ARTICULOS   

Colaborador habitual de múltiples diarios y revistas tanto de caracter general como especializado, Román Hereter lleva más de 500 artículos publicados a lo largo de su carrera profesional. 

El conocimiento de buena parte del mundo y la disposición de un completísimo archivo fotográfico propio, lo hacen especialmente indicado para colaborar en secciones de viajes de cualquier diario o revista general como especializada.  

52 artículos para 52 semanas del año

Aviso legal  artículos (52)

Indice de articulos por continentes:

  1. Tierras de Swahilis

  2. La ciudad de Piedra

  3. Los Spice tours

  • KENIA: Africa en la memoria

  1. Rift Valley, la enorme grieta de Africa

  2. Lago Naivasha

  3. Ruta hacia el Norte

  4. El monte Kenia, el otro gran gigante

  5. Hacia el gran desierto

  6. Territrio Samburu

  7. Campamento de Lujo

  8. Las llanuras del Sevengueti, junto el rio Mara

  9. Orgullo Masai

  10. El Rio Mara

  11. Nairobi y el viejo ferrocarril

  1. Callejear sin cesar

  • ETIOPIA: Uno de los secretos mejor guardados de Africa

  1. Addis Abeba: La  "nueva flor capitalina"

  2. Altiplano Rico y verde

  3. Gondar: el "camelot africano"

  4. Lalibela :Iglesisas cristianas talladas en la roca

  5. Harer: Bastión musulman y foco de tolerancia

  6. El sur: Diversidad tribal y origenes del hombre.

  1. La huella de Islam.

  1. Dunas y montañas

  2. Arte rupestre

  3. Lagos en el desierto

  4. Ciudades Romanas

  • CANADA: Los Parques de las Montañas Rocosas

  1. El primer parque nacional de Canadá 

  2. Jasper 

  1. La vieja Antigua 

  2. Mercado colorista 

  • CUBA: Aire caribeño entre Santiago y La Habana.

  • El otro CARIBE: Las islas no hispánicas

  1. Jamaica   

  2. Bahamas 

  3. Antigua y Barbuda

  4. San Cristobal y Nieves

  5. Dominica 

  6. Santa Lucía

  7. Barbados

  8. Granada

  9. San Vicente y las Granadinas

  10. Trinidad y Tobago

  11. Haiti

  12. Antillas Británicas

  13. Antillas Estadounidenses 

  14. Antillas Francesas 

  15. Antillas Holandesas 

  1. Variedad paisajística

  2. Castigada por los incendios

  3. Plantaciones agrícolas

  4. Termalismo saludable

  1. Quito: claustro de América.

  2. La avenida de los volcanes. 

  1. Islas Ballestas: fauna pacífica  

  2. Vida animal por doquier 

  3. Pieza clave para la economía 

  4. Los Yaguas de la amazonía

  5. Caza y guerra 

  6. Fiebre del caucho

  7. Arequipa y el convento de Santa Catalina 

  8. El Tren de Puno a Cuzco 

  • BRASIL: desde Rio de Janeiro al Amazonas

  1. Salvador de Bahía 

  • SIRIA: Tras las huellas de la historia.

  1. Alepo: el zoco más grande del mundo.

  2. Río fuente de vida.

  3. Palmira: Oasis del desierto, sinfonía pétrea.

  4. Damasco: La capital de los Omeyas

  • PETRA, la joya del desierto

  • ISRAEL: Tras las huellas de la historia.

  1. Jerusalem: La ciudad Santa.

  • Viaje por IRAN: Una agradable sorpresa

  • YEMEN: la joya montañosa de Arabia

  • INDIA: Entre la opulencia y la sencillez

  1. Profundizando en el Rajastán

  2. Prosiguiendo por la ruta clásica

  1. Anuradhapura, Polonaruwa y Siguiriya...

  1. Phuket o el "paraíso" del sur

  2. Hacia el norte, en busca del pasado

  1. Paraíso del libre comercio.

  2. Variedad de etnias orientales

  3. Chinatown

  1. Al descubrimiento del embrujo

  • JAPON: Entre la tradición y la modernidad

  1. El Japón Profundo

  1. Parques Nacionales y Reservas Naturales

  2. Akureyry, la capital del norte

  3. Historia y Geología.

  • NORUEGA: El lento despertar del sol de medianoche

  1. Laponia FINLANDESA: La Aventura sobre el hielo.

  1. El distrito de los lagos

  2. Cracovia: La joya histórica de Polonia

  • PRAGA: La ciudad dorada de las cien torres

  1. Bosques de Bohemia

  2. Moravia, tierra de castillos

  1. Maguncia, el inicio del sueño renano

  2. Rosario de Castillos.

  3. Loreley y el romanticismo.

  1. Ginebra.

  2. Laussanne, y sus alrededores

  3. Berna, capital de la Confederación

  4. Zurich

  5. Basilea, enclave entre tres países.

  6. Alpina donde las hay.

  7. Turismo y estaciones de esquí

  1. Victoria: La elegancia.

  2. "The Great Ocean Road".

  3. Hayman Island: la esclusividad.

  4. Tierra y estados.

  5. Queensland, del duro desierto al relajante trópico

  6. "Outback", el estereotipo

  7. Nueva Gales del Sur, el estilo de vida. 

  1. Routeburn Track: Rumbo hacia Fiorland

  1. Samoa Occidental: regreso a las raíces de la Polinesia

  2. Islas Cook: en memoria del capitán viajero

 

ARTICULOS - AFRICA 

NAMIBIA: 100 años de soledad.  

Namibia. Sudoeste de Africa. Con una superficie una vez y media más grande que España, es un país en el que coinciden diferentes grupos de indígenas, una gran riqueza faunística y donde se encuentra uno de los desiertos más bellos del mundo: el Namib. 

La capital Windhoek, que significa literalmente "ángulo ventoso", representa el punto de encuentro entre las culturas europeas: alemana, inglesa y holandesa y las propiamente indígenas configuradas por Owambos, Damaras, Hereros y Nambas en sus grupos más numerosos y Bosquimanos e Himbas en menor medida. Sin embargo, a pesar de su variedad, Namibia, con una densidad de población de 1,66 habitantes por kilómetro cuadrado, es uno de los países menos poblados de la Tierra: 400.000 almas para sus 824.292 kilómetros cuadrados.  

Una de las cosas que más llama la atención en la capital es la pureza de su cielo. De noche se pueden observar las estrellas del firmamento, que en el hemisferio sur alcanza una belleza sin par, mientras de día el viento se ha encargado de limpiar la atmósfera y aparece el cielo limpísimo, cuyo completo color azul solo se ve truncado en algunas ocasión por estilizadas nubes de formas caprichosas. Bajo ellas la iglesia luterana alemana, rodeada de magníficos y bien cuidados jardines se yergue como el símbolo de la ciudad. Los edificios administrativos y las principales calles comerciales, cuyos modernos establecimientos recuerdan las zonas peatonales de las ciudades alemanas, configuran el centro de Windhoek, mientras sus personajes más llamativos son las mujeres hereros vestidas todavía con espectaculares trajes herencia de la época colonial.  

Pero para observar todo el esplendo de los trajes de esta comunidad étnica hay que trasladarse a la pequeña ciudad de Okahandja, situada a 72 kilómetros al norte de la capital. Es allí donde a finales de agosto tiene lugar el encuentro anual de los hereros y se suceden una serie de desfiles, danzas y commemoraciones religiosas en torno a la iglesia luterana. La fiesta es en honor de sus líderes muertos en la lucha contra los alemanes durante la colonización. Algunos de los líderes hereros descansan en los jardines públicos de la pequeña  población. Los hereros destacan por su sorpulencia. Los hombres visten ropas militares y aunque sin armas, desfilan orgullosos con singular paso de la oca y un porte lleno de marcialidad. Mientras, las mujeres los observan ataviadas con unos llamativos vestidos rojos, donde destacan sus anchas faldas, un amplio sombrero rojo de lo más espectacular y una chaqueta negra. Este es el traje de gala de las mujeres hereros, que utilizan en esta fiesta anual, pero durante todo el año se las puede ver con sus anchos vestidos, bien floreados o a cuadros, y cubiertas por sus aparatosos sombreros que les dan un cierto aire victoriano.  

Es hora de abandonar el bullicio y dirigirse en busca del silencio. Al Sudoeste de Windhoek y con una superficie de 49.768 kilómetros cuadrados se extiende el Parque del Nambi-Naukluft, formado en 1978 fruto de la unión del Parque del Desierto del Namib y del Parque de las Cebras del Naukluft. No se trata sólo de la mayor zona del país para la tutela de la naturaleza, sino posiblemente de la más extraordinaria reserva de fauna del mundo. Y no por la cantidad de animales que en ella habitan, a pesar de su considerable número y variedad, sino por el hábitat en si: el desierto. Porque el Namib, además de dar nombre al nuevo país, es el desierto más vivo del mundo. Creado a merced de la fría corriente de Benguela vagan entre su árida planicies diversas especies de antilopes, oryx y cebras, por poner algunos ejemplos. 

Pero el Namib posee otros "récords": allí crece la planta prehistórica más antigua de la Tierra, la "Welwitschia mirabilis", y se levantan las dunas más altas del mundo, que alcanzan hasta 300 metros en el área de Sossusvlei.  

La aparente monotonía se ve rápidamente truncada por las formas fantasmagóricas de una sucesión de árboles resecos y retorcidos que rompen las ondulaciones del horizonte con sus troncos dirigidos hacia el cielo. La sequia de los últimos años les ha quitado la vida, pero su estética representa un obsequio para los fotógrafos. De repente un grupo de oryx aparece timidamente tras la loma de una duna mientras una bandada de flamencos rosas surcan el cielo. De vez en cuando es preciso detenerse para observar el paisaje, caminar, escucar el silencio. Tras 60 kilómetros de pista hay que dejar el vehículo a menos que se disponga de uno con tracción en las cuatro ruedas. Quedan 5 kilómetros antes de llegar a Sussuvlei, un estanque rodeado de las dunas más altas del mundo. La humedad se hace presente y en el largo camino abundan los arbustos, cuyo número aumenta a medida que el agua se hace más próxima.  

El cansacio aparece, pero todavía quedan fuerzas para remontar la duna más alta, desde donde se obtiene una maravillosa parorámica  de todo el entorno y una vista aérea sobre el estanque. Es el momento para la tranquilidad, para la observación, para el deleite. Cuando cae la tarde, los animales se acercan a beber, mientras la textura del mar de arena va cambiando a medida que el sol desciende. Un juego de luces y sombras se sucede mientras el viento sopla levantando minúsculos granos de arena y el canto de los pájaros se hace cada vez más fuerte. 

El parque del Namib-Naukluft queda flanqueado en su perímetro occidental por el océano Atlántico. Al norte se encuentra la bahía de Walwis que alberga el mayor puerto de la zona, cuyo control se ha reservado Sudáfrica, por lo que es necesario poseer un visado del citado país para entrar en él. En el limite del desierto unas tiendas de campaña marcan la frontera. En los diques del puerto de Walwis Bay es frecuente ver barcos pesqueros españoles en reparación. Un poco más al norte se levanta Swakopmund. Para algunos la ciudad más bonita del mundo. 

Está situada entre el desierto y el mar, y mantiene mejor que cualquier otra el carácter colonial alemán. No ha crecido mucho, no ha pagado el peaje del desarollo industrial. La mayoría de sus casas presentan las fachadas entramadas como en Baviera y las tertulias en sus bares giran en torno a las jarras de cerveza. La comodidad de sus hoteles, la calidad de su gastronomía y el calor de sus gentes representa un respiro para los viajeros, procedentes del desierto. La iglesia luterana, la torre Damara, la casa Hohenzolen y la estación del ferrocarril son algunas de las construcciones que más llaman la atención en un paseo por esta pequeña ciudad, que, por supuesto, debe realizarse a pie. Al Norte de Swakopmund, un carretera paralela a la costa conduce hasta Cape Cross, el punto donde en 1485 el navegante portugués Diego Cáo descubrió estas tierras en nombre del rey Juan II, como lo atestigua una cruz que allí se levanta. Era la primera vez que marineros europeos se aventuraban tan al sur. Pero no es la cruz lo que justifica la parada en Cape Cros, sino la magnífica y numerosa colonia de otarios que habitan en su perímetro. Un número que oscila entre los ochenta y cien mil individuos que se amontonan en un reducido espacio. Los machos, que pueden pesar entre 150 y 350 kilos, aparecen rodeados por los distintos "harenes" de hembras que pueden llegar hasta un número de 25 y cuyo peso medio es de 75 kilos. Más al norte se extiende, como una franja bordeando la costa, el Parque de la Costa de los Esqueletos (Skletton Coast Park). Su nombre proviene de los restos de personas, animales y naves que han perecido sucumbiendo a las peligrosas aguas de la corriente fria de Benguela proveniente de la Antártida que azotan la costa. Todavía es posible observar los cascos oxidados de algunos barcos embarrancados en la arena y que sirven de refugio a todo tipo de aves. El Skeletton Coast Park presenta una rara belleza. Dunas delineadas por el viento, nontañas destelladas, cañones, improvisados cursos de agua y algunos animales resistentes al desierto. La soledad, el entorno y un estremecedor silencio provocan la sensación de encontrarse en otro mundo.  

Las distancias se hacen eternas y lo que apenas parece unos kilómetros en el mapa se convierte en unos centenares. Salir del parque en dirección este hacia Khorixas, la ciudad más importante del territorio de los damaras, no representa un gran cambio en el paisaje. Simplemente pasar el control y sellar el permiso de salida tras apuntar nombre y datos del vehículo en el libro designado a tal efecto. Pero las grandes extensiones de la nada, las "welwitscias" semienterradas en la arena, y los escasos árboles "okerboom" siguen acompañando al viajero. 

Las pinturas rupestres son abundates por esta zona y se complementan por la existencia de un bosque petrificado con árboles fósiles de más de 200 millones de años de antigüedad. Hacia el norte se extiende el territorio de Kaokoland, habitado por los himbas, una de las etnias más peculiares de Namibia. Apenas alcanzan los 700 miembros y representan el grupo minoritario que más ha resistido a las influencias del modo de vida occidental. Son nómadas y vagan con sus rebaños por la parte noroeste del país, buscando los pastos para alimentar a los animales. Construyen chozas de barro y estiércol llamadas "kraals" y untan sus cuerpos con grasa animal mezclada con un polvo rojo extraído de un mineral férreo. De religión animista vagan a lo largo y ancho de los 50.000 kilómetros cuadrados del territorio situado al sur de Angola. La carne, la leche y el maíz constituyen la dieta principal de los himbas aunque a veces se les pueda ver comprando otros productos en alguna tienda de Opuwo, la aglomeración urbana más importante de la zona y a donde se puede llegar por vía aérea. Los himbas me recuedan a los turkanas, la tribu keniata que habita cerca del lago del mismo nombre de cerca de Uganda, Sudán y Etiopía. Las desnudas y relucientes espaldas de las mujeres, la forma de recogerse el pelo, los adornos que se aplican, el entorno donde habitan y el modo de vida tienen muchas similitudes. 

Lo que no tiene similitud con las resevas de Kenia es el Parque Nacional de Etosha, el más rico del país creado entorno al Etosha Pan, un inmenso lago seco formado posiblemnte cuando el río Okawango cambió su curso hace millones de años. Completamente llano, su extensa blancura sólo se ve rota en ocasiones por un grupo de ñus que lo atraviesan o por las siluetas de una pareja de oryx, el animal que simboliza el país. Alrededor del viejo lago una serie de charcas dispersas concentran a la mayoría de animales que sacian su sed y refrescan su pieles. Esta es una de las particularidades del parque, donde es frecuente ver distintas especies mezcladas en un espacio muy reducido. Jirafas, cebras, ñus, gacelas y oryx comparten el entorno. Cuando aparecen los elefantes simplemente les dejan paso y observan cómo los más pequeños se revuelcan en la charca.

 Etosha es uno de los parques más prolíficos de Africa, con un total de 325 especies censadas. Su infraestructura se concentra en tres campamentos: Okaukejo, Halali y Namutoni y las pistas unen la mayoría de las charcas donde resulta fácil contemplar a los animales en plena libertad. La pureza azulada del cielo, las distintas tonalidades de ocres del desierto, las formas caprichosas de los árboles resecos, la armonía animal del pParque de Etosha, el rojo intenso de los vestidos de los hereros o las negras y brillantes espaldas de las mujeres himbas son algunas de las cosas que más llaman la atención en este joven país.   

BOTSWANA: El Delta del Okavango

Proviene cudaloso de las tierras de Angola. Durante un buen trecho, constituye la frontera natura en Namibia, al norte de la tierra de los bosquinamos. Atraviesa con cierta timidez la estrecha franja del Caprivi para entrar posteriormente en territorio de Botswana, en el Africa Austral. Hasta aquí puede parecer un río cualquiera.  

Pero el Okavango no es un río cualquiera. Los caprichos de la naturaleza y las ondulaciones del relieve han hecho que no desemboque en el mar, ni tan siquiera en otro río. El Okavango vierte sus aguas sobre el desierto del Kalahari. Pero ya se sabe que en las masas continentales la tierra sólo se deja erosionar por el agua y, en este caso, las arenas del Kalahari no están dispuestas a ceder ante las aguas angoleñas, por lo que el Okavango no tiene más remidio que encajarcase. Y lo hace formando un delta que se presenta como un prodigio de vegetación, creando un ecosistema único que favorece la vida de animales salvajes, y constituyéndose como uno de los ejemplos más claros de la autenticidad de Africa.  

La preservación de la naturaleza y la existencia turística limitada y adaptada al ambiente favorece esta auteticidad, permite vivirla y provoca, a la vez, unos precios elevadísimos lo que exige un alto poder adquisitivo. No sólo hay que llegar a Maun, la capital turítica de Botswana, sin posibilidad de vuelos charters y excesvas tarifas reducidas. A partir de ahí, hay que ponerse en manos de los operadores turísticos receptivos para trasladarse y alojarse en sus campamentos. Acostumbra a tratarse de tiendas de campañas amplias, bien amuebladas dotadas de duchas y sanitarios en su parte posterior. El precio ronda las ... 35.000 pesetas por persona y días, incluyendo pensión completa con barra libre durante toda la jornada, dos safaris diarios, bien en todo terreno o en canoa a través de los cursos del agua, y el traslado en avioneta privada desde Maun al campamento elegido, lo que sin duda constituye una de las experiencias más impresionantes del viaje.  

En efecto, sobrevolar el Delta del Okavango a baja altura es uno de los espectáculos más fascinantes que he podido observar. La vegetación se alterna entre tonos verdes y ocres, dependiendo de la cantiddad de humedad de la zona, los pequeños brazos del río serpentean sin cesar, y sobre la supèrficie los animales salvajes campan a sus anchas sin mayor temor que las leyes que rigen la supervivencia de su propia especie. Es fácil ver manadas de elefantes, de búfalos, de cebras, impalas, y de hipopótamos en el agua, grupos de sables (antilope difícil de ver en otras latitudes), pero no tan sencillo plantase ante un león, un chetaa o un leopardo, y no hay rinocerontes.  

Es por ello que el cliente medio de nuestro país se sentiría defraudado en el Okavango, mientras disfruta en Kenia por la cantidad de animales existentes y la facilidad en verlos. El Okavango está reservado para los que han hecho ya varios safaris. Mi vecino de la tienda de al lado era un ginecólogo de Oshio. Entre sus hobbies destacan la fotografía de animales y el coleccionismo de cuadros auténtios de Van Gogh. Estaba en el Okavango para vivir la autenticidad de Africa. para él Kenia es un zoológico. "Hay otros mundos .. pero están en este".  

Kruguer Nationl Park: Safari en SUDAFRICA

Situado a unos cuatrocientos kilómetros de Johannesburgo, la ciudad más populosa y capital económica de Sudafrica, el Krugerpark es la reserva animal más importante del país. Ocupa una superficie de dos millones de hectáreas (aproximadamente la provincia de Cáceres) y está situado en el noroeste del Transvaal, junto a la frontera de Mozambique que viene determinada por las montañas de Lebombo. Esta surcado por seis rios y la altitud sobre el nivel del mar oscila entre los doscientos y ochocientos metros. En verano (diciembre y enero en el hemisferio austral) suelen haber precipitaciones lluviosas y las temperaturas máximas pueden rebasar los cuarenta grados centigrados. Es por ello que la mejor época para visitarlos es en invierno, durante los meses de junio, julio y agosto, cuando la temperatura es agradable y las hierbas estan bajas y permiten observar con mayor claridad los animales. La vegetación, que recibe el calificativo de sabana boscosa es compleja y variada según las distintas zonas de tan extensa superficie.  

Las hojas en forma de mariposa del árbol mopani (Copaifera mopane), especie dominante en el paisaje al Norte del rio Olifants (de los elefantes), está en una zona que se extiende hasta el rio Limpopo. Se trata de árboles vetustos entre cuyas formaciones apuntan grupos del igualmente robusto sauce rojo de la sabana (del género Combretum). En pleno trópico, se encuentra el lugar predilecto del elefante y del antílope caballo, una espesura boscosa de quebracho, ébano y caoba, junto a las riberas del río Luvhuvhu; allí existen antiguas agrupaciones del poderoso baobab, evocador de imágenes del Africa de las épocas primitivas. 

Al sur del Olifants (de los Elefantes) y el Este, hay amplias tierras de pasto con hierba roja y hierba de Guínea, abundando las especies arbóreas de acacia negra africana, Combretum imberbe y Sclerocarya caffra. Al Oeste, destacan éstas acacias que pueblan el denso monte boscoso que bordea el rio Sabie entre los campamentos de Skukuza y Lower Sabie.   

No obstante, dentro de ésta extensión de terreno, las zonas altas de alrededor de Pretoriuskop, manifiestan su propia configuración característica por las densas masas de sickle busch (mata) y silver cluster (árbol plateado). 

Por todo el Parque, la vegetación ribereña es selva exhuberante. En el lugar donde abundan las acacias de la fiebre (A. xanthoploea) favorecen la presencia de humedad. El águila pescadora frecuenta las orillas de los rios, cobijándose a la sombra de la higuera sicómora y de la caoba de Natal.  

El parque dispone de dieciseis campamentos unidos por una amplia red de carreteras asfaltadas que se completan con una más extensa tela de araña de caminos de tierra. La mayoría de estos campametos disponen de zonas para tiendas de campaña y caravanas. Todos están dotados de lugares aptos para cocinar y hacer barbacoas. El hecho de visitar el parque en caravanas es bastante común, experiencia practicada por una buena parte de los habitantes del propio país y durante mi estancia en el parque he tenido la oportunidad de ver un gran número de casas rodantes, bien instaladas en los distintos campamentos, bien trasladándose de lugar.  

Los recorridos a través del parque suelen hacerse, en coche particular o alquilado, o en furgonetas cerradas con máximo de ocho pasajeros, no permitiéndose en ningún de los casos el descenso de los vehículos. Las salidas se inician con la apertura de las puertas de los campamentos a las seis y media de la mañana y se prolonga hasta las once y media, con una parada a las ocho para un copioso desayuno. Tras la comida de las doce y la posibilidad de una siesta o descanso, se reanudan a las tres para finalizar a las cinco y media, horario en el que se pone el sol en esta época y se cierran las puertas de los campamentos. Tras una reconfortable ducha se inicia la vida social en torno a una barbacoa es el interio de algunas de las empalizadas existentes.  

Durante los recorridos se obsevan constantemente algunas de la gran cantidad de impalas que viven entre los confines del parque. Los babuinos les siguen en importancia numérica. De vez en cuando nuestra mirada se para ante alguna jirafa, grupo de cebras, nyala o Kudu. Junto a los rios se puede observar algún cocodrilo o grupo de hipopótamos. La suerte nos ofreció una pequeña manada de cuatro elefantes, un león haciendo la siesta y un grupo de leones que se alejaban rapidamente, y nos negó la visión del leopardo, la cheeta o guepardo y el rinoceronte. También pudimos observar alguna hiena manchada, varios gamos y una gran variedad de pájaros de todos los tamaños y coloridos.  

Junto al Kruguer Park hay una serie de reservas privadas que ofrecen la gran ventaja de los paseos en jeeps descubiertos que permiten una visión más adecuada y una mayor movilidad a la hora de observar los animales. Además los vehículos proporcionan la posibilidad de abandonar los caminos e internarse campo a través para acercarse a los que pastan o descansan en cualquier lugar de la reseca sabana. El menor número de animales queda compensado por el hecho que los 5 ó 6 vehículos que salen a la vez, están intercomunicados por radio y cuando se localiza un animal interesante se avisa a los que están más próximos. La dotación del jeep está formada por dos personas. El conductor, blanco que hace las funciones de guía y explica las características y comportamiento de las bestias, y un ojeador negro que va sentado sobre el capó del automovil. Una carabina servirá de recurso a los expertos rangers en caso de peligro. Otro de los atractivos de las reservas privadas es el safari nocturno. Hay que recordar que en los parques nacionales las puertas de los campamentos se cierran a las 17,30 horas. Durante la noche después de la puesta de sol, que en Africa alcanza una dimensión distinta, hechizante, embriagadora, aparecen los animales especificamente nocturnos, y los diurnos se comportan de muy distinta manera que durante el día. A los faros del vehículo hay que sumarle un potente foco móvil que el ojeador agitará panorámica y constantemente en un arco de 180 grados hasta detenerse cuando vislumbra un ser vivo inmóvil o que se desliza por entre los arbustos. De repente su mirada quedará deslumbrada y sus pupilas reflejarán los haces luminosos que rivalizan en vivacidad con el firmamento estrellado del hemisferio austral. El regreso al campamento supondrá el llenar el estómago a base de barbacoa al aire libre, con carne de impala incluida, y la oscuridad de la noche se vera simplemente alterada por el rojo del fuego y la blanca claridad de la luna que se presenta en posición poco habitual. Noche africana en plena sabana. 

Mala Mala tiene la fama de ser la reserva de animales salvajes más lujosa del mundo. El precio por persona y dia de estancia en el campamento ronda las 50.000 pesetas y el staff se ocupa de todos los detalles para asegurar una estancia inolvidable a sus selectos clientes entre los que se encuentran algunas de las personas más ricas del mundo, los artistas de cine y cantantes mas famosos y los políticos más renombrados. Prácticamente se asegura la visión en una estancia de dos días de los llamados "Big five" o cinco grandes, es decir los animales que más impresionan y son más buscados en un safari como son el león, el leopardo, el elefante, el búfalo y sobre todo el rinoceronte. Las cabañas que sirven de alojamiento tienen todas las comodidades y alfombras de pieles de cebra o impala. Las veladas nocturnas son de lo más agradable pero una de las cosas que más me llamó la atención durante mi primera estancia en la reserva es que a los postres del almuerzo, poco antes de salir para el safari de la tarde, el ranger y conductor de mi vehículo se acercó a nuestra mesa para explicar y preguntar a la vez: Hoy la puesta del sol se producirá a las seis de la tarde, momento en que pararemos en plena sabana para contemplarla en todo su esplendor, poniendo pie en tierra y paseando durante el creprúsculo. ¿Preferirán degustar alguna reserva especial de los vinos de nuestra bodega o se ibnclinarán por el champagne?. Hay otros mundos, pero están en este. 

MAURICIO: Isla de tres continentes

Playas de arenas blancas, aguas límpidas y transparentes, bosques de palmeras extendidos por el litoral... Unas isla lejana, el color azul del mar y del cielo..

Estas son las imágenes comunes para unas vacaciones placenteras y relajantes. El mundo esta lleno de estas islas tropicales a lo largo y ancho de los siete mares. Algunas están desiertas, otras saturadas de gentes, pero son muy pocas las que han sabido mantener el equilibrio entre la multitud y la soledad, entre la falta de instalaciones para personas que huyen del agobio de occidente y las molestas aglomeraciones de complejos hoteleros dispuestos a recibir a multitud de turistas que pasan sus vacaciones bajo el sol del día y las luces de la noche. Mauricio es una de ellas. 

Esta isla del Índico reune todos los requisitos y ha sabido controlar su oferta hotelera, ofreciendo un producto de calidad que satisface a los visitantes que recibe. Unos clientes que disfrutan del confort y que disponen de todo tipo de actividades para evitar el aburrimiento. Diversidad de deportes náuticos, espectáculos nocturnos y juegos de animación, se ofrecen diariamente en la mayoría de los hoteles isleños, sin representar un gasto adicional para sus huéspedes. La caza del ciervo, la pesca en alta mar y la práctica del golf completan las actividades a disposición del extranjero.

Pero, con todo, no son estos aspectos los atractivos más remarcables de Mauricio. Existen otros alicientes que generalmente no llegan a ser conocidos por este turismo que se instala en los hoteles sin descubrir la realidad de la isla.

Porque Mauricio tiene impresionantes paisajes, una población multiétnica, multicultural y multireligiosa, amable y de fácil conversación, lugares sorprendentes y caminos sugestivos.

Criollos del continente africano, indios, chinos y también europeos configuran, conjuntamente con el lógico mestizaje, el pérfil humano de la isla. Una diversidad que sólo se puede reencontrar en las monstruosas ciudades de fin del siglo XX. Animistas, budistas, cristianos, hinduistas y musulmanes se respetan mutuamente sin abandonar los preceptos de sus respectivas creencias. En total, un millón y medio de personas conforman un pequeño mundo donde conviven diversas razas y religiones en admirable tolerancia. Ninguna comunidad pretende obtener la hegemonía, probablemente porque ninguna tiene el derecho de reclamarla. 

Los primeros vestigios de presencia humana en la isla son de orígen árabe. Siglos después, los portugueses la utilizaron como lugar de aprovisionamiento y descanso en sus rutas hacia las Indias. A partir de 1598 los holandeses la colonizaron y la dedicaron principalmente a la explotación de madera de ébano. De aquella época proviene el nombre de la isla, bautizada en honor del gobernador de los Países Bajos, Mauritius de Nassau. En 1715 pasó a manos francesas cuando fué llamada por el gobernador Mahé de Mabourdonnais Isla de Francia. En 1810 cayó en manos británicas en el ámbito de la Commonwealth. A lo largo de su corta historia ha ido recibiendo gentes de diversas razas provenientes de Africa, Asia y Europa. 

Curiosamente cada raza se dedica, a grandes rasgos, a determinados sectores de la economía isleña, como se puede descubrir a menudo echando un vistazo o hablando con la gente a pie de carretera. Los isleños no dedicados al turismo no están muy acostumbrados a hablar con extranjeros, por lo que la curiosidad es mútua y nuestros interlocutores acostumbran a rebosar amabilidad por los cuatro costados. Los habitantes de Mauricio de origen europeo acostumbran a controlar las empresas dedicadas al turismo y las refinerías de azúcar, que constituyen la primera fuente de ingresos del país. Los chinos dirigen el comercio, mientras que la comunidad india, traída por los ingleses para trabajar en las plantaciones de azúcar, se dedica a las labores que requieren una mayor productividad. Los criollos, y no tienen inconveniente en reconocerlo, son los más ociosos y procuran ganar únicamente lo imprescindible para vivir. Es frecuente verlos organizados en grupos musicales animando los aperitivos playeros del mediodía o las veladas nocturnas con sus canciones cantadas en créole. El criollo tiene sus orígenes en el francés antiguo, enriquecido con algunos vocablos africanos e ingleses. Es la lengua más utilizada por la población y sirve a la vez de puente de comunicación entre las distintas comunidades. En realidad es una lengua producto de contraer el francés para hacerlo más asequible a las capas más bajas de la sociedad colonial. Sin una gramática definida, ha sido trasmitido mediante la expresión oral y se habla también en Reunión, Seychelles, e islas del Caribe como por ejemplo Martinica y Guadalupe. 

Los hoteles acostumbran a ofrecer a sus clientes una serie de excursiones organizadas que permiten conocer los lugares clásicos y turísticos de la isla. La capital, Port Louis, representa el mayor compendio de variedad étnica, especialmente en su mercado diario, con áreas dedicadas a las comidas limitadas para cada creencia religiosa. Pamplemousses ofrece el contrapunto natural con su variedad botánica, constituyendo uno de los jardines más importantes del mundo por lo que respecta a la diversidad de flora. Curepipe nos transporta a la atmósfera de los tiempos coloniales con sus iglesias y mansiones señoriales. Chamarel ofrece el toque clásico y estático de una zona de siete colores, que se alternan entre las suaves ondulaciones de la tierra rodeados por la verde vegetación circundante. 

Pero, a pesar de lo mencionado, hay que descubrir Mauricio sin rumbo fijo. Son sólamente 1.865 kilómetros cuadrados rodeados de agua salada, cruzados por pequeños caminos y presididos por el Pitón de la Rivière Noire, la cima más alta, quen con 828 metros de altura sobre el nivel del mar sirve de orientación al viajero sin rumbo. Este, a medida que avanza en su camino, puede contemplar a las gentes trabajando en el campo, cortando caña de azúcar, volviendo de pescar o lavando la ropa en alguno de los rios que bajan de las montañas. 

El verde domina todo el paisaje y hace destacar el rojo de los saris de las mujeres indias o el blanco de los vestidos de las criollas. De repente, blanco y azul aparecen tras una curva. Se trata de las salinas que mantienen la actividad de sus trabajadoras transportando la sal producto de la evaporación del agua del mar. Mientras, en el otro extremo de la isla, los ciervos saltan en libertad esperando o intuyendo que un cazador los abatirá un día no demasiado lejano. En el campo, la zafra ofrece trabajo a muchos de los habitantes de Mauricio. Trabajo duro, intenso, agotador, pero según sus protagonistas, bien remunerado. No se adivina unn gesto de amargura en la gente. Ofrecen la impresión de felicidad que siempre se imputa a los habitantes de las islas del trópico. La naturaleza les ha otorgado un don del cual estan orgullos y que les aisla de los problemas lejanos.   

Y además, a pesar de ser una isla turística, sus habitantes no están todavía maleados por las consecuencias de dicha industria sin chimeneas. Y esto lo deben a los extranjeros que salen muy poco o nada de sus cómodos hoteles. Unos y otros viven vidas diferentes y los contactos son muy escasos. Por eso, cuando se produce el encuentro y el viajero se interesa por el tipo de vida y existencia, aflora una amabilidad que nos sorprende y el concepto de hospitalidad alcanza sus máximos valores. Que así sea por mucho tiempo. Asi, todos seremos, por unos instantes, más felices. 

ZANZIBAR: La isla de las especias 

Viajar a Zanzibar es como atravesar el túnel del tiempo y trasladarmos a los escenarios donde transcurren las fantásticas historias narradas en los "Cuentos de las Mil y Una Noches". Al lado de estas aventuras imaginarias, fruto de mentes inspiradas por el exotismo de una isla mitad africana, mitad árabe, encontramos hechos reales no menos legandarios. Se trata de las expediciones realizadas a medianos del siglo XIX por las tierras del interior de Africa, en aquel tiempo inhóspitas, que tenían como punto de partida la isla de Zanzíbar.  

Situada a 36 kilómetros de la costa oriental africana, era el lugar idóneo para la provisión de víveres y porteadoes necesarios para emprender aquellos viajes. Así lo hicieron, entre otros, el mítico explorador y misionero escocés David Livingstone y el tenaz periodista Stanley, que partió en busca del primero y fue autor de la célebre frase que pronunció tras encontrarlo a orillas del lago Tanganika "¿El Doctor Livingstone, supongo?" 

La historia reciente de Zanzíbar nos habla de un período de dominio colonial británico que se inicia a finales del siglo pasado y termina en diciembre de 1963 con el reconocimiento oficial de su independencia. A pocas semanas, una revuelta popular contra la oligarquía árabe en el poder, derrocó al último sultán del país instaurando un régimen socialista que tiene el soporte de la comunidad mayoritaria de origen africano. 

Desde 1964, Zanzíbar es una región autónoma de la República Unida de Tanzania, tras federarse con el país más próximo del contimente africano: Tanganika. 

Desde el punto de vista administrativo, el nombre de Zanzíbar engloba un pequeño archipiélago del Océano Indico, separado de la costa oriental africana por un estrecho canal.  

La isla principal del mismo nombre, con una superficie de 1.658 kilómetros cuadrados, es el objetivo de un turismo especialmente intenso entre junio y septiembre, la temporada menos lluviosa. 

El acceso a Zanzíbar puede realizarse desde Nairobi, Mombasa, Arusha o Dar es Salam, la ciudad más importante de Tanganika y capital virtual de la República de Tanzania, aunque hace algunos años perdió oficialmente este título.

Desde aquí salen vuelos diarios que requieren una reserva anticipada de los billetes si se quiere evitar sorpresas.  

Por vía marítima, la "Shipping Corporation of Zanzíbar" pone a la disposición de los visitantes sus barcos convencionales, pero es muy dificil resistir la tentación de realizar el trayecto en dhow, una embarcación tradicional propulsada a vela y con muchos siglos de historia dentro del mundo árabe.

Actualmente los dhow incorporan un motor que les resta parte de su encanto, pero la travesía representa igualmente una pequeña aventura en todos los sentidos.  

El carácter islámico de Zanzíbar, nombre que proviene del farsi antiguo "zendji-bar", "tierra de negros", se evidencia en las numerosas y concurridas mezquitas que encontramos por doquier.

Casi toda la población profesa el culto mahometano y en los últimos tiempos la religión se ha convertido en argumento para los que defienden la independencia de la isla. La actividad agrícola acapara la mayor parte de los recursos humanos del país, que ha contado desde los primeros años de independencia con la ayuda de la tecnología agraria procedente de otras naciones, especialmente de China. Los resultados obtenidos han sido muy aceptables en comparación con los países del entorno.

Son importantes los cultivos de arroz ----del clavo, del cual es máximo productor mundial. De esta forma no es raro que sea conocida popularmente como "la isla de las especias". 

Tierra de Swahilis 

Para muchos, el hecho más característico es la presencia de la cultura swahili, los orígenes de la cual se remontan al siglo VIII, con las primeras expediciones comerciales de persas y árabes a la costa oriental africana. El estalecimiento de numerosas colonias a lo largo del litoral originó la aparición de una raza mestiza resultante del contacto entre los negros bantús y los árabes.  

El factor cohesionante del universo swahili es su lengua, llamada kiswahili, que funciona como nexo de unión entre los diferentes grupos étnicos bantúes extendidos desde las costas de Somalia hasta Mozambique. 

El kiswahili es hablado actualmente por más de 30 millones de personas y presenta una gran variedad de dialectos, aunque el utilizado en Zanzíbar, donde es idioma oficial junto al inglés, se considera como el estándar por su pureza. 

La visita isleña puede dividirse en dos etapas claramente diferenciadas. La primera consiste en conocer la ciudad propiamente dicha, situada en la costa oeste de la isla, con los monumentos que permiten hacemos una idea de la época en que era uno de los sultanatos más prósperos del mundo árabe.

La segunda se nos presenta en forma de excursiones a diversos puntos de la geografía isleña donde, además de ver numerosas ruinas en un estado desigual de conservación, se incluyen visitas a las plantaciones de especias así como ratos de relax en las distintas playas.  

La ciudad de Piedra.

El núcleo de la ciudad de Zanzíbar, conocido con el nombre de Stone Town o Ciudad de Piedra, conserva parte de la arquitectura construida durante el período de máximo esplendor.

Su época dorada comenzó a finales del siglo XVII, cuando estaba bajo el dominio de los árabes de Omán, tras casi dos siglos de ocupación portuguesa. Convertida en sultanato dependiente de la capital omaní Muscat, era el punto de partida y llegada de las expediciones que iban a buscar marfil y esclavos a los territorios del interior de Africa.

Cuando a medianos del siglo XIX el sultán Seyid Said trasladó su corte aquí, la ciudad ya poseía un importante mercado de esclavos y era el principal centro de distribución de las mercancías procedentes de continente africano. 

Todavía se percibe el aroma de las especias expuestas en los mercados, hecho que proporciona una peculiar ambientación en sus barrios genuinamente árabes. Son muy habituales las casas bajas construidas en piedra coralina, algunas de las cuales todavía conservan la antigua tradición que consiste en esculpir la puerta principal con motivos que simbolizan la prosperidad y la fertilidad.  

El antiguo palacio de los sultanes de Zanzíbar de las Maravillas, es el monumento más emblematico y atractivo de la Ciudad de Piedra. Finalizada su construcción en 1883, sus dimensiones están en consonancia con el poder material y espiritual alcanzando por sus mandatarios. Actualmente los cuatro pisos son sede de un partido político y lamentablemente no se puede visitar. 

La casa conocida con el nombre de Livingstone House, en la que residió el explorador durante su estancia en la isla, también se encuetra ocupada por unas oficinas, aunque en este caso de información turística.  

En el lugar donde estaba situado el mercado de esclavos, se levanta ahora una catedral anglicana construida en 1877 con materiales coralinos. La convivencia pacífisca entre diferentes religiones queda simbolizada también con otra catedral, la de St. Joseph, en este caso de confesión católica.  

El punto de Zanzíbar donde resulta más fácil establecer contacto con su gente es en los Jamituri Gardens, extensos jardines situados frente al mar. Es el lugar predilecto de muchas personas que se acercan sólo por el puro placer de conversar y disfrutar de la puesta de sol mientras suavemente les acaricia la brisa marina. Muchos visitantes realizan una parada en estos jardines durate su periplo por la Ciudad de Piedra y aprovechan para probar un tentempié algo picante, ofrecido por los numerosos vendedores ambulantes que hay en la zona. Los jardines de Jamituri, están dominados por un imponente castillo en ruinas, construido por los portugueses para defender la ciudad de los ataques piratas.  

Entre las tortuosas calles de la ciudad se concentran la mayoría de hoteles y restaurantes de Zanzíbar. El Africa House Hotel, que durante la época colonial fue el punto predilecto de reunión de los británicos, ocupa un lugar de privilegio en primera línea de mar y posee uno de los pocos bares que existen en la ciudad. También muy cargado de historia, a poca distancia del primero, el Zanzíbar Hotel acogía antiguamente a los huéspedes del sultán y constituye en la actualidad uno de los mejores exponentes de la arquitectura árabe.  

Los Spice Tours 

Mezquitas, palacios y baños persas, o mejor dicho sus restos, es lo que uno puede visitar durante las excursiones por la isla.

La forma más habitual de hacer estos recorridos es mediante un Spice Tour o "viaje de las especias", que consiste en concertar los servicios de un taxi entre un máximo de cuatro personas. Su nombre se debe al hecho que la excursión incluye visitas y hasta degustaciones en algunas plantaciones de especias.

Este popular sistema de desplazamiento cubre tres rutas alternativas, pero la más interesante, desde el punto de vista arquitectónico, es la que nos conduce a los territorios del norte.  

El trayecto permite conocer las ruinas de dos palacios, el Palacio de Mtoni, propiedad de un rico mercader de principios del siglo XIX, y el Palacio de Maruhubi, que fue construido por el sultán Bargash a finales del mismo siglo con el objetivo de alojar su harén. También se visitan los restos de los baños persas que el sultán Seyid Said hizo construir para complacer a su esposa de origen persa, como las llamadas Slave Caves o cuevas de esclavos. Estas cuevas servían para esconder a los esclavos que eran embarcados ilegalmente después que en 1873, el sultán Bargash clausurase el mercado de esclavos de Zanzíbar. Para hacer honor al nombre de Spice Tour, el recorrido penetra en las tierras del noroeste, conocidas como Shamba Lands, donde se encuentran las plantaciones más importantes del árbol del clavo, productor de la especia que ha dado fama mundial a la isla. 

Zanzíbar también ofrece playas genuinamente tropicales. La más tranquilas y a la vez menos explotadas por el turismo se encuentran en la costa oriental, donde la rutinaria vida de los pequeños pueblos pesqueros no se ha visto alterada por los tiempos modernos.   

KENIA: Africa en la memoria

"Yo tenía una granja en Africa, al sur de las colinas de Ngong". Una frase varias veces repetida en una magnífica película con Robert Redford y Meryl Streep de protagonistas que narra la historia real de la baronesa Blixen, abandonada junto a su finca de café a las afueras de Nairobi, por su marido, el famoso cazador Bror. La baronesa vive una aventura romántica con Denys Finch-Hatton que fallecerá en un accidente de avioneta. Tras entrar en bancarrota la baronesa regresa a Europa donde escribe su libro de recuerdos que con el título de "Out of Africa" es llevado al cine por Sidney Pollack. 

El film refleja fielmente el ambiente colonial inglés durante las primeras décadas de siglo y sus exteriores invitan a una visita a Kenia. Tras el estreno aumentaron vertiginosamente los viajes al país africano, pero el viajero se pregunta antes de partir si realmente podrá contemplar por sí mismo el vuelo de los pelícanos, las enormes manadas de cebras y ñus, el descanso de los búfalos, el apareamiento de los leones, los enormes colmillos de los elefantes y las blancas arenas de las playas del Índico bajo la sombra de las palmeras, o estas son imágenes provocadas por los magos del celuloide gracias a sus presupuestos ilimitados. 

Cuando se ponen los pies en Nairobi se empieza a desvelar la incógnita. La ciudad se construyó gracias al paso del ferrocarril que unía Mombasa, en la costa del Índico, con el lago Victoria. El motivo inicial era estratégico: unir las zonas ribereñas del lago con el océano antes que los alemanes subieran desde el sur. Los costes fueron altos y para amortizarlos se fomentó la instalación de colonos que explotaron las ricas tierras del Valle del Rift y la mano de obra de sus pobladores, los kikuyus. La ciudad fue en principio un almacén de material ferroviario, pero muy pronto se convirtió en el centro comercial y político de la región. Mucho más tarde ha visto crecer vertiginosamente su población cono la mayoría de las ciudades del mundo, pero todavía es posible vivir el ambiente colonial en el hotel Norfolk. 

Rift Valley, la enorme grieta de Africa 

En Africa Oriental entre Egipto y el valle del Zambezi, en Mozambique, se extiende el gran valle del Rift, una falla tectónica de 8.700 km. de longitud. Una ruptura de la placa africana cuya distancia supera el cuarto de la circunferencia de la Tierra. Y es precisamente en las tierras altas de Kenia donde el gran valle es más abrupto e inaccesible, tomando el nombre de Valle Gregoriano del Rift en honor a Gregory, el geólogo que lo descubrió. Entre las fronteras etíope y tanzana se extienden una serie de volcanes de distinto tamaño y edad y una cadena de siete lagos cuyas aguas provienen exclusivamente de las lluvias, aunque disponen de diferentes niveles de salinidad. Sólo las aguas de los lagos Naivasha y Baringo son dulces. El Elmenetia y el Nakuru se pasan la mayor parte del año secos. El Magadi, que soporta temperaturas superiores a los 40 grados a la sombra, es rico en potasas, sales y otros minerales. El lago Bogoria dispone del atractivo complementario de sus geíseres, mientras el Turkana, el mayor de todos, se extiende como un auténtico mar en medio del desierto, de 290 kilómetros de longitud por 48 en su parte más ancha. Dos de sus islas interiores se han declarado parque nacional y en sus riberas se extiende asímismo el Sibiloi National Park, donde se encuentra la mayor población de cocodrilos de toda Africa.  

Lago Naivasha 

A poco más de una hora de camino desde Nairobi, siguiendo la autopista transafricana hacia el noroeste, encontramos el lago Naivasha. Su proximidad a la capital, 85 kilómetros y su belleza, atrajeron algunas residencias secundarias en sus orillas, donde durante los fines de semana se celebraban fiestas sociales. El lago, el más alto y bonito de los siete del Rift, tiene una superficie de 170 kilómetros cuadrados, se encuentra en el fondo de un valle, a 1.900 metros sobre el nivel del mar y junto al volcán Longonot, que alcanza una altura de 2.886 metros. Sus dulces aguas, ricas en pesca, se utilizan además para regar las tierras de los alrededores. Pero su mayor atractivo viene dado por las más de 325 especies de aves acuáticas que lo convierten en un auténtico paraíso para los ornitólogos. Algunas de ellas se acercan sin miedo a las terrazas de los lodges ribereños, que reproducen todo el refinamiento del colonialismo británico. Pero la mejor forma de contemplar la vida en el lago es realizando un paseo en barca, bien a última hora de la tarde, durante la puesta de sol, bien al despuntar el día. 

Cientos de aves revolotean, emitiendo todo tipo de sonidos, sobre las plateadas aguas del Naivasha, mientras alguna pequeña barca de pescadores procede a sus capturas. Junto a alguna de las orillas, un grupo de hipopótamos permanece sumergido, a salvo del calor. Cada cuatro o cinco minutos, sacan la cabeza durante algunos segundos para tomar el aire de la superficie. Sobre unos secos árboles en medio del lago, las aves los observan sobre sus nidos. Un trío de pelícanos extienden sus grandes alas en un vuelo rasante y en las orillas los gamos de agua prosiguen su alimentación hervíbora. 

Con un peso en torno a los 250 kilos y una altura que alcanza el metro treinta, los gamos de agua, llamadas asímismo Cobs acuáticos, son reconocibles por la elipse blanca en su cuartos traseros. De pelaje abundante gris oscuro, nace una sola cría tras una gestación de 8 meses y tienen una esperanza de vida entre los 10 y 12 años. Precisan una dieta más rica en proteínas que los otros bóvidos, por lo que necesitan ingerir gran cantidad de agua, lo que les lleva a habitar en zonas con aguas permanentes. Esto y su marcha pesada les convierten en un animal básicamente sedentario. 

Ruta hacia el norte 

Siguiendo hacia el norte bordeamos el Aberdare National Park, que se extiende en torno a la cadena montañosa de los Aberdares cuyo pico más alto alcanza los 4.000 metros. Con una extensión de 780 kilómetros cuadrados, es el parque más alto de Africa, y añade al atractivo de sus especies animales, el marco natural repleto de cascadas, riachuelos y barracos. En el parque se hallan dos de los mas famosos lodges africanos: Treetops y The Ark, construidos junto a sendos charcos de agua donde acuden a beber las manadas de elefantes, rinocerontes, búfalos, etc.  

Tras atravesar el ecuador llegamos a las cataratas Thomson, bautizadas en memoria del joven explorador británico que descubrió estas tierras. Es una caída de agua de 70 metros de altura, situada a 2.500 metros sobre el nivel del mar, y se sitúan en territorio kikuyu, cuyos habitantes se refieren a las cataratas como Nyahururu, que significa "el lugar de las aguas profundas".

 Los kikuyus, con 3.200.000 mienbros representan el grupo étnico más numeroso de Kenia y aunque en un principio eran fundamentalmente ganaderos, han sido los que más se han adaptado a la forma de vida occidental. 400.000 de ellos viven en la ciudad y los demás se dedican en su mayoría a la agricultura. Mantienen una fuerte actividad política, participando además en el comercio y los negocios del país. Junto a las cataratas, cuya mejor panorámica se obtiene desde el Thomson's Falls Lodge, se encuentra un mercado de artesanía kikuyu, con diversos objetos relacionados con sus tradicional forma de vida. 

El Monte Kenia, el otro gran gigante 

Situada en territorio tanzano se levanta la mole del Kilimanjaro que con sus 5.895 metros de altura es la montaña más alta de Africa. Sus nieves perpetuas extendidas sobre la erosionada cima volcánica son vistas desde Kenia, sobre todo desde el parque nacional de Amboseli. Pero en territorio keniata hay una mole que si bien no alcanza la altura de su vecina del sur, sí rivaliza en belleza y atractivo. Se trata del Monte Kenia, su mayor cima, el Batian alcanza los 5.199 metros de altura y a su alrededor se extienden una serie de lagunas de morrena, glaciares, cascadas y barrancos. Las nieves perpetuas, que se reflejan en los 32 lagos existentes, sorprenden al situarse en el mapa junto a la línea ecuatorial. El parque nacional del Monte Kenia es rico en águilas, buitres, etc. En ocasiones se han visto huellas de leopardos en la nieve a 4.500 metros de altitud y se han encontrado restos de un elefante y varios búfalos por encima de los 4.300. El parque dispone de las "carreteras" más altas de todo el continente, que permiten alcanzar motorizados los 4.200 metros.   

Hacia el gran desierto 

Dejando atrás el Monte Kenia y siguiendo hacia el norte, el paisaje cambia radicalmente. Las altas tierras y su abundante vegetación dejan paso a las llanuras bajas y al desierto. Las temperaturas suben rápidamente y el sudor empieza a aflorar. Es entonces cuando uno tiene la sensación de penetrar realmente en Africa. Es la entrada al bajo Sahel, que a la larga dará paso al desierto sahariano. Y como la vida se adapta siempre al entorno, el modo de vida cambia tambien de manera radical. La vida sedentaria, agrícola, granjera, da paso al nomadismo. Llanuras polvorientas, poco habitadas, pozos distanciados, pésimas comunicaciones ... el desierto.  

Gentes procedentes de todas direcciones y tras largas marchas a pie se dan cita en los mercados de las pocas ciudades para intercambiar sus productos. Como en Isiolo, uno de los últimos puntos donde llega la burocracia. Una aglomeración urbana cuyo animado y pintoresco mercado se celebra a pocos metros de una mezquita, la construcción más impresionanante de la ciudad. 

Frutas extendidas sobre pañuelos, mujeres atraviadas con llamativos ropajes, caras quemadas por el sol, hombres vestidos de blanco prestos a orar. Y de repente, un cuerpo perfecto, estilizado, una cara atractiva y una mirada penetrante. La máxima expresión de la belleza femenina encarnada en una mujer que destaca sobre las demás, que concentra la atención de los viajeros. Es una somalí, perteneciente a la tribu del mismo nombre, que con su carácter orgulloso e independiente se ha extendido durante siglos por las tierras de Kenia en busca de pastos frescos para su ganado y cuyo exilio se ha incrementado durante los últimos años con motivo de la guerra.

Territorio Samburu 

A pocos kilómetros al norte de Isiolo se encuentran un trío de reservas nacionales, Shaba, Buffalo Springs y Samburu, cuyo denominador común es el desierto de martorrales sólo roto por la verde vegetación que proporciona el curso del río Ewaso Nyiro o río Marrón. 

Son tierras donde habitan los sumburus, tribu básicamente pastoril con 75.000 miembros que viven generalmente en poblados formados por 10 propietarios de ganado. Se alimentan básicamente de leche enriquecida con sangre de vaca o cabra y sólo en contadas ocasiones ingieren carne. Son bastante parecidos a los masai, con los que comparten idioma, aunque no han adoptado una actitud de dominación frente a otras tribus. Habitan en cabañas bajas que construyen formando un círculo que servirá para proteger el ganado situado en el interior. Polígamos por natulareza, el poder esta detentado por los ancianos.  

La reserva Natural de Samburu ocupa una extensión de 102 kilómetros cuadrados y destaca por albergar variedades como la jirafa reticulada y la cebra de Grevy así como oryx, gran variedad de gacelas y antílopes, elefantes, leopardos, leones, cocodrilos, etc. 

Campamento de Lujo 

Nuestro alojamiento no se acomodó en los típicos lodges, sino en tiendas de campaña situadas junto al río. El Larsen's Camp está formado por grandes tiendas de color verde y dotadas de todas las comodidades posibles que se agrupan bajo la sombra de los árboles. Una amplia terraza desde la que se podía contemplar el cauce fluvial, franqueaba la entrada a cada habitáculo resguardado del exterior por una serie de cremalleras que impedían la entrada de todo tipo de pequeños indeseables. Una vez en el interior dos cómodas camas se situaban en ambos laterales.  

Inmediatamente después dos grandes baules compartimentados servían para colocar la ropa y un escritorio para organizar las notas tomadas durante el día. Al fondo del habitáculo y separado del resto por una nueva pared de lona, ducha, lavabo e inodoro con agua cliente y fría facilitaban el aseo diario. 

En el centro del campamento una gran tienda resguardaba un amplio comedor junto al que se encontraba un bar, especialmente agradable a la caída de la noche, al igual que el grupo de sillas situadas en torno al fuego que quemaba a pocos metros del río. Desde allí podían escucharse todos los ruidos emitidos por los animales nocturnos. Alrededor de las 11, el grupo electrógeno dejaba de suministrar electricidad en las tiendas por lo que la gente se movía portando sus linternas y siguiendo los caminos marcados por un renglón de pequeñas lámparas de aceite. La experiencia de dormir en la tienda es inolvidable. Con las ventanas de lona plegadas, sólo la tela mosquitera nos separaba del exterior. La actividad animal que se desarrollaba se puede percibir constantemente, aunque iba cambiando a medida que pasaban las horas. Al amanecer, los cantos de los pájaos nos despertaban mientras los babuinos jugueteaban en el techo de la tienda o rodaban cualquier objeto abandonado en la terraza. 

Tras la ducha de rigor y un copioso, pero necesario, desayuno es el momento para abandonar el campamento e iniciar la cacería fotográfica por las extensiones del parque. Palmeras y tamarindos acompañan a las acacias en el curso fluvial. Los impalas, el antílope más numeroso en todos los parques, pastan cerca del campamento, seguros de la ausencia de predadores.  

Existe un teoría que argumenta que las rayas de la cebra le sirven de defensa, ya que al ver una manada, el predador de turno no puede aislar a un individuo, por lo que no dispone de un objetivo claro para su cacería. Es por ello que las cebras siempre pastan agrupadas. Así pues el équido rallado no posee una piel para su camuflaje, sino que su llamativo dibujo produce un efecto visual que desorienta al posible atacante. En Samburu se puede encontrar la variedad de cebra de Grevy o cebra real con rayas estrechas que se curvan ligeramente en los cuartos traseros, vientre blanco y grandes orejas.  

Otra de las especies visibles en el parque es la jirafa reticulada, caracterizada por sus grandes manchas rectangulares de color castaño, separadas por un entramado de estrechas líneas blancas. El gigante africano puede alimentarse del follaje superior de las acacias, inalcanzable para cualquier otro animal. Se pasa unas 13 horas diarias comiendo y curiosamente se pueden distinguir machos y hembras según esta actividad. Los primeros comen la parte alta de los árboles mientras que las segundas se alimentan de la parte baja doblando el cuello. Entre sus sentidos más desarrollados para la defensa se destaca la vista, seguido de oido y olfato. Puede alcanzar al galope los 60 kilómetros por hora y es uno de los pocos rumiantes que nace con cuernos.  

La visión de un grupo de elefantes, algunas avestruces y una manada de oryx precedió al encuentro con uno de los animales más buscados durante un safari fotográfico, el leopardo. Refugiándose del calor solar, encaramado sobre las ramas de una acacia, y confundido entre su follaje, descansaba solitario. Los árboles son los mejores compañeros de los leopardos, le sirven para descansar, para cazar dejándose caer en ocasiones sobre la presa que pasa por debajo, y para proteger su presa muerta de los carroñeros. Sus manchas negras sobre fondo pardo claro, más pequeñas en la cabeza, son un excelente camuflaje. Acostumbra a cazar por la noche, aunque su paso señorial, despeja la zona de cualquier otro animal.  

Todavía tuvimos la oportunidad de contemplar otro ejemplar de la especie felina, un viejo león, varias especies de antílopes, algún cocodrilo y gran cantidad de pájaros antes de abandonar la reserva de Samburu y trasladarnos en avioneta vía Nairobi hacia Masai Mara. Durante el trayecto hasta la capital se puede observar a un lado toda la grandiosidad del Monte Kenia mientras se sobrevuela una región rica en plantaciones agrícolas y repleta de granjas de cultivo. Tras el enlace en el aeropuerto Wilson, nudo de comunicaciones interiores servidas con avionetas, sobrevolamos el Rift Valley y las colinas de Loita, donde se desperdigan una serie de poblados masais dispuestos en círculos. 

Las llanuras del Serengueti, junto al rio Mara 

Nuestro destino era el Keekorok Lodge, enclave situado junto a la frontera tanzana. Una pequeña pista de tierra permite aterrizar a nuestro aeroplano. Las llanuras del Serengueti se extienden a lo largo y ancho de 3.200 kilómetros cuadrados a uno y otro lado de la frontera, conformando el Serengueti National Park en Tanzania y la Masai Mara National Reserve en Kenia. Tres millones de animales campan a sus anchas y durante dos veces al año se produce la célebre migración, cuyo punto álgido es el cruce del río Mara. 1.400.000 ñús, 200.000 cebras buscan en abril los pastos del norte y regresan en octubre, durante las lluvias, ya que las llanuras herbáceas del Serengueti , dificultan el escondrijo a los predadores. 

La hierba dorada, moteada de verde, de donde viene el nombre Mara, es el paisaje habitual de las llanuras. De vez en cuando, un grupo de arbustos acogen a alguna manada de búfalos o algún león, que se refugian en su sombra. Sólo en ocasiones el paisaje se interrumpe por un árbol solitario. A primera hora de la mañana, un globo aerostático inicia su vuelo, franqueando la visión de grandes manadas de cebras y ñus, que pastan tranquilamente en comunidad y buena armonía. Su visión desde tierra también es impresionante. Grupos numerosos se suceden en primer y segundo término y en el horizonte. Algunas veces, impalas y gacelas se mezclan entre ellos. De repente, todos miran hacia la misma dirección, permanecen inmóviles pero extremadamente atentos. Notan la presencia de una cheeta o guepardo, el animal más rápido de la tierra. Puede alcanzar en persecución una velocidad de 96 kilómetros por hora. Más pequeño, más flexible que el leopardo, y con pequeñas manchas negras en su piel. El acecho a la presa puede prolongarse desde pocos segundos hasta varias horas. Cuando se encuentra a unos 30 metros emprende la persecución. En la mitad de los intentos consigue su fin y el promedio de persecuciones ronda los 170 metros con una duración de 30 segundos. La presa es asfixiada por un mordisco en la parte inferior de la garganta. 

Tras pasar la noche en el lodge, donde un grupo de masais efectuán danzas tradicionales, nos dispusimos a proseguir nuestra cacería con un objetivo fijo: ir en busca del habitualmente llamado "rey de la selva", el león. Tras un rato de búsqueda dimos con un grupo de hembras, cinco en concreto, y el fruto de su descendencia, un grupo de nueve cachorros juguetones de unos 3 meses de edad. Una situación perfecta de las madres defendía al resto del grupo de posibles interferecias externas a la vez que avanzaban conjuntamente, mientras los cachorros se subían a algunos troncos bajos o se revolvían en caricias amicales. A algunos metros, conservando siempre las distancias, una hiena se acercaba para robar algún pedazo de carne descuidado.  

Vale la pena quedarse unas horas y contemplar las evoluciones de la manada. Sólo con el tiempo es posible apreciar el entramado de parte del comportamiento social de los leones y las relaciones con su descendencia.  

Orgullo Masai 

Salimos de la reserva para acercarnos a un poblado masai. Esta tribu pastoril que alcanza actualmente los 250.000 miembros, es fruto de una unión, hace un milenio, en las inmediaciones del lago Turkana. Se extendieron por las tierras fértiles del valle del Rift exigiendo tributos a las caravanas que transitaban por la región, alcanzando fama de puelo poderoso y feroz. Los guerreros masai fueron siempre temidos hasta que a finales del siglo pasado sufrieron la peste y la sequía, entrando en sangrientos conflictos internos, lo que fue aprovechado por el gobierno para expulsarlos hacia las tierras secas del sur. Hoy habitan en poblados circulares, construyendo sus chozas en torno a la zona central donde guardan su ganado protegiéndolo de cualquier peligro externo. Mantienen su ancestral estilo de vida y su orgullo, prescindiendo completamente de vincularse con la civilización. Su ida está condicionada por la búsqueda de agua y pastos para el ganado. Mezclan la leche con la sangre de sus animales domésticos y tienen prohibido comer carne de animales salvajes con excepción del búfalo y el antílope. En el poblado conviven con el estiercol y las moscas, pero mantienen una imagen orgullosa incrementada por los adornos que lucen y por los cuidados que se aplican.  

El rio Mara 

Antes de abandonar la reserva nos acercamos al río Mara, el lugar donde la gran migración vive su momento álgido, cuando más de un millón de animales cruzan el cauce fluvial. Las aguas estaban tranquilas y en ellas se refrescaban un grupo de unos 20 hipopótamos. Durante el día se refugian bajo las aguas mientras por la noche van en busca de la alimentación basada en la vegetación terrestre. El apareamiento y el parto acostumbra a realizarse bajo el agua. Al caer la tarde, los grupos acuáticos se dispersan en busca de prados con hierba corta. Transitan a través de senderos marcados con excrementos que les sirven de orientación. En ocasiones las tortugas y los cocodrilos pequeños toman el sol sobre las espaldas de los hipopótamos y algunas aves los utilizan como plataformas para pescar. Sim embargo el hipopótamo es uno de los animales más peligrosos al atacar, sobre todo si algo le corta el camino hacia el agua, su tradicional refugio. También lucha contra otros de su especie en defensa del territorio.  

Nairobi y el viejo ferrocarril 

A mitad de camino entre la costa del Índico y la frontera de Uganda se levanta Nairobi, la capital de Kenia. Empezó siendo un almacén de material ferroviario en el tendido de las vías que unían la actual Uganda con el Índico. Y se levantó allí por tres motivos. Primero por la existencia de agua, de donde proviene el nombre en lengua masai. Nyarobe significa aguas frías. Segundo porque se encontraba en un sector intermedio entre los dominios masai y kikuyu, en un lugar no dominado claramente por ninguna de las dos tribus. Y tercero por situarse en las tierras altas, a medio camino del recorrido del ferrocarril y antes de cruzar el Rift Valley. Junto al almacén se situaron frágiles tiendas de campaña que fueron sustituídas por barracones de madera. Ciudad de pioneros, atrajo rápidamente a los indios liberados del ferrocarril que se dedicaron pronto a comerciar. Los ingleses colocaron allí su cuartel general, allí se reunían los representantes de los colonos y allí afluía la población africana expulsada de sus regiones por el asentamiento de los blancos. En 1931 ya tenía 50.000 habitantes, hoy supera el millón. Con una población consmopolita se ha erigido en la capital económica de toda el Africa Oriental. Sus rascacielos pueden servir de telón de fondo a rinocerontes, leones o guepardos que campan por sus fueros en el Parque Nacional de Nairobi, el primero del país.  

Primero vinieron los cazadores, después los fotógrafos. Siempre ha existido turismo. El hotel Norfolk ha sido el pionero. Fundado en 1904 ha alojado desde siempre a personajes ilustres. Construído en estilo Tudor, con vigas vistas y entramados, sufrió un atentado durante una fiesta de fin de año, aunque su resconstrucción ha preservado su estilo original.  

Hacia las nieves del Kilimanjaro 

Dejando la capital nos dirigimos hacia el sur por carretera. llegando a la población fronteriza de Namanga, enclave comercial en territorio Masai. Aquí abandonamos el asfalto para alcanzar a través de una pista polvorienta al Parque Nacional de Amboseli.

Durante el trayecto, parco en vegetación, nos cruzamos con múltiples rebaños de vacas conducidas hacia los escasos pastos por jovénes masais. Al cruzar el límite del parque, una gran extensión de agua se presenta frente a nosotros.  

Comprobamos nuestros mapas y encontramos el lago que da nombre al parque. Pero seguimos avanzando y nunca llegamos a la orilla. Se trata de un espejismo. El vapor, el cansancio y la evaporación engañan nuestra vista y confunden nuestra mente. El lago Amboseli está completamente seco. Sobre su superficie se extiende una blanca capa salina fruto de la evaporación.  

Por la tarde el Kilimanjaro, situado al otro lado de la frontera, permanece casi siempre cubierto por lo que deberemos esperar a la mañana siguiente para contemplar sus cumbres nevadas.  

Sin embargo las impresionantes manadas de elefantes, los grupos de búfalos, las cebras y los ñus sí que son visibles y los vientos y las aguas procedentes de la cumbre convierten el desierto en un vergel. La falta de arbolado facilita la visión y el espectáculo de la vida salvaje se desarrolla frente al viajero.  

Las noches son frías en Amboseli, muy frías. El aire sopla del sur y uno siente sobre la cara, el roce de la lejana nieve. Al amanecer, el aire ha despejado la cumbre y al levantar la vista se observa la mole impresionante de la montaña más alta del continente africano. Tras el desayuno buscamos nuevamente los elefantes para contemplar la imagen que siempre hemos tenido en nuestra mente: la pesencia de un elefante frente a las nieves del Kilimanjaro.  

MOMBASA, AIRES DEL INDICO 

Islote coralino junto a tierra firme, aguas profundas y dos calas a salvo de las olas y el viento, facilitaron desde siempre su desarrollo portuario. Citada en la antigüedad, empezaron a instalarse comerciantes árabes en el siglo VII. Pero no fue hasta el XII cuando se inició su espectacular desarrollo.  

Marfil, esclavos, intercambios con la India llevaron a Mombasa a ocupar un puesto de primer orden en el Índico. Ibn Batuta, el gran viajero marroquí escribía estas frases tras su visita a la ciudad en el siglo XIV: "Gran isla cubierta de vergeles que no posee ningún territorio en el continente". "Gentes religiosas, honradas y justas, habían tenido a bien construir varias mezquitas". Las gentes eran en su mayoría de raza negra, aunque el poder estaba monopolizado por una aristocracia swahili. LLegaron los portugueses, primero como descubridores, más tarde como conquistadores. Una serie de alianzas y escaramuzas se sucedieron hasta la construción de Fort Jesus, en 1593, que aseguró la resistencia a los distintos ataques, hasta que en 1696, los omaníes, tras 33 meses de asedio, acabaron con la ocupación portuguesa. Con el siglo XIX llegaron los misioneros y poco después los ingleses. Estos últimos para la construcción de la línea férrea. Al no contar con la colaboración de las gentes del lugar, debieron recurrir a la importación de mano de obra india, lo que explica el porqué de la existencia de la importante colonia india en la ciudad. Durante el tendido de las vías, a más de uno se lo comieron los leones.  

Callejear sin cesar

Mombasa es un centro turístico de primera magnitud. Fuera de la isla, a lo largo de la costa, se han construído un buen número de hoteles, algunos de ellos envidiables. Los turistas que descansan de los días de safari o simplemente pasan su estancia vacacional en ellos, realizan alguna incursión por las calles de la ciudad, deteniéndose a comprar en algunos de los bazares regentados en su mayoría por los indios. Pero contrariamente a lo que sucede en otras ciudades, aquí se cumple el horario a rajatabla.  

Entre las cinco y las seis de la tarde se hechan las puertas abajo y desaparecen los extranjeros. Es la mejor hora para empezar a callejear por el casco viejo sin rumbo prefijado y si una guía en la mano. No sin antes penetrar en los sólidos muros del viejo fuerte Jesús. Paredes pintadas de rojo, una cantidad descomunal de cañones de diversas épocas y un sinfín de escaleras y bastiones defensivos se amalgaman dentro del perímetro construído por los portugueses. Un museo histórico-arqueológico y la reproducción de una casa omaní, se encuentran asimismo en el interior. 

Tras la salida del fuerte por su puerta principal, penetramos en la vieja Mombasa. Mujeres completamente vestidas de negro, descubren solamente su cara en la que destacan sus grandes ojos. El chador hace juego con su piel. Su andar es tranquilo, su mirada profunda, su sonrisa fácil. Son el fruto del islamismo en la raza negra. Sus hombres se amalgaman ante las mezquitas. Por otro lado, mujeres más delgadas visten delicadas y llamativas telas de distintos colores. El sari resalta las formas de sus cuerpos mientras en los bazares los hombres recuentan las ventas del día. En algún momento acudirán con ellas a algún templo hindú. 

Mientras los niños juegan por las estrechas calles flanqueadas de hermosos edificios que aunque bastante deteriorados, permanecen como fieles testigos de su antiguo esplendor. La construcción con materiales poco resistentes ha impedido la conservación de edificios medievales, pero los balcones colgantes, las puertas de madera tallada y los pequeños tenderetes evocan la Mombasa de las dominaciones árabe y portuguesa. Los estrechos pasajes, las casas apiñadas y la red de callehuelas forma un conjunto pintoresco.

 Abandono Kenia con claras ansias de volver. Tras varios días en estas tierras uno puede percatarse de la belleza de estos parajes, de la vida animal que los habita. A pesar del avance indiscriminado de la civilización occidental es posible abstraerse y observar la autenticidad de Africa. Un Africa que siempre permenecerá en la memoria.  

ETIOPIA: Uno de los secretos mejor guardados de Africa 

Presentada durante años como el paradigma del hambre y la sequía en el mundo y tras salir desde hace poco de un duro régimen comunista y de la tremenda guerra de liberación de Eritrea, Etiopía empieza a mostrar sus encantos a los ojos del viajero. Un viajero que se sorprende ante su verdor predominante y un atractivo y accidentado relieve, que contrastan con las imágenes televisivas de campos de refugiados que todavía perduran en su memoria visual y queda fascinado por encontrarse ante uno de los países más mágicos de Africa. 

Addis Abeba: La "nueva flor" capitalina 

Addis-Abeba está situada a más de dos mil metros sobre el nivel del mar, y compendia todas las contradicciones entre la riqueza y la miseria. La ciudad fue fundada en 1.887 y hacia los años sesenta de nuestro siglo y por iniciativa del negus iba a convertirse en la más moderna y avanzada de las capitales africanas. La "nueva flor" nombre de la ciudad en idioma amhárico, levantó en 1963 el Africa Hall que se ha convertido en uno de los escenarios habituales de las reuniones de los líderes de los nuevos estados africanos, a la vez que se establecía la sede de la Organización de la Unidad Africana cinco años después de situarse aquí la oficina central de la Comisión Económica de las Naciones Unidas para Africa.  

El comercio se centra en el area del "mercato", vocablo que recuerda la influencia italiana, y cuya visita evidencia la enorme variedad étnica de los pueblos que conforman Etiopía. Multiplicidad de lenguas y dialectos se utilizan en las negociaciones por todo tipo de mercancías que se extienden a lo largo y ancho de una serie de calles perpendiculares al sudoeste de la iglesia de San Jorge. Recorrerlas constituye una buena introducción antes de tomar los senderos del extenso territorio nacional. 

A decir verdad, se puede hablar de dos etiopías. La que se extiende al norte de la capital, cuyos atractivos principales se basan en una intensa historia cultural y la lucha del cristianismo por preservar su creencia ancestral ante un islámico clima de vecindad. Y la que se prolonga hacia el sur, donde la sabana africana se convierte en protagonista y escenario en el que convive la fauna salvaje con algunos de los grupos tribales menos afectados por la modernidad. 

Altiplano rico y verde  

Cientos de miles de aldeas se suceden en el altiplano, constituído por una meseta de rocas volcánicas, que ocupa unos 540.000 Km2 donde vive el 80% de la población y concentra la mayor parte de las tierras de cultivo. Se trata de pobres aglomeraciones de cabañas que se alternan de vez en cuando con alguna ciudad de mayor o menor importancia. 

Una de ellas es Bahr Dar situada a orillas del lago Tana, donde nace el Nilo Azul formando las espectaculares cataratas Titisat de 43 metros de caída y donde se hallan una serie de monasterios cristianos escondidos entre la vegetación isleña de la gran masa de agua. Las pinturas de su interior recuerdan tanto el rómanico pirenaico como los frescos de las iglesias del valle del Goreme, en la Capadocia turca, pero sorprenden por su situación en medio del continente africano.  

En la segunda mitad del siglo IV, el rey Ezanas, de Aksum, se convirtió al cristianismo. Esto representó un acontecimiento capital en la historia de Etiopía y el inicio de una fusión duradera entre el emperador y la iglesia. Al parecer fueron dos jóvenes cristianos de Tiro, en el actual Líbano, que hechos prisioneros en su viaje hasta las Indias, introdujeron la fé cristiana en tierras etíopes. Uno de ellos fue consagrado obispo de Alejandría, lo que explica la dependencia de la iglesia etíope frente al patriarca de Egipto, hasta hace relativamente poco, cuando a partir de 1952 el clero local puede elegir su propio patriarca. La Iglesia egipcia arrastró a Etiopía al monosifismo, creencia que niega la doble naturaleza, divina y humana, en la persona de Cristo. La etíope es una de las cinco iglesias de este tipo, junto con la copta, la siria, la armenia y la de Malankar, en la India del Sur.  

Casi una cuarentena de islas cubiertas de vegetación aparecen desperdigadas por el lago Tana. Una docena ocultan iglesias y conventos algunos de los cuales albergan tumbas de reyes y reinas. Cuando las huestes islámicas amenazaban, hasta finales del siglo XVIII, la Corte cristiana se replegaba hasta aquí con sus tesoros, archivos y manuscritos o para implorar a un santo con motivo de una hambruna, o buscar el apoyo ante una campaña militar.  

Gondar: el "Camelot africano" 

Más al norte se encuentra Gondar, la capital imperial del siglo XVII al XIX, donde se levanta un conjunto de castillos almenados y cuyo acceso llegó a estar prohibido durante unos años a los europeos que pretendían imponer la fé católica ante el monosifismo tradicional etíope. Lujo y refinamiento se daban cita en Gondar donde los baños para las princesas y los palacios al estilo "Camelot" sorprenden a arqueólogos e historiadores. La iglesia de Dabra Derhan Selassié o "Monte de la Luz de la Trinidad" hace lo propio con sus visitantes por la riqueza de sus pinturas. 

Lalibela: Iglesias cristianas talladas en la roca 

Pero la joya de Etiopía se encuentra hacia el este, concretamente en Lalibela. "Me es penoso escribir estas cosas, puesto que no se me va a dar crédito" escribía el padre Alvares, el primer europeo que arribó a Lalibela. Fue necesario que otros, tres siglos más tarde, reafirmaran sus comentarios. La capital cristiana sustituyó a Axoum, la verdadera cuna de la civilización etíope, donde destacan algunos obeliscos del siglo III y la bella catedral de Maryam Tsion, del siglo VII. 

Un rey de la dinastía zagwe, llamado Lalibala, reinante desde el año 1.190 al 1.225 decidió edificar en la nueva capital una serie de monumentos que recordaran a Jerusalén en unos tiempos en que era menos que imposible llegar a la Ciudad Santa. Pero lo curioso del caso es que las iglesias extendidas a ambos lados de un modesto torrente en la mayoría de las ocasiones seco y al que llamaron Jordán, estaban excavadas en la montaña. En algunos casos la iglesia-hipogeo consistía en esculpir la fachada sobre un flanco de la cornisa vertical y excavar el santuario detrás a manera de caverna, como en el caso de la iglesia de Abba Libanos. En otro caso, el de la iglesia-monolítica, se excavaba en la roca horizontal una profunda zanja en forma de paralelogramo, esculpiendo el exterior y el tejado y ahuecando el bloque de piedra para vaciar el interior, con todas sus bóvedas y pilares. Es el caso de San Jorge. Y para llegar a su base, túneles subterráneos cavados a la altura del nivel del suelo del edificio, cuyas redes complejas conforman uno de los encantos de la ciudad y constituyen a la vez pasadizos secretos por los que deambular sin ser vistos desde el lejano horizonte. 

Hasta once iglesias o monolitos reproducen las estaciones de peregrinación que conducen a los cristianos a la iglesia del Gólgota, al pretorio de Pilatos y a la casa de Belén.  

La mayoría de visitantes de Lalibela recorren el conjunto por la tarde y quedan admirados ante tanta obra fantástica, ante tanto trabajo faraónico. Pero es a primera hora de la mañana, de seis a siete, cuando las iglesias de Lalibela adquieren vida propia y sumen a los fieles en un trance matinal impulsado por el sonido monótono de tambores y sistros y voces repetitivas de cánticos mientras los sacerdotes bendicen a los llegados de los alrededores.  

La iglesia regula el pulso diario de las jornadas así como el ritmo de la vida. Existen once tipos distintos de cruces (latina, griega, entrelazada, en forma de estrella de David, etc), que llaman la atención junto con la intensidad y variedad del calendario festivo. 

Las fiestas del Maksal, llamadas así con motivo de unas margaritas amarillas que anuncian la primavera, se celebran después de los monzones en conmemoración de la verdadera cruz. Los dabtaras, o escribas depositarios del saber, con la cabeza cubierta por un turbante, vestidos con una larga casulla y llevando un bastón de oración, bailan y se ponen de frente al son de un tambor litúrgico y de sus sistros. Se ha creído ver en este acto la supervivencia de las danzas sagradas que los hebreos realizaban durante las fiestas en torno el Arca de la Alianza.

La fiesta del Timkat que celebra el bautizo de Jesús, es una de las más celebradas cuando el clero aparece vestido con suntuosos ornamentos y protegido del sol por espectaculares parasoles, y músicos y narradores ambulantes portadores de un violín de una cuerda participan en todas las festividades de la Epifanía. 

Axoum es la verdadera cuna de la civilización etíope, donde destacan algunos obeliscos del siglo III y la bella catedral de Maryam Tsion, del siglo VII. En la segunda mitad del siglo IV, el rey Ezanas, de Aksum, se convirtió al cristianismo.   

Pero no todo Etiopía es cristiana. Este musulmán y sur animista mantendrán la capacidad de asombro del viajero. 

Harer: Bastión musulmán y foco de tolerancia 

Harer ha sido siempre el bastión musulmán frente al poder cristiano. Una muralla delgada, poco ostentosa, signo de prohibición más que de función defensiva rodea la ciudad blanca, cuyo colorido multicolor viene dado por las telas de las mujeres que gustan de colocarse flores en el pelo, en abierta contradicción con la recatada actitud femenina de las musulmanas de otras latitudes. Las joyas en el cuello, las pulseras en los brazos, la henna en los dedos y las manchas en las mejillas no hacen más que realzar su belleza esbelta y su porte altivo.

Han sabido mantener una especie de matriarcado, único en un país musulmán, donde son propietarias de las cabras y conservan los beneficios del negocio del qat, que sin alcanzar las proporciones del yemenita, ofrece pingües beneficios a sus comerciantes. Hasta 1855 no penetró un occidental, aunque disfrazado, en la ciudad prohibida de Harer. Se trataba de Richard Burton. Más tarde Arthur Rimbaud se refugió por aquí escapando del tradicionalismo europeo de la época y dedicándose, según todos los indicios, al tráfico de armas y hasta posiblemente de esclavos. Hoy todavía existe este tráficos, mejor dicho de esclavas, en esta parte del mundo. Es fácil observar de vez en cuando algún camión con hombres armados hasta los dientes y esbeltas y jóvenes mujeres robadas a tribus del sur y de la vecina Somalia, para ser vendidas en algunos de los estrictos y ricos países de la península arábica. La carretera de Babile, sabe mucho de viajes sin retorno y el mundo hace oídos sordos ante tan dura realidad. 

El sur: Diversidad tribal y orígenes del hombre 

Las ciudades musulmanas del centro del país, atravesadas en ocasiones por el ferrocarril que une Addis Abeba con Djibouti, habrán de dar paso al sur, dominio del africa negra con sus animales salvajes y su variedad tribal entre la que destacan los mursi, cuyas mujeres llevan platos de barro en su labio inferior. 

Jinka parece el último reducto del siglo XX. El sol aprieta y el paisaje se torna más abrupto, más irreal. De repente un grupo de mujeres "hamer" es capaz de ofrecer una visión que a todas luces parece irreal, como extraída de las viejas enciclopedias de razas humanas. Collares y brazaletes realzan su desnudez mientras la mirada entremezcla su curiosidad con una seducción innata y nada pecaminosa. Algo más al sur, las mujeres mursi, muestran sus rostros esforzados por mantener los platos de madera o arcilla instalados en su labio inferior que colocados desde pequeñas se van agrandando hasta alcanzar los 15 o 20 centímetros de diametro y que en proporciones más pequeñas tambien se colocan en los lóbulos de las orejas. A sus fines estéticos hay que añadir el prestigio y consideración que alcanzan entre la tribu. El tamaño del disco está directamente relacionado con la dote que el novio debe pagar por desposar a una muchacha, cuyo plato grande puede representar a su familia un número de entre veinte y cuarenta vacas, lo que no es nada desdeñable.  

Gacelas, pelícanos, flamencos y avestruces campan a sus anchas por los distintos parques naturales que se extienden por la geografía etíope, pero a pesar de su atractivo y del bello paisaje que sirve de escenario a su vida en libertad, Etiopía ejerce una poderosa atracción por la variedad de sus gentes, por su mosaico de creencias, por su diversidad de sensibilidades, por una refinada sociedad capaz de contrastar con el más primitivo de los estados tribales. 

Ya se terminaron los tiempos de la riqueza insultante del viejo emperador, cuyo poder se basaba en estructuras feudales. También son historia los años de comunismo y dictadura militar, así como las guerras de liberación de Eritrea y del Ogaden.

Y hasta parece ser que la sequía ha cedido a un período donde las lluvias son capaces de provocar inundaciones. 

Cumbres que superan los 4.000 metros de altitud, lagos y ríos ofrecen un escenario único donde se alternan los mercados coloristas con santuarios donde se mantenido celosamente la fe cristiana ante un entorno hostil y beligerante. Modos ancestrales de vida resisten ante la modernidad de una capital que avanza a un ritmo vertiginoso por no perder el tren del siglo XXI.

Etiopía quiere dar la espalda a sus problemas pasados y se muestra atractiva, sorprende ante los ojos del recien llegado. 

CAMERUN: Los últimos reyes tribales

La variedad paisajística, la diversidad climatológica y el crisol étnico que existe en Camerún le han otorgado el sobrenombre de "Africa en miniatura". Sus selvas tropicales, sus altas montañas, sus parques nacionales y su reseco norte representan un compendio de la variedad del continente negro. Pero además, en el oeste del país, en una zona relativamente pequeña, se concentran una variedad de culturas, lenguas y religiones fruto de sucesivas migraciones y colonizaciones que hacen las delicias de todo antropólogo y satisfacen a cualquier viajero. 

Musulmanes, cristianos, animistas, anglófonos, francófonos y un mosaico de reyes tribales con sus súbditos se concentran en el triángulo Foumban-Dschang-Bamenda, cuyas rutas nos sorprenden a cada momento. 

Los Bamilekés constituyen actualmente el primer grupo étnico de Camerún, participando activamente en la vida política y económica. Su territorio se inscribe en el perímetro Bafang-Banganté-Bafoussam-Mbouda-Dschang. 

Socialmente organizados en torno a las distintas "Jefaturas" mantienen una estructuración fuertemente jerarquizada en cuanto a poder político y religioso que recuerda la sociedad feudal. En la cúpula se encuentra el jefe, que habita en su palacio o "jefatura" con sus mujeres y servidores. Generalmente las casas de las distintas mujeres se alinean a ambos lados del camino principal de acceso. Al fondo, una construcción en madera acoge la sala de reuniones y la zona sagrada, en la que solamente puede penetrar el "jefe" y sus notables. La casa principal está lujosamente decorada con objetos de artesanía, pieles de leopardo como alfombras y colmillos de elefante, en consonancia con la importancia de la "jefatura" y su poder. Las fiestas Bamilekés son particularmente vistosas, al igual que los funerales, en los que destacan las danzas y el banquete para numerosos invitados, lo que supone enormes gastos para la familia del difunto. 

La "jefatura" de Bandjoun (Chefferie, en francés) es posiblemente la más bella y mejor conservada de todas. La entrada, en rampa descendente está flanqueada por las casas de las mujeres del jefe, construidas en bambú y recubiertas con techo de paja. Al final, se levanta la casa de reuniones, siguiendo el mismo estilo pero con una altura de 20 metros. 

Las columnas de madera que sostienen el techo están completamente esculpidas por figuras humanas que constituyen una buena muestra del arte autóctono. Las paredes se ornamentan con motivos geométricos policromados. A la izquierda, la antigua casa del jefe sigue el esquema colonial. A la derecha, la mansión recientemente construida, mucho más grande, impresiona por su modernidad, aunque no choca con el entorno debido a su tejado triangular. En el tesoro de la "jefatura" se pueden encontrar objetos históricos como  estatuillas, pipas, joyas de carácter religioso, armas, sombreros de plumas, tambores y tronos en madera recubiertos de "perlas multicolores", propios de la cultura Bamileké. 

La huella del Islam. 

Foumban, la capital del departamento Bamoun, es uno de los lugares más turísticos de Camerún. Situado a 1.200 metros de altitud, disfruta de un clima agradable con temperaturas inferiores a los 30 grados centígrados. 

El sultanato de Foumban se remonta al siglo XIV. Hoy en día está encabezado por el sultán cuyo abuelo subió al trono en 1885 erigiéndose en una figura destacada en pos del progreso de su pueblo. Inventó un alfabeto compuesto por ideogramas, con 510 signos que posteriormente redujo a 80 imponiendo su difusión, escribió la "Historia de las leyes y las costumbres de los Bamouns" y diseñó los planos de su palacio construido en 1917 que alberga en la actualidad la residencia del Sultán y el museo del sultanato. 

El edificio está concebido con tres arcadas superpuestas en tres niveles flanqueando una torre semicircular situada en el centro. En el interior muestra al visitante objetos pertenecientes a los reyes Bamoun y que todavía se utilizan en las fiestas anuales del sultanato. Figuras de madera, ropas festivas, armas, manuscritos, instrumentos de música, máscaras, objetos decorativos y regalos de la época colonial se amalgaman en las salas situadas en el primer piso y rememoran la historia de los 18 sultanes que se sucedieron en el trono desde el siglo XIV. La mezquita es un edificio moderno (1956) pero a su lado destaca una construcción en madera que alberga el trono que sirve para coronar a los nuevos sultanes.

 Si es posible, vale la pena hacer coincidir la visita a Foumban con un sábado, cuando se celebra un colorista mercado frente a la mezquita. Lo que en principio más llama la atención de los sentidos, incluido el olfato, es la parte dedicada al pescado ahumado. Miles de piezas se extienden sobre las mesas improvisadas mientras las mujeres discuten acaloradamente los precios o conversan tranquilamente sobre sus vidas y las de sus familias. A la derecha de la construcción religiosa se extiende el recinto del mercado propiamente dicho. Un amalgama de estrechos corredores bordeados por todo tipo de tenderetes muestran al viajero que los transita la más pura esencia de los mercados musulmanes. 

Debemos regresar sobre nuestros pasos para dirigirnos a Bamenda, la ciudad que nos servirá como base de operaciones para visitar la región de los "fons". Jefes tribales que, aunque adaptados a la modernidad, se resisten a perder las prerrogativas, privilegios y muestras de poder de sus predecesores. 

Perteneciente anteriormente a la colonia británica, los habitantes de la región son anglófonos. Si bien la capital se dedica fundamentalmente al comercio y a las tareas administrativas, está rodeada por zonas agrícolas habitadas por distintas etnias como los Bafut o los Bali, cuya visita a sus "palacios" donde habita el jefe o "fon" constituyen sin duda el máximo atractivo para el viajero. 

Al norte de Bamenda se halla Bafut, cuyo "fon" nos encontramos conduciendo un Mercedes a través de la pista de tierra que debe tomarse para llegar a su palacio. Nuestro interés por la visita y la cordialidad del personaje le hacen cancelar su salida e invitarnos a recorrer las distintas dependencias: La choza sagrada, donde guarda los tesoros y reliquias de la tribu; el salón de las audiencias; las chozas de su harén, donde habitan sus 80 esposas (hay que hacer notar que cuando muere el padre de un "fon", el heredero debe mantener bajo su tutela a las esposas de aquel), el tambor que se utiliza para convocar a las gentes de los distintos poblados; y hasta el edificio colonial donde alberga a los visitantes europeos. Vestido con sus mejores galas nos muestra los tesoros de la tribu mientras rebosa por los cuatro costados su carácter jovial y divertido. 

Al este de Bamenda se encuentra otra zona habitada por los Bali. La historia de su rey es de lo más interesante. Un buen día un joven es enviado a estudiar lejos de Camerún. Primero en El Cairo y después en Munich, debido a la influencia de los tiempos en que su tribu era aliada de los alemanes. El joven, inteligente y dotado para los estudios, acaba doctorándose en teología, dando clases en la Universidad de Munich y casándose con una alemana que ejerce la medicina. Un buen día recibe un telegrama de que su padre ha muerto y debe regresar para ponerse al frente de la tribu. Al llegar al aeropuerto recibe escolta policial por el temor de que un hombre occidentalizado no sea aceptado por sus súbditos. Poco a poco se los va ganando, pero los Bali quieren lo mejor para su rey. No podrá conformarse con una sola esposa, sino que deberá escoger algunas de las mujeres más bellas de la tribu. Por muy deportista que sea deberá mostrar la "curva de la felicidad" en su barriga, exponente de bienestar y poder. Hoy su mujer blanca vive en Bamenda, dedicada a la medicina y sólo se ven de vez en cuando. El "fon" de Bali nos recibe en su palacio acompañado por todos sus notables. Vestidos para la ocasión, muestran continuamente su sumisión hacia su rey a la vez que procuran mantener el orgullo de su esplendoroso pasado. 

Finaliza la recepción con una fiesta en la que no faltan las danzas. Después de unos cuarenta minutos, se levanta de su trono y empieza a bailar en el patio. El júbilo en palacio alcanza su punto álgido y los presentes empiezan a vitorearle... A pesar de todo se siente orgulloso de su pueblo y posiblemente satisfecho de volver a sus raíces. Para nosotros es el momento de regresar hacia el sudoeste. 

A 1.400 metros de altura sobre el mar y rodeada de colinas, se encuentra la localidad de Dschang. La frescura de su clima lo convirtió en lugar de vacaciones para la colonia europea residente en Douala durante la Segunda Guerra Mundial, cuando no podía ir a Europa debido al conflicto armado. Hoy todavía perduran los bungalows de su centro climático construidos en la época y el amplio restaurante desde cuya terraza se domina todo el conjunto. Una buena piscina y un amplio y variado jardín completan el centro vacacional. En los alrededores se suceden los paisajes ondulados que caracterizan a la región de Ménoua por su belleza. Dschang representa un colofón relajante después de recorrer las rutas del oeste de Camerún.

 EGIPTO: Grandiosidad y misterio

Pasado faraónico. Presente Islámico. Arena y agua, desierto y rio. Velas ondeando al son de la brisa y piedra resistiendo la erosión de los tiempos. Vida, muerte, y vida en el más allá.

Restos arqueológicos impresionantes y misterio... mucho misterio. 

Mucho se ha escrito sobre Egipto. Libros didácticos, noticias sensacionalistas, novelas, reportajes. Todo ello ha contribuido a que, de antemano, tengamos una ligera idea de su historia.

Si mencionamos nombres como los de Keops o Abu Simbel, gran cantidad de personas los relacionarán con dos monumentos arquitectónicos impresionantes, pero a la vez muchos se sorprenderán al decirles que entre ellos existe un período de mil trescientos cuarenta años. La misma distancia temporal entre nuestros días y aquellos en que Mahoma empezaba a rebelar la voluntad de Alá. Al nombrar a Tutankhamon, todo el mundo hablará del descubrimiento de su tumba casi sin profanar, de los grandes tesoros allí encontrados, de la leyenda de la maldición del faraón; pero sólo algunos pocos sabrán que fue un monarca que reinó con más pena que gloria, que durante sus seis años de mandato se convirtió en un mero instrumento de los poderes religioso y militar y que murió, probablemente asesinado, a la edad de...19 años. Pero eso es precisamente los que forma parte de la grandeza de Egipto. Aquel joven que entre 1352 y 1344 antes de Cristo había dirigido un país ingobernable, sacudido por las luchas intestinas y desorientado por un confusionismo religioso, se ha convertido por los lances de la historia y los caprichos del destino, en el más popular de todos los faraones. 

Como dijo el viejo Herodoto, padre de la Historia, "Egipto es un don del Nilo". Todo el país queda vertebrado en sus orillas, de espaldas a los intratables desiertos líbico y arábico que lo flanquean amenazantes. A través del rio, transcurre a veces apaciblemente, a veces no tanto, la vida de un pueblo que entre las glorias del pasado y los avances del presente, sigue su rumbo, como el buey que arrastra la carreta del campesino cuando regresa a su morada en cualquier aldea ribereña. Pero antes de contemplar esta estampa rural, probablemente desde la cubierta de uno de los buques que navegan por el Nilo, hay que cumplir con una obsesión colectiva. La contemplación de las pirámides. La idea con la que miles de visitantes acuden cada año a la llanura de Gizah, junto al Cairo. Estas obras arquitectónicas impresionantes siempre han despertado la espectación del ser humano. Un halo de misterio envuelve a las tres moles pétreas cuya razón y medios de construcción no acaba de poner de acuerdo a los expertos. Han pasado los siglos y su primitiva forma se ha visto ligeramente modificada por una erosión perseverante, pero permanecen en pie, orgullosas de su propia existencia. Algunos afirman que responden simplemente a la estabilidad de una obra artificial, otros se inclinan por atribuirla a la capacidad humana para cambiar la obra del creador de la naturaleza erigiendo montañas donde hay llanuras y colocando piedras donde sólo existían desiertos arenosos. El tiempo parece dar la razón a la primera hipótesis mientras que los avances tecnológicos y el comportamiento actual podría corroborar la segunda.  

Hacía ya algún tiempo que Menes había unificado el Alto y Bajo Egipto y el régimen faraónico gozaba cada vez más de una mayor prosperidad. Viviendo de la fertilidad de las aguas del Nilo, se desarrollaba una sociedad cuyo tiempo libre, entre cosecha y cosecha, permitía dedicarse a labores artesanales y contribuir al desarrollo de las obras públicas. El faraón concentraba en su persona todos los atributos del poder: religioso, político, militar y administrativo. Durante el Imperio Antiguo el estado se encontraba fuertemente unificado, con bienestar económico y sin guerras con el exterior. Poco a poco se irían realizando construcciones funerarias que, primero en forma escalonada "mastabas" y después perfeccionando la estructura piramidal iban creciendo de tamaño.  De base poligonal y caras laterales tringulares estaban destinadas a cubrir la tumba del soberano. Al tratarse de tumbas "eternas" eran construidas con materiales más resistentes que los propios palacios habitados en la época. Normalmente se utilizaban bloques de piedra de varias toneladas de peso, unidos perfectamente entre sí de modo que es difícil introducir una hoja de papel de fumar entre ellos. El desarrollo alcanzó el punto álgido en la cuarta dinastía. Un período de gran prosperidad interna fue completado por la intensificación de relaciones comerciales con los pueblos vecinos (nubios, libios y semitas). Corría aproximadamente el año 2.600 antes de Cristo cuando Keops, hijo de Snefru y Heteferes ordenó la construcción del edificio de mayor volumen realizado totalmente en piedra por el género humano, y cuya altura sólo es superada por las agujas de la catedral de Colonia. Podría albergar en su base las cinco mayores catedrales cristianas existentes. Su altura alcanzaba los 146 metros (en la actualidad y sin el revestimiento original mide 137) y los lados de su base tienen una longitud de 230 metros. Está construida con casi dos millones y medio de bloques de piedra con un peso por unidad superior a las dos toneladas. En el interior existen una serie de pasillos y una escalera que llevan a la cámara sepulcral, instalada, al contrario que en la mayoría de las otras pirámides, en el centro de la obra. Debajo, hay una cámara falsa. Por una escalerilla se asciende a la sala sepulcral donde se halla un enorme sarcófago de granito, totalmente vacio. La momia del faraón no se ha encontrado. Su hijo Kefrén no quiso ser menos y mando construir otra pirámide que en la actualidad es sólo un metro más baja que la anterior. Además de la figura geométrica hay que destacar el templo de la cara oriental y la esfinge que reproduce la cabeza del faraón adosada al cuerpo de un león. Micerinos concluyó la tríada con una pirámide de sólo 63 metros de altura, aunque con mayor riqueza en los materiales empleados. Las tres figuras geométricas alcanzan desde los diferentes puntos de vista una armonía unificada, un conjunto impresionante que sobrecoge al viajero que lo admira. Cuando uno esta ante su presencia es fácil adivinar el porque desde la antigüedad fue considerada una de las siete, sino la mayor, maravilla del mundo. Y casi resuenan en el aire los gritos de Napoleón cuando dirigiñendose a su ejército, afirmaba: ¡Soldados, Desde lo alto de estas pirámides, cuarenta siglos os contemplan!. 

Pero también el vertice piramidal contempla el crecimiento imparable de la ciudad que se extiende a sus pies. El Cairo. Seis, doce, dieciseis millones de almas, en la mayor ciudad islámica del planeta. Un enjambre bullicioso que no para de palpitar en sus distintos barrios. El Museo de Arte Egipcio parece más un almacén infinito que un centro dedicado a la didáctica. Sin embargo contemplar el tesoro de Tuthankamon y sobre todo su máscara funeraria de oro macizo, representa un momento de emoción capaz de embargar los más mínimos atisbos de sensibilidad. La exquisita belleza de su imagen, la pureza de su material y la nobleza de su semblante, denotan algo más que el acierto de un artista inspirado. En 1922 se descubrió su tumba en la que aparecía una tétrica inscripción que amenazaba: "La muerte rozará con sus alas invisibles a quién ose perturbar el eterno descanso del faraón difunto". Se apagaron las luces del Cairo, pereció el perro del mecenas y una larga lista de muertes no naturales se sucedieron entre los ciéntificos participantes.

Sin embargo, uno de los que se salvó, fué su descubridor Howard Carter. Quizás porque fué de los pocos que supo respetarlo. 

La vida renace en el Bazar de Khan el Khalili, la oración en las mezquitas de El-Hakim, Hasán y Mohamed Alí, la defensa en la Ciudadela de Saladino, la paz en la isla de Gezirah, el tráfico en las calles y plazas, el paseo en las barcazas que surcan el Nilo, la fiesta en los hoteles y el equilibrio entre la vida y la muerte en la Ciudad de los Muertos. Antes lujoso lugar para dar morada a los difuntos, hoy repleto de familias necesitadas de vivienda. En Egipto y desde siempre, vida y muerte siempre han ido de la mano sin temor. 

Luxor ocupa en la actualidad una parte de lo que antaño fue la ciudad de Tebas, la capital más importante del imperio en la mayor parte de su existencia. En ella se encuentran los templos de Karnak, con su impresionante sala hipóstila y Luxor, en los que se puede apreciar toda la grandiosidad de unas construcciones plagadas de bajorrelieves. Pilonos, columnas, obeliscos, esfinges, pasillos, estatuas... Toda una orgía pétrea que durante siglos ha venido desafiando a sus constantes y pacientes opositores climatológicos y a los más impulsivos detractores humanos. Al otro lado del río, que se atraviesa en pequeños vapores, la necrópolis de Tebas, con los valles de los reyes, las reinas y los nobles, el templo de la reina Hatshepshut en Deir el Bahari, los Colosos de Memnón, el Rameseum, el templo de Medinet Habú y múltiples poblados habitados por gentes sencillas donde hay que detenerse y observar el pulso diario de una vida sosegada, centrada en la esperanza de que un día la salud y la fortuna permitirán el soñado viaje de peregrinación a la Meca. 

Por que si bien las ruinas acaparan la atención de la mayoría de los llegados a las riberas del Nilo, no hay que desperdiciar ocasión alguna para caminar entre sus gentes, pisar las callejuelas estrechas y laberínticas de sus poblados y respirar el ambiente de la humildad. Contraste entre la piedra perenne y la vida fugaz, entre la majestuosidad ancestral y el trabajo cotidiano. También hay templos entre Luxor y Assuán. Los que cubran el trayecto a través del Nilo visitarán Esna, Edfú y Kom Ombo, pero los que vayan por tierra podrán detenerse así mismo en unos pueblos increíbles, entre plantaciones de caña de azúcar y campos cultivados de legumbres y verduras. Lo ideal sería hacerlo de las dos maneras, pero es comprensible que la mayoría opte por el crucero. Durante tres días se remonta el rio alternando las visitas turísticas con el descanso y relax en los cómodos y refrigerados barcos que contínuamente surcan con sus quillas las azules y relativamente poco contaminadas aguas del Padre Nilo. Durante el día los amantes de los baños de sol ven totalmente satisfechos sus deseos, pero resulta especialmente agradable la noche, tras la puesta de sol, cuando la temperatura es ideal y la brisa acaricia ligeramente el semblante. Es momento para pensar en las historias que uno ha ido conociendo sobre Egipto. Leyendas, intrigas cortesanas, narraciones bélicas, actuaciones mitológicas, y novelas como "Muerte en el Nilo" de Agatha Christie, que se desarrolla en un viejo barco que hacía el mismo recorrido. 

Ya en Nubia, se puede observar el oscurecimiento de la piel de sus habitantes, que con sus rasgos negroides tienen fama, dentro del propio país, por su extrema bondad. En Assuán, finalizan los cruceros, que luego regresarán rio abajo con nuevos pasajeros. Hay que pisar la gran presa, que es tan inmensa que no permite apreciar su auténtico volumen y por ello está mermada de espectacularidad, los templos de la isla Philae, el obelisco inacabado en la cantera de granito, el jardín botánico, la isla Elefantina y navegar a bordo de los típicos veleros egipcios, las falucas, antes de emprender rumbo hacia Abu Simbel. 

Ramsés II hizo construir los impresionantes templos de Abu Simbel en la zona más meridional del país, lejos de toda aglomeración urbana. La explicación es rebuscada pero a la vez sencilla. El lugar elegido era aquel en que en las fechas de su nacimiento y coronación, veintiuno de abril y veintiuno de octubre, respectivamente, los rayos del sol penetraban por la entrada del templo, lo atravesaban por completo, e iluminaban la faz de la estatua del propio monarca situada en el fondo, a 55 metros de la entrada. Los caprichos del rey-dios y su poder eran más fuertes que el calor sofocante, la complejidad de la obra y la dificultad en las comunicaciones. La excursión a Abu Simbel se suele realizar en avión, sobrevolando parte del lago Nasser y atravesando el trópico de Cáncer. La creación del lago con motivo de la construcción de la presa de Assuán suponía la elevación de las aguas por encima de los templos, por lo que un esfuerzo internacional llevado a cabo por la Unesco y una atrevida utilización de la técnica moderna, permitió la salvación de los templos para la prosperidad. Se procedió al asserrado de la montaña que los albergaba y al posterior montaje a una altura superior de 64 metros. Las rocas trasladadas pesaban...20.000 toneladas. 

Sin duda es mucho para un solo viaje, pero Egipto es también mucho más. Los fondos coralinos del Mar Rojo, el recojimiento defensivo del Monasterio de Santa Catalina en el Sinaí, los monasterios coptos del camino de Alejandría, las cambiantes dunas del desierto, algunos templos alejados de los circuitos tradicionales y la sorpresa constante en cada aldea rural, hacen de Egipto un país inabarcable, una sorpresa contínua, un equilibrio perpetuo de grandiosidad y misterio. 

LIBIA: El embrujo del desierto

El bloqueo internacional frenó los viajes a Libia y sus cielos permanecen vetados a los vuelos desde otros países. Cerrado desde algunos años al mundo exterior, Libia está experimentando una cierta apertura turística, aunque los controles son rigurosos y las infraestruturas tremendamente limitadas. Hay un par de buenos hoteles en la capital y desde ella se pueden visitar las ruinas romanas de Leptis Magna y Sabratha así como algunas de las regiones costeras. Pero a pesar de todo su atractivo, a pesar de que probablemente se pueda clasificar a Leptis Magna como la ciudad romana mejor conservada del viejo imperio, el embrujo de Libia se encuentra más al sur. Las autoridades del país se han dado cuenta que pueden acaparar buena parte de los amantes del desierto que visitaban asiduamente la vecina Argelia, en otra época meca de cabalgaduras motorizadas y vehículos 4x4 a través de las dunas, y hoy evitada por los extranjeros a causa de la guerra civil entre los integristas islámicos y el gobierno. 

Los ciudadanos de Libia, no habían dado importancia al turismo.

Las reservas de petróleo, sus doctrina política enfrentada al mundo occidental y la falta de tradición, les libraba de la necesidad, el deseo y la voluntad de recibir a personas venidas de otras partes por el simple motivo de conocer nuevas tierras, nuevos paisajes, nuevas gentes. La riqueza interior tampoco había contribuido a mantener las viejas ciudades con el sabor de antaño, sino que ha forjado un país moderno que nada tiene que ver con sus vecinos del norte de Africa. Socialista e islámico, sí, pero también moderno y a la vez poco poblado. Es por ello que resulta difícil perderse en las medinas, regatear en los zocos, encaramarse a las kasbahs. No es precisamente esto lo que hay que venir a buscar a Libia. Sin embargo este inmenso territorio, duro y hostil a la vez, es capaz de guardar celosamente sus secretos y mostrarlos a los que poseen tiempo suficiente para dedicarle y capacidad para cubrir las largas distancias. Las autoridades relajan poco a poco las fuertes medidas de seguridad y los ciudadanos se están acostumbrando a entablar conversación con el venido de lejos. Libia, impulsa, poco a poco, su operación de relaciones públicas con sus vecinos del norte del Mediterráneo. 

Los trámites en la frontera tunecina son lentos pero efectivos. Con la posesión del visado en el pasaporte no hay problemas para penetrar en territorio Libio. Y de entrada es mejor ir hacia el sur. Dejar el litoral, la capital y las ruinas para los últimos días y adentrarse en el gran mar de arena que se extiende en el suroeste, a más de mil kilómetros de la costa y que se conoce con el nombre de Fezzan. Allí se encuentra una de las ciudades míticas en la rutas de las caravanas que durante siglos han deambulado por el norte de Africa: Ghat 

Dunas y montañas 

Ghat es una pequeña ciudad tuareg situada entre las montañas de Acacus, situadas al este, y el Tassili, al oeste, ya en territorio argelino. Conocida como Rhapsa en los tiempos romanos, era la llave de las rutas transharianas procedentes de Mali. Un fuerte italiano, la medina y el zoco, entretienen a los viajeros antes de penetrar en las montañas de Acacus. 

La autoridades libias exigen ingresar con un guía en este laberinto pétreo por dos razones básicas. La primera para evitar extravíos y una cotosa operación de rescate. La segunda para preservar la integridad de las pinturas rupestres que esconden sus paredes y no exponerlas a los grafitis de los desalmados.

Probablemente la tercera sea contribuir a la economía local. La entrada al área montañosa se encuentra a treinta kilómetros de Ghat, aunque no se puede retroceder debido a una duna con pendiente que sólo permite pasarla en una dirección. Para regresar a Ghat hay que dar una vuelta de 190 kilómetros hasta la población de Aweinat y retornar por la carretera asfaltada,pero sin duda resulta mucho más sugerente continuar por el espectacular desierto para contemplar los grabados de Mathandous antes de visitar las ruinas Garama, la vieja ciudad de los Garamantes.

 La práctica de la acampada libre y la utilización de buenos vehículos todo terreno, con la suficiente gasolina, agua y comida para varios días, son requisitos indispensables, a parte del permiso y el guía, para entrar en el universo de Acacus. A algunos les podrá parecer el cañón del Colorado, otros se podrán imaginar las cuevas de Altamira, la mayoría se sorprenderán por el mar de acantilados, la diversidad de texturas, la multiplicidad de tonos que ofrecen las grisáceas rocas flanqueadas por la arena. El sol ira cambiando de posición a lo largo del día y las sombras permitirán percatarse de la realidad de los volúmenes, de la inmesidad del entorno, de la magnificencia del decorado. Pisando la arena al pie de los valles se experimenta el lento caminar en el desierto. Andando sobre las rocas en lo alto de las montañas se observa el horizonte infinito... Y el frescor de la noche, ya cansado de sudar la última gota y desentumecer el último músculo, te hacer recordar que a pesar de todo.. sigues vivo.  

Arte rupestre 

Libia posee un de las mejores concentraciones de arte rupestreen Africa. Las pinturas en las rocas llamadas "del período de las cabezas redondas" están datadas entre los 8.000 y 5.000 años antes de Cristo. Cabezas redondas, cuerpos largos y estilizados, representan figuras humanas que más bien paracen personajes de ciencia ficción. Era la época de cazadores y recolectores. El segundo período que llega hasta el año 2.000 antes de Cristo, muestra una forma de pintar más naturalista, escenas de la vida diaria con participación del hombre y de antílopes, elefantes, avestruces, jirafas, cocodrilos e hipopótamos. Era la época de los pastores. Un tercer período, en torno al año 500 antes de Cristo, nos muestra el cambio de clima, la aparición de camellos y la existencia de curiosos carros tirados por cuatro caballos pertenecientes a las tribus Garamantes. Más avanzadas en la historia se pueden ver inscripciones que combinan los 24 caracteres del alfabeto tuareg.

Tras embriagarse de arena, percatarse de insignificancia, asombrarse de belleza y descubrir que a pesar de su aparente monotonía el desierto cambia a cada kilómetro y que los distintos paisajes se suceden sin fin, podemos llegar a Mathandous. En un pequeño valle interior difícil de encontrar aparece una pared rocosa. Aquí no se trata de pinturas, sino de grabados. Los primeros trazos perceptibles causan sorpresa en el recién llegado, pero a medida que va avanzando la sorpresa se convierte en admiración y la admiración en apasionamiento. Avestruces, elefantes y jirafas se suceden en la piedra y de vez en cuando aparece un simpático rinoceronte, una espectacular cocodrilo o una pareja de monos. Con trazos simples pero intencionados, el artista prehistórico ha sido capaz de compendiar el movimiento, la acción, la velocidad, la elegancia y la fuerza.

 No demasiado lejos, después de la gran distancia recorrida, se llega a Germa. Ya Herodoto describía a los Garamantes como habitantes de unos oasis situados a una distancia de treinta días de viaje desde la costa. En el litoral, primero fenicos, después griegos y más tarde romanos habían llegado para instalarse, pero pocos contactos tuvieron con los habitantes del desierto. Algunos intercambios comerciales se alternaban con enfrentamientos para demostrar quién era el más fuerte. Garama y Zinchecra son los vestigios de aquella tribu que en algunos momentos plantó cara a las legiones romanas. Hoy las ruinas sorprenden al recién llegado que, contrariamente a la mayoría de enclaves arqueológicos del planeta donde tras las excavaciones el lugar se acondiciona para las visitas, las encuentra como las dejaron los arqueólogos, con las vagonetas volcadas entre las calles y los railes instalados en las mismas. Los restos de un fortaleza, numerosas casas y otros edificios demuestran que los Garamantes no eran tan salvajes como los romanos consideraban. 

Lagos en el desierto 

Algo más al norte se encuentran los lagos de Gabraoun, cuyo origen, pureza y propiedades curativas todavía sorprenden a geográfos y exploradores. Su disposición entre las dunas y su vegetación entre palmeras apasionan a los amantes de la estética. Y es que son capaces de responder a la imagen idealizada que tenemos de los oasis. El lago de Mavo es conocido porque cambia de color, pero resulta más espectacular cuando se divisa de lejos. Su pequeño tamaño entre el inmenso mar de dunas, el contrapunto verde ante los ocres dominantes, el espejo acuífero y el relax que sugiere tras el largo camino compendian el escenario idóneo para el descanso largamente esperado y  seguramente más que merecido.  

El lago Mandara, también tenía fama por su belleza, pero con el nivel bajo del agua ha perdido buena parte de su antiguo atractivo. El de Gabraoun da nombre a la región y estuvo durante muchos años habitado. Sus moradores fueron invitados a abandonar la vieja aldea hoy en ruinas, a cambio de instalarlos con más comodidades en el llamado New Gaberoun, en la carretera asfaltada que va desde Sebha hasta Ubari.   

Para llegar a los lagos hay que ver y pisar mucha arena. "El verdadero desierto" como dicen los habitantes de la zona. Dunas y dunas de cincuenta metros de altura que hay que ir sorteando para seguir la buena ruta. Valles inmensos, espacios infinitos capaces de embriagar al viajero. Y si bien su visión diurna es espectacular, su recorrido nocturno resulta de lo más emocionante. 

Encontrar el camino, no volcar en el siguiente salto, observar como las luces del todo terreno que va detrás siguen en la buena senda, evitar quedarse clavado en la arena mientras las estrellas del firmamento siguen marcando el norte. 

Los lagos de Gabraoun estaban muy concurridos a fin de año.

Algunos italianos en todo terreno se alternaban con un par de grupos de alemanes con sus motos. Pasar el fin de año en el desierto se ha convertido en un hito para los amantes de la gran tierra vacía y sin duda es la mejor época para visitarla ya que la temperatura diurna es más agradable y sólo hay que preveer algo de ropa de abrigo por la noche cuando el viento sopla a los lejos y hay que resguardarse bajo alguna palmera, si uno quiere alejarse del campamento. 

Pero todo termina y hay que abandonar el desierto para volver a la "civilización" litoral.  

Ciudades Romanas 

Leptis Magna, Oea y Sabratha formaban las Tripolitania Romana.  Tres ciudades que ponían el contrapunto a la Cyrene griega, situada también en la costa pero más al este. 

En la desembocadura del rio Lebda, se había instalado una pequeña colonia fenicia, que como las poblaciones vecinas de Oea y Sabratha, debió su desarrollo inicial al comercio con las caravanas transharianas. Los romanos la dotaron de un nuevo empuje llamándola más tarde Leptis Magna y convirtiéndola además en uno de los mayores centros productores de aceite de oliva de Africa. En la época de Augusto, la prosperidad aumentó construyéndose más edificios, el Forum Vetus y el templo de Liber Pater, dedicado a Baco que juntamente con Hércules, eran los dioses protectores de la ciudad. Después, en los años 1 y 2 después de Cristo se levantó un hermoso teatro de planta semicircular. La ciudad se fortificó para defenderse de los ataques Garamantes, ampliándose su puerto y desviando el curso del rio con un canal. Trajano elevó su estatus a la categoría de colonia romana y más tarde, un hijo de la ciudad accedió al trono con el nombre de Septimio Severo, concediendo a Leptis Magna el ius italicum, que eximía a sus habitantes de pagar impuestos. Era el más grande de los privilegios y honores que una ciudad podía esperar recibir de su emperador. Llegaron legiones de artistas y arquitectos procedentes de Grecia y Asia Menor y se importaron ingentes cantidades de mármol de las canteras griegas e italianas. Se levantaron nuevas y espectaculares construcciones entre las que destaca un imponente arco de cuatro caras en el cruce de las dos calles principales, el Cardo y el Decumanus.

Corría el año 203. Más tarde la ciudad entró en decadencia, fue conquistada por los vándalos y abandonada por sus ciudadanos. Las arenas fueron cubriendo sus edificios y hoy les debemos buena parte de su protección, ya que Leptis Magna figura entre las ciudades mejor conservadas del Imperio Romano. En efecto, vagar por sus calles, contemplar sus templos, descansar en su espectacular foro, representa impregnarse de todo un mundo majestuoso y colosal capaz de sorprender a cualquiera. Y con un poco de imaginación todavía se puede escuchar el sonar de las trompetas y el redoblar de los tambores de cualquier jornada ceremonial.  

Oea, no vivió la misma suerte. Conquistada en el 533 por el general de Justiniano, Belisario, vió como los bizantinos frenaban su decadencia y más tarde árabes, españoles y turcos la dotaban de nuevos edificios entre los que destacaba mezquitas, fortalezas y palacios respectivamente. Se iba gestando la actual Trípoli, la capital cultural y económica del país. Cuando los italianos conquistaron Libia le dieron su aspecto actual, convirtiéndola en la ciudad blanca que ahora es. El castillo de Assai al-Hamra, el museo de la República, y la Medina, que se extienden frente al puerto y al otro lado de la Plaza Verde, forman el núcleo original de la urbe, donde también destacan el viejo arco de Marco Aurelio (año 146), las mezquitas de Darqut (1558), Gurgi (1834), Nagah (1610) y Ahmed Basha Karamanly (1736), la casa de Karamanly, la iglesia católica de Santa María de los Angéles, la torre del reloj y varios zocos, baños turcos y escuelas coránicas. Al este se extiende la parte nueva de Trípoli, ya con las influencias urbanísticas turcas y sobre todo italianas; con la vieja catedral, la fuente de la Gacela y el Palacio del Pueblo, perteneciente antes de la revolución al rey Idris, que reinó desde la independencia de 1951 hasta el golpe de estado de Muammar el Gadafi el 1 de septiembre de 1969. 

Cuando se regresa hacia Túnez no hay que dejar de visitar la tercera de las viejas ciudades romanas: Sabratha. Las jarras púnicas y los vasos griegos allí encontrados recuerdan la época en que sólo era un lugar de escala para navegantes. César le dió el primer impulso, con Augusto se construyó el primer templo en honor a Isis, Antonio el Piadoso la elevó a categoría de colonia y Justiniano la dotó de una importante basílica cristiana. Con la llegada de los musulmanes la ciudad quedó abandonada y nuevamente las arenas se ocuparon de cubrirla y protegerla. Sin alcanzar la grandiosidad de Leptis Magna, hoy sorprende al visitante por su espectacular teatro cuya escena tiene tres pisos. Con la caída de la tarde y los rayos perpendiculares del sol, las columnas estríadas alcanzan una magia especial. Una magia capaz de recordar el embrujo del desierto.

 

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