca de Noé en medio del Pacífico, el archipiélago de las Galápagos encierran la suficiente variedad faunística capaz de inspirar a Charles Darwin su teoría de las especies. En 1835 cuando el naturalista británico se encontraba en Lima, en una de las etapas de su  vuelta al mundo a bordo del Beagle, ya escribía a su primo Fox diciéndole "tengo más interés por las islas Galápagos que por ninguna otra parte del viaje". Una significativa intuición que habría de desembocar en su trascendental teoría.

Aisladas del resto de la tierra y situadas a casi mil kilómetros de la costa sudamericana, han visto evolucionar a sus animales mucho antes que el ser humano las pisase por primera vez.

Y fué por casualidad. El 23 de febrero de 1535 partía de Ciudad de Panamá el obispo Tomás de Berlanga, con la misión de zanjar los pleitos surgidos en Perú entre Francisco Pizarro y Diego de Almagro. A los ocho días de viaje una calma absoluta inmovilizó la nave, y posteriormente una corriente fué separándolos paulatinamente de la costa y aumentando sus temores. Escasos de agua y alimentos, un atisbo de esperanza llegó con el avistamiento de un horizonte ondulado. Habían descubierto involuntariamente las Galápagos. Les costó encontrar agua, pero a cambio observaron enormes lagartos que se zambullían en el mar, tortugas moviéndose lentamente entre un paisaje de lava negra y cactus, pinguinos sumamente alejados del ártico, aves rapaces que se dejaban acariciar y una serie de animales que no mostraban ningún tipo de temor ante los seres humanos. Tres siglos más tarde Charles Darwin encontró el mismo panorama y hoy visitantes de todo el mundo pueden disfrutar en un número de cincuenta mil al año, de esta maravilla natural, sorprendiéndose de que tanto pájaros, como iguanas, focas y pinguinos no muestran ningún reparo por la presencia del hombre, que puede acercarse hasta límites insospechados. 

Una serie de pequeños buques de crucero alternan las visitas a las diversas islas o islotes, aprovechando la navegación generalmente nocturna para desplazarse entre ellas. Durante la mañana y la tarde suelen recorrerse por un espacio aproximado de dos horas los senderos marcados del Parque Nacional, que permite la visita de 45 parajes.  

La mayoría de los viajes se inician en Baltra, isla dependiente de la Fuerza Aerea Ecuatoriana y por tanto poseedora de aeropuerto. 

Cinco islas, diecinueve islotes y cuarenta y cinco escollos, alcanzán una superficie total de 11.500 kilómetros cuadrados. La mayor de todas, Isabela, ocupa la mitad de este territorio, con una longitud de 130 kilómetros y 5 conos volcánicos. A su lado, Fernandina, posee solo uno. 

El origen volcánico del archipiélago asegura la falta de conexión del mismo con ningún continente. Cuando sus lavas incandescentes emergieron del océano, ningún ser vivo moraba en ellas. A lo largo de milenios, vientos y corrientes marinas arrastraron hasta sus abruptas costas plantas y pequeños animales. Algunos pudieron llegar volando, otros, como las grandes tortugas, nadando y otras más, quizás flotando sobre algunos troncos arrastrados por los grandes rios tropicales hasta llegar al mar. Estos seres vivos encontraron condiciones favorables para la supervivencia, iniciando una nueva línea evolutiva, aislada genéticamente de su lugar de procedencia. 

La escasez de la flora y la fauna y la existencia de animales desaparecidos hace mucho tiempo en otras partes del mundo, ha permitido el fácil seguimiento por parte de los naturalistas de la evolución acontecida. La situación geográfica en el lugar donde convergen la cálida corriente ecuatorial del Pacífico y la fría corriente de Humboldt, que baña la costa occidental de Sudámerica, origina favorables condiciones para la fauna marina, que a su vez garantiza la alimentación de múltiples aves. 

En Seymour Norte pueden observarse algunas gaviotas de cola bifurcada, muchos piqueros de patas azules, fragatas reales e iguanas de tierra, además de leones marinos en un recorrido semicircular a través del islote. 

Bartolomé posee pocos animales, pero sorprende por su naturaleza volcánica. A pesar de ello, pelícanos y fragatas además del   pinguino de galápagos, el segundo del mundo por su pequeñez, pueblan su superficie y contorno. La visión de dos playas unidas por una zona de verde vegetación constituye una de las más hermosas imágenes paisajísticas. 

Genovesa, también llamada isla de los pájaros, es posiblemente la más apreciada por los visitantes. Fragatas comunes, piqueros de patas rojas, piqueros enmascarados, algún canario y cucuve de galápagos acompañan a iguanas y leones marinos. 

El desembarco en la Caleta Targus, en Isabela, permite acceder a la Laguna de Darwin con varias especies de pizones. Las costas de la Caleta ofrecen garzas, pinguinos, pelícanos y piqueros de patas azules, amén de los omnipresentes leones marinos. 

Punta Espinosa, en la vecina Fernandina, es el reino de la iguana marina que se amóntona en colonias sobre las retorcidas formas de la lava volcánica. Posiblemente su origen procede de una familia de reptiles terrestres que se extendió en otras partes del mundo hace cien millones de años. Aquí se adaptaron al océano, donde pueden sumergirse hasta doce metros para alimentarse de algas. También puede observarse el cormorán no volador, que perdió la capacidad de hacerlo al no tener enemigos que amenazasen su existencia.  

La tortuga gigante, que puede llegar a pesar hasta doscientos cincuenta kilogramos, se puede encontrar en el cerro Croker, una colina de 864 metros de altura situada en la isla de Santa Cruz. 

Iguanas, cormoranes y tortugas gigantes son quizás los animales que más hacen pensar en la prehistoria. Algún día muy lejano, la roja lava de los volcanes surgió de las aguas. Al enfriarse formó la corteza terrestre que poco a poco fué poblándose de vida y evolucionando. En Galápagos se repitió la historia mucho después. Fué quizás...el renacimiento del mundo.

PERU: el vuelo del cóndor

Lima, situada en la costa sur, se levantó en el lugar elegido por el propio Pizarro, quién fundó la ciudad en 1535 para trasladar el poder desde el Cuzco incáico. La Torre Tagle, la Quinta de la Presa, la casa de Pilatos, la de la Riva, la de Oquendo, la de Negreiros y la de las Trece Monedas recuerdan esa época colonial que queda completada con las iglesias de La Merced, San Francisco, San Pedro, Santo Domingo, Santa Rosa, San Agustín, Jesús María, la Magdalena Vieja y San Marcelo.

El museo de Antropología y Arqueología, en Pueblo Libre, el Museo Nacional de Arte, el Museo Rafael Larco Herrera y el Museo Miguel Mujica Gallo permiten rememorar esa época del pasado peruano. Los parques y avenidas de la ciudad y el barrio de Miraflores, junto al mar pueden suponer una etapa previa antes de recorrer el país. 

Islas Ballestas: fauna pacífica  

Si bien cuando pensabamos en Perú nos vienen rápidamente a la mente los vestigios arqueológicos del imperio Inca, maximizados en las ruinas del Machu Pichu, las grandes cumbres de los Andes, las ciudades de la época colonial española, los espacios abiertos del Titicaca o la frondosidad de la selva amazónica, no hay que olvidar que el país dispone de otros alicientes a la hora de visitarlo. Uno de ellos está configurado por las Islas Ballestas, un grupo de islas tradicionalmente productoras de guano y habitadas por una fauna variada, numerosa y sorprendente.  

Al sur de Lima, en la costa occidental del Perú cerca de la ciudad de Pisco, célebre por el aguardiente que en ella se elabora, se encuentra el puerto de San Martín. De allí salen, camino de la exportación, los productos minerales y algodoneros que sustentan la vida económica de la zona. La bahía de Paracas se halla vecina al puerto; una embarcación que parte del lado opuesto a ella puede poner rumbo a las Ballestas, un pequeño grupo de islotes bañados por la corriente de Humboldt que posee un claro atractivo para el visitantee: su fauna.  

A pocos minutos del inicio de la excursión, navegando siguiendo la costa, se divisa un vestigio arqueológico prácticamente único en el mundo, lo que añade un poderoso aliciente al interés de la travesía. Labrada sobre la pendiente arenosa del cerro que desciende hacia el mar hasta romperse en un pequeño acantilado, un gran signo en la tierra, conocido como "La tres Cruces", admira al viajero desde el lejano tiempo de los descubridores. La situación, desde el barco, resulta idónea para su contemplación; concebido para ser advertido desde el mar, de hecho, aunque son varias las hipótesis acerca de su origen, la mayoría cree que éste era precisamente su objetivo; el imperio Huari la habría utilizado como símbolo y aviso de su dominio sobre el territorio. Otros, sin embargo, le buscan su origen antiguo, relacionado directamente con las famosas línaes de Nazca, lo que lo remontaría hasta el siglo primero de nuestra era. Tampoco faltan quienes lo atribuyen a la mano de misteriosos navegantes, piratas tal vez.  

Sea cual fuere el origen verdadero de la imagen, lo seguro es que su excavación en la superficie data de muy antiguo, en la era precolombina y que sólo podía ser apreciado desde el mar. Vista sobre esta gran extensión de tierra, parece inevitable preguntarse cómo no se ha borrado con la acción del tiempo; Duncan Masson, seguramente el arqueólogo que mejor conoce esta zona peruana, cree que el "Candelabro", como también se la llama, fue labrado rompiendo la capa calcárea que la arena cubre y amontonando luego los pedazos duros a cada lado de la zanja. Con el tiempo, se habría formado una nueva capa en el interior del surco y el trazo quedaría fijado. Tal vez esto nos explique la altura de los bordes y el hecho de que la arena, empujada por el viento, no lo haya cubierto ni borrado.  

Vida animal por doquier 

Llegando a las Ballestas, se percibe un espectáculo sorprendente de naturaleza en libertad. Refugio de vida salvaje, intacto pese a la escuela de la extracción guanera, constituye todo un símbolo de conservación de la misma naturaleza que se explota. Aves guaneras y mamíferos marinos dan la bienvenida a su modo. Es su morada natural, piqueros, guanays, cormoranes, pelícanos y leones y osos marinos retazan al sol austral indiferentes a la curiosidad y al trabajo de los humanos.  

Al igual que las islas de los alrededores, tales como las Chinchas, las Ballestas han merecido figurar en la historia económica del Perú merced a sus depósitos de guano. El guano, voz quechua que significa "excremento", es uno de los abonos orgánicos más cotizados debido a su gran concentración de fósforo y nitrógeno. Se presenta como una materia untuosa, ligeramente amarillenta, menos pesada que el agua, y que resulta de la acumulación de excrementos y cadáveres de aves marinas. El litoral americano del Pacífico sur cuenta con los yacimientos más ricos. En menor escala se encuentra también en Africa austral y en zonas muy localizadas de Asia. Existe ademas un guano europeo, menos apreciado, que producen los murciélagos y abundan sobre todo en Cerdeña. Algunos países escandinavos, por otra parte, preparan una especie de guano alternativo a partir de despojos y escamas de pescado.  

La exploración del guano en las islas data de muy antiguo. Lo demuestra el hallazgo de artefactos pertenecientes al período Mochica, en el siglo III a. de C., sepultados a más de veinte metros en los yacimientos. Los incas lo extrajeron de modo sistemático y organizado, adjudicando cada una de las islas a una provincia para su explotación. Durante la época colonial los grandes hacendados compartieron los depósitos de guano con los pequeños agricultores y las comunidades indígenas. En aquel tiempo las Chinchas, hoy totalmente agotadas, eran las más importantes islas guaneras y estaban sujetas a la jurisdicción de Pisco, ciudad cuyo escudo colonial ostentaba la imagen de una de las especies de aves que hoy se conservan en las islas Ballestas.  

Pieza clave para la economía 

No fue hasta mediados del siglo pasado que el guano se conoció fuera de Perú. "Descubierto" por investigadores europeos, el Viejo Mundo se interesó pronto por este "nuevo" fertilizante, cuya eficacia no encontraba entonces competidor. Del entusiasmo suscitado por el guano