ARTICULOS   

Colaborador habitual de múltiples diarios y revistas tanto de caracter general como especializado, Román Hereter lleva más de 500 artículos publicados a lo largo de su carrera profesional. 

El conocimiento de buena parte del mundo y la disposición de un completísimo archivo fotográfico propio, lo hacen especialmente indicado para colaborar en secciones de viajes de cualquier diario o revista general como especializada.  

52 artículos para 52 semanas del año

Aviso legal  artículos (52)

Indice de articulos por continentes:

  1. Tierras de Swahilis

  2. La ciudad de Piedra

  3. Los Spice tours

  • KENIA: Africa en la memoria

  1. Rift Valley, la enorme grieta de Africa

  2. Lago Naivasha

  3. Ruta hacia el Norte

  4. El monte Kenia, el otro gran gigante

  5. Hacia el gran desierto

  6. Territrio Samburu

  7. Campamento de Lujo

  8. Las llanuras del Sevengueti, junto el rio Mara

  9. Orgullo Masai

  10. El Rio Mara

  11. Nairobi y el viejo ferrocarril

  1. Callejear sin cesar

  • ETIOPIA: Uno de los secretos mejor guardados de Africa

  1. Addis Abeba: La  "nueva flor capitalina"

  2. Altiplano Rico y verde

  3. Gondar: el "camelot africano"

  4. Lalibela :Iglesisas cristianas talladas en la roca

  5. Harer: Bastión musulman y foco de tolerancia

  6. El sur: Diversidad tribal y origenes del hombre.

  1. La huella de Islam.

  1. Dunas y montañas

  2. Arte rupestre

  3. Lagos en el desierto

  4. Ciudades Romanas

  • CANADA: Los Parques de las Montañas Rocosas

  1. El primer parque nacional de Canadá 

  2. Jasper 

  1. La vieja Antigua 

  2. Mercado colorista 

  • CUBA: Aire caribeño entre Santiago y La Habana.

  • El otro CARIBE: Las islas no hispánicas

  1. Jamaica   

  2. Bahamas 

  3. Antigua y Barbuda

  4. San Cristobal y Nieves

  5. Dominica 

  6. Santa Lucía

  7. Barbados

  8. Granada

  9. San Vicente y las Granadinas

  10. Trinidad y Tobago

  11. Haiti

  12. Antillas Británicas

  13. Antillas Estadounidenses 

  14. Antillas Francesas 

  15. Antillas Holandesas 

  1. Variedad paisajística

  2. Castigada por los incendios

  3. Plantaciones agrícolas

  4. Termalismo saludable

  1. Quito: claustro de América.

  2. La avenida de los volcanes. 

  1. Islas Ballestas: fauna pacífica  

  2. Vida animal por doquier 

  3. Pieza clave para la economía 

  4. Los Yaguas de la amazonía

  5. Caza y guerra 

  6. Fiebre del caucho

  7. Arequipa y el convento de Santa Catalina 

  8. El Tren de Puno a Cuzco 

  • BRASIL: desde Rio de Janeiro al Amazonas

  1. Salvador de Bahía 

  • SIRIA: Tras las huellas de la historia.

  1. Alepo: el zoco más grande del mundo.

  2. Río fuente de vida.

  3. Palmira: Oasis del desierto, sinfonía pétrea.

  4. Damasco: La capital de los Omeyas

  • PETRA, la joya del desierto

  • ISRAEL: Tras las huellas de la historia.

  1. Jerusalem: La ciudad Santa.

  • Viaje por IRAN: Una agradable sorpresa

  • YEMEN: la joya montañosa de Arabia

  • INDIA: Entre la opulencia y la sencillez

  1. Profundizando en el Rajastán

  2. Prosiguiendo por la ruta clásica

  1. Anuradhapura, Polonaruwa y Siguiriya...

  1. Phuket o el "paraíso" del sur

  2. Hacia el norte, en busca del pasado

  1. Paraíso del libre comercio.

  2. Variedad de etnias orientales

  3. Chinatown

  1. Al descubrimiento del embrujo

  • JAPON: Entre la tradición y la modernidad

  1. El Japón Profundo

  1. Parques Nacionales y Reservas Naturales

  2. Akureyry, la capital del norte

  3. Historia y Geología.

  • NORUEGA: El lento despertar del sol de medianoche

  1. Laponia FINLANDESA: La Aventura sobre el hielo.

  1. El distrito de los lagos

  2. Cracovia: La joya histórica de Polonia

  • PRAGA: La ciudad dorada de las cien torres

  1. Bosques de Bohemia

  2. Moravia, tierra de castillos

  1. Maguncia, el inicio del sueño renano

  2. Rosario de Castillos.

  3. Loreley y el romanticismo.

  1. Ginebra.

  2. Laussanne, y sus alrededores

  3. Berna, capital de la Confederación

  4. Zurich

  5. Basilea, enclave entre tres países.

  6. Alpina donde las hay.

  7. Turismo y estaciones de esquí

  1. Victoria: La elegancia.

  2. "The Great Ocean Road".

  3. Hayman Island: la esclusividad.

  4. Tierra y estados.

  5. Queensland, del duro desierto al relajante trópico

  6. "Outback", el estereotipo

  7. Nueva Gales del Sur, el estilo de vida. 

  1. Routeburn Track: Rumbo hacia Fiorland

  1. Samoa Occidental: regreso a las raíces de la Polinesia

  2. Islas Cook: en memoria del capitán viajero

 

ARTICULOS - AFRICA 

NAMIBIA: 100 años de soledad.  

Namibia. Sudoeste de Africa. Con una superficie una vez y media más grande que España, es un país en el que coinciden diferentes grupos de indígenas, una gran riqueza faunística y donde se encuentra uno de los desiertos más bellos del mundo: el Namib. 

La capital Windhoek, que significa literalmente "ángulo ventoso", representa el punto de encuentro entre las culturas europeas: alemana, inglesa y holandesa y las propiamente indígenas configuradas por Owambos, Damaras, Hereros y Nambas en sus grupos más numerosos y Bosquimanos e Himbas en menor medida. Sin embargo, a pesar de su variedad, Namibia, con una densidad de población de 1,66 habitantes por kilómetro cuadrado, es uno de los países menos poblados de la Tierra: 400.000 almas para sus 824.292 kilómetros cuadrados.  

Una de las cosas que más llama la atención en la capital es la pureza de su cielo. De noche se pueden observar las estrellas del firmamento, que en el hemisferio sur alcanza una belleza sin par, mientras de día el viento se ha encargado de limpiar la atmósfera y aparece el cielo limpísimo, cuyo completo color azul solo se ve truncado en algunas ocasión por estilizadas nubes de formas caprichosas. Bajo ellas la iglesia luterana alemana, rodeada de magníficos y bien cuidados jardines se yergue como el símbolo de la ciudad. Los edificios administrativos y las principales calles comerciales, cuyos modernos establecimientos recuerdan las zonas peatonales de las ciudades alemanas, configuran el centro de Windhoek, mientras sus personajes más llamativos son las mujeres hereros vestidas todavía con espectaculares trajes herencia de la época colonial.  

Pero para observar todo el esplendo de los trajes de esta comunidad étnica hay que trasladarse a la pequeña ciudad de Okahandja, situada a 72 kilómetros al norte de la capital. Es allí donde a finales de agosto tiene lugar el encuentro anual de los hereros y se suceden una serie de desfiles, danzas y commemoraciones religiosas en torno a la iglesia luterana. La fiesta es en honor de sus líderes muertos en la lucha contra los alemanes durante la colonización. Algunos de los líderes hereros descansan en los jardines públicos de la pequeña  población. Los hereros destacan por su sorpulencia. Los hombres visten ropas militares y aunque sin armas, desfilan orgullosos con singular paso de la oca y un porte lleno de marcialidad. Mientras, las mujeres los observan ataviadas con unos llamativos vestidos rojos, donde destacan sus anchas faldas, un amplio sombrero rojo de lo más espectacular y una chaqueta negra. Este es el traje de gala de las mujeres hereros, que utilizan en esta fiesta anual, pero durante todo el año se las puede ver con sus anchos vestidos, bien floreados o a cuadros, y cubiertas por sus aparatosos sombreros que les dan un cierto aire victoriano.  

Es hora de abandonar el bullicio y dirigirse en busca del silencio. Al Sudoeste de Windhoek y con una superficie de 49.768 kilómetros cuadrados se extiende el Parque del Nambi-Naukluft, formado en 1978 fruto de la unión del Parque del Desierto del Namib y del Parque de las Cebras del Naukluft. No se trata sólo de la mayor zona del país para la tutela de la naturaleza, sino posiblemente de la más extraordinaria reserva de fauna del mundo. Y no por la cantidad de animales que en ella habitan, a pesar de su considerable número y variedad, sino por el hábitat en si: el desierto. Porque el Namib, además de dar nombre al nuevo país, es el desierto más vivo del mundo. Creado a merced de la fría corriente de Benguela vagan entre su árida planicies diversas especies de antilopes, oryx y cebras, por poner algunos ejemplos. 

Pero el Namib posee otros "récords": allí crece la planta prehistórica más antigua de la Tierra, la "Welwitschia mirabilis", y se levantan las dunas más altas del mundo, que alcanzan hasta 300 metros en el área de Sossusvlei.  

La aparente monotonía se ve rápidamente truncada por las formas fantasmagóricas de una sucesión de árboles resecos y retorcidos que rompen las ondulaciones del horizonte con sus troncos dirigidos hacia el cielo. La sequia de los últimos años les ha quitado la vida, pero su estética representa un obsequio para los fotógrafos. De repente un grupo de oryx aparece timidamente tras la loma de una duna mientras una bandada de flamencos rosas surcan el cielo. De vez en cuando es preciso detenerse para observar el paisaje, caminar, escucar el silencio. Tras 60 kilómetros de pista hay que dejar el vehículo a menos que se disponga de uno con tracción en las cuatro ruedas. Quedan 5 kilómetros antes de llegar a Sussuvlei, un estanque rodeado de las dunas más altas del mundo. La humedad se hace presente y en el largo camino abundan los arbustos, cuyo número aumenta a medida que el agua se hace más próxima.  

El cansacio aparece, pero todavía quedan fuerzas para remontar la duna más alta, desde donde se obtiene una maravillosa parorámica  de todo el entorno y una vista aérea sobre el estanque. Es el momento para la tranquilidad, para la observación, para el deleite. Cuando cae la tarde, los animales se acercan a beber, mientras la textura del mar de arena va cambiando a medida que el sol desciende. Un juego de luces y sombras se sucede mientras el viento sopla levantando minúsculos granos de arena y el canto de los pájaros se hace cada vez más fuerte. 

El parque del Namib-Naukluft queda flanqueado en su perímetro occidental por el océano Atlántico. Al norte se encuentra la bahía de Walwis que alberga el mayor puerto de la zona, cuyo control se ha reservado Sudáfrica, por lo que es necesario poseer un visado del citado país para entrar en él. En el limite del desierto unas tiendas de campaña marcan la frontera. En los diques del puerto de Walwis Bay es frecuente ver barcos pesqueros españoles en reparación. Un poco más al norte se levanta Swakopmund. Para algunos la ciudad más bonita del mundo. 

Está situada entre el desierto y el mar, y mantiene mejor que cualquier otra el carácter colonial alemán. No ha crecido mucho, no ha pagado el peaje del desarollo industrial. La mayoría de sus casas presentan las fachadas entramadas como en Baviera y las tertulias en sus bares giran en torno a las jarras de cerveza. La comodidad de sus hoteles, la calidad de su gastronomía y el calor de sus gentes representa un respiro para los viajeros, procedentes del desierto. La iglesia luterana, la torre Damara, la casa Hohenzolen y la estación del ferrocarril son algunas de las construcciones que más llaman la atención en un paseo por esta pequeña ciudad, que, por supuesto, debe realizarse a pie. Al Norte de Swakopmund, un carretera paralela a la costa conduce hasta Cape Cross, el punto donde en 1485 el navegante portugués Diego Cáo descubrió estas tierras en nombre del rey Juan II, como lo atestigua una cruz que allí se levanta. Era la primera vez que marineros europeos se aventuraban tan al sur. Pero no es la cruz lo que justifica la parada en Cape Cros, sino la magnífica y numerosa colonia de otarios que habitan en su perímetro. Un número que oscila entre los ochenta y cien mil individuos que se amontonan en un reducido espacio. Los machos, que pueden pesar entre 150 y 350 kilos, aparecen rodeados por los distintos "harenes" de hembras que pueden llegar hasta un número de 25 y cuyo peso medio es de 75 kilos. Más al norte se extiende, como una franja bordeando la costa, el Parque de la Costa de los Esqueletos (Skletton Coast Park). Su nombre proviene de los restos de personas, animales y naves que han perecido sucumbiendo a las peligrosas aguas de la corriente fria de Benguela proveniente de la Antártida que azotan la costa. Todavía es posible observar los cascos oxidados de algunos barcos embarrancados en la arena y que sirven de refugio a todo tipo de aves. El Skeletton Coast Park presenta una rara belleza. Dunas delineadas por el viento, nontañas destelladas, cañones, improvisados cursos de agua y algunos animales resistentes al desierto. La soledad, el entorno y un estremecedor silencio provocan la sensación de encontrarse en otro mundo.  

Las distancias se hacen eternas y lo que apenas parece unos kilómetros en el mapa se convierte en unos centenares. Salir del parque en dirección este hacia Khorixas, la ciudad más importante del territorio de los damaras, no representa un gran cambio en el paisaje. Simplemente pasar el control y sellar el permiso de salida tras apuntar nombre y datos del vehículo en el libro designado a tal efecto. Pero las grandes extensiones de la nada, las "welwitscias" semienterradas en la arena, y los escasos árboles "okerboom" siguen acompañando al viajero. 

Las pinturas rupestres son abundates por esta zona y se complementan por la existencia de un bosque petrificado con árboles fósiles de más de 200 millones de años de antigüedad. Hacia el norte se extiende el territorio de Kaokoland, habitado por los himbas, una de las etnias más peculiares de Namibia. Apenas alcanzan los 700 miembros y representan el grupo minoritario que más ha resistido a las influencias del modo de vida occidental. Son nómadas y vagan con sus rebaños por la parte noroeste del país, buscando los pastos para alimentar a los animales. Construyen chozas de barro y estiércol llamadas "kraals" y untan sus cuerpos con grasa animal mezclada con un polvo rojo extraído de un mineral férreo. De religión animista vagan a lo largo y ancho de los 50.000 kilómetros cuadrados del territorio situado al sur de Angola. La carne, la leche y el maíz constituyen la dieta principal de los himbas aunque a veces se les pueda ver comprando otros productos en alguna tienda de Opuwo, la aglomeración urbana más importante de la zona y a donde se puede llegar por vía aérea. Los himbas me recuedan a los turkanas, la tribu keniata que habita cerca del lago del mismo nombre de cerca de Uganda, Sudán y Etiopía. Las desnudas y relucientes espaldas de las mujeres, la forma de recogerse el pelo, los adornos que se aplican, el entorno donde habitan y el modo de vida tienen muchas similitudes. 

Lo que no tiene similitud con las resevas de Kenia es el Parque Nacional de Etosha, el más rico del país creado entorno al Etosha Pan, un inmenso lago seco formado posiblemnte cuando el río Okawango cambió su curso hace millones de años. Completamente llano, su extensa blancura sólo se ve rota en ocasiones por un grupo de ñus que lo atraviesan o por las siluetas de una pareja de oryx, el animal que simboliza el país. Alrededor del viejo lago una serie de charcas dispersas concentran a la mayoría de animales que sacian su sed y refrescan su pieles. Esta es una de las particularidades del parque, donde es frecuente ver distintas especies mezcladas en un espacio muy reducido. Jirafas, cebras, ñus, gacelas y oryx comparten el entorno. Cuando aparecen los elefantes simplemente les dejan paso y observan cómo los más pequeños se revuelcan en la charca.

 Etosha es uno de los parques más prolíficos de Africa, con un total de 325 especies censadas. Su infraestructura se concentra en tres campamentos: Okaukejo, Halali y Namutoni y las pistas unen la mayoría de las charcas donde resulta fácil contemplar a los animales en plena libertad. La pureza azulada del cielo, las distintas tonalidades de ocres del desierto, las formas caprichosas de los árboles resecos, la armonía animal del pParque de Etosha, el rojo intenso de los vestidos de los hereros o las negras y brillantes espaldas de las mujeres himbas son algunas de las cosas que más llaman la atención en este joven país.   

BOTSWANA: El Delta del Okavango

Proviene cudaloso de las tierras de Angola. Durante un buen trecho, constituye la frontera natura en Namibia, al norte de la tierra de los bosquinamos. Atraviesa con cierta timidez la estrecha franja del Caprivi para entrar posteriormente en territorio de Botswana, en el Africa Austral. Hasta aquí puede parecer un río cualquiera.  

Pero el Okavango no es un río cualquiera. Los caprichos de la naturaleza y las ondulaciones del relieve han hecho que no desemboque en el mar, ni tan siquiera en otro río. El Okavango vierte sus aguas sobre el desierto del Kalahari. Pero ya se sabe que en las masas continentales la tierra sólo se deja erosionar por el agua y, en este caso, las arenas del Kalahari no están dispuestas a ceder ante las aguas angoleñas, por lo que el Okavango no tiene más remidio que encajarcase. Y lo hace formando un delta que se presenta como un prodigio de vegetación, creando un ecosistema único que favorece la vida de animales salvajes, y constituyéndose como uno de los ejemplos más claros de la autenticidad de Africa.  

La preservación de la naturaleza y la existencia turística limitada y adaptada al ambiente favorece esta auteticidad, permite vivirla y provoca, a la vez, unos precios elevadísimos lo que exige un alto poder adquisitivo. No sólo hay que llegar a Maun, la capital turítica de Botswana, sin posibilidad de vuelos charters y excesvas tarifas reducidas. A partir de ahí, hay que ponerse en manos de los operadores turísticos receptivos para trasladarse y alojarse en sus campamentos. Acostumbra a tratarse de tiendas de campañas amplias, bien amuebladas dotadas de duchas y sanitarios en su parte posterior. El precio ronda las ... 35.000 pesetas por persona y días, incluyendo pensión completa con barra libre durante toda la jornada, dos safaris diarios, bien en todo terreno o en canoa a través de los cursos del agua, y el traslado en avioneta privada desde Maun al campamento elegido, lo que sin duda constituye una de las experiencias más impresionantes del viaje.  

En efecto, sobrevolar el Delta del Okavango a baja altura es uno de los espectáculos más fascinantes que he podido observar. La vegetación se alterna entre tonos verdes y ocres, dependiendo de la cantiddad de humedad de la zona, los pequeños brazos del río serpentean sin cesar, y sobre la supèrficie los animales salvajes campan a sus anchas sin mayor temor que las leyes que rigen la supervivencia de su propia especie. Es fácil ver manadas de elefantes, de búfalos, de cebras, impalas, y de hipopótamos en el agua, grupos de sables (antilope difícil de ver en otras latitudes), pero no tan sencillo plantase ante un león, un chetaa o un leopardo, y no hay rinocerontes.  

Es por ello que el cliente medio de nuestro país se sentiría defraudado en el Okavango, mientras disfruta en Kenia por la cantidad de animales existentes y la facilidad en verlos. El Okavango está reservado para los que han hecho ya varios safaris. Mi vecino de la tienda de al lado era un ginecólogo de Oshio. Entre sus hobbies destacan la fotografía de animales y el coleccionismo de cuadros auténtios de Van Gogh. Estaba en el Okavango para vivir la autenticidad de Africa. para él Kenia es un zoológico. "Hay otros mundos .. pero están en este".  

Kruguer Nationl Park: Safari en SUDAFRICA

Situado a unos cuatrocientos kilómetros de Johannesburgo, la ciudad más populosa y capital económica de Sudafrica, el Krugerpark es la reserva animal más importante del país. Ocupa una superficie de dos millones de hectáreas (aproximadamente la provincia de Cáceres) y está situado en el noroeste del Transvaal, junto a la frontera de Mozambique que viene determinada por las montañas de Lebombo. Esta surcado por seis rios y la altitud sobre el nivel del mar oscila entre los doscientos y ochocientos metros. En verano (diciembre y enero en el hemisferio austral) suelen haber precipitaciones lluviosas y las temperaturas máximas pueden rebasar los cuarenta grados centigrados. Es por ello que la mejor época para visitarlos es en invierno, durante los meses de junio, julio y agosto, cuando la temperatura es agradable y las hierbas estan bajas y permiten observar con mayor claridad los animales. La vegetación, que recibe el calificativo de sabana boscosa es compleja y variada según las distintas zonas de tan extensa superficie.  

Las hojas en forma de mariposa del árbol mopani (Copaifera mopane), especie dominante en el paisaje al Norte del rio Olifants (de los elefantes), está en una zona que se extiende hasta el rio Limpopo. Se trata de árboles vetustos entre cuyas formaciones apuntan grupos del igualmente robusto sauce rojo de la sabana (del género Combretum). En pleno trópico, se encuentra el lugar predilecto del elefante y del antílope caballo, una espesura boscosa de quebracho, ébano y caoba, junto a las riberas del río Luvhuvhu; allí existen antiguas agrupaciones del poderoso baobab, evocador de imágenes del Africa de las épocas primitivas. 

Al sur del Olifants (de los Elefantes) y el Este, hay amplias tierras de pasto con hierba roja y hierba de Guínea, abundando las especies arbóreas de acacia negra africana, Combretum imberbe y Sclerocarya caffra. Al Oeste, destacan éstas acacias que pueblan el denso monte boscoso que bordea el rio Sabie entre los campamentos de Skukuza y Lower Sabie.   

No obstante, dentro de ésta extensión de terreno, las zonas altas de alrededor de Pretoriuskop, manifiestan su propia configuración característica por las densas masas de sickle busch (mata) y silver cluster (árbol plateado). 

Por todo el Parque, la vegetación ribereña es selva exhuberante. En el lugar donde abundan las acacias de la fiebre (A. xanthoploea) favorecen la presencia de humedad. El águila pescadora frecuenta las orillas de los rios, cobijándose a la sombra de la higuera sicómora y de la caoba de Natal.  

El parque dispone de dieciseis campamentos unidos por una amplia red de carreteras asfaltadas que se completan con una más extensa tela de araña de caminos de tierra. La mayoría de estos campametos disponen de zonas para tiendas de campaña y caravanas. Todos están dotados de lugares aptos para cocinar y hacer barbacoas. El hecho de visitar el parque en caravanas es bastante común, experiencia practicada por una buena parte de los habitantes del propio país y durante mi estancia en el parque he tenido la oportunidad de ver un gran número de casas rodantes, bien instaladas en los distintos campamentos, bien trasladándose de lugar.  

Los recorridos a través del parque suelen hacerse, en coche particular o alquilado, o en furgonetas cerradas con máximo de ocho pasajeros, no permitiéndose en ningún de los casos el descenso de los vehículos. Las salidas se inician con la apertura de las puertas de los campamentos a las seis y media de la mañana y se prolonga hasta las once y media, con una parada a las ocho para un copioso desayuno. Tras la comida de las doce y la posibilidad de una siesta o descanso, se reanudan a las tres para finalizar a las cinco y media, horario en el que se pone el sol en esta época y se cierran las puertas de los campamentos. Tras una reconfortable ducha se inicia la vida social en torno a una barbacoa es el interio de algunas de las empalizadas existentes.  

Durante los recorridos se obsevan constantemente algunas de la gran cantidad de impalas que viven entre los confines del parque. Los babuinos les siguen en importancia numérica. De vez en cuando nuestra mirada se para ante alguna jirafa, grupo de cebras, nyala o Kudu. Junto a los rios se puede observar algún cocodrilo o grupo de hipopótamos. La suerte nos ofreció una pequeña manada de cuatro elefantes, un león haciendo la siesta y un grupo de leones que se alejaban rapidamente, y nos negó la visión del leopardo, la cheeta o guepardo y el rinoceronte. También pudimos observar alguna hiena manchada, varios gamos y una gran variedad de pájaros de todos los tamaños y coloridos.  

Junto al Kruguer Park hay una serie de reservas privadas que ofrecen la gran ventaja de los paseos en jeeps descubiertos que permiten una visión más adecuada y una mayor movilidad a la hora de observar los animales. Además los vehículos proporcionan la posibilidad de abandonar los caminos e internarse campo a través para acercarse a los que pastan o descansan en cualquier lugar de la reseca sabana. El menor número de animales queda compensado por el hecho que los 5 ó 6 vehículos que salen a la vez, están intercomunicados por radio y cuando se localiza un animal interesante se avisa a los que están más próximos. La dotación del jeep está formada por dos personas. El conductor, blanco que hace las funciones de guía y explica las características y comportamiento de las bestias, y un ojeador negro que va sentado sobre el capó del automovil. Una carabina servirá de recurso a los expertos rangers en caso de peligro. Otro de los atractivos de las reservas privadas es el safari nocturno. Hay que recordar que en los parques nacionales las puertas de los campamentos se cierran a las 17,30 horas. Durante la noche después de la puesta de sol, que en Africa alcanza una dimensión distinta, hechizante, embriagadora, aparecen los animales especificamente nocturnos, y los diurnos se comportan de muy distinta manera que durante el día. A los faros del vehículo hay que sumarle un potente foco móvil que el ojeador agitará panorámica y constantemente en un arco de 180 grados hasta detenerse cuando vislumbra un ser vivo inmóvil o que se desliza por entre los arbustos. De repente su mirada quedará deslumbrada y sus pupilas reflejarán los haces luminosos que rivalizan en vivacidad con el firmamento estrellado del hemisferio austral. El regreso al campamento supondrá el llenar el estómago a base de barbacoa al aire libre, con carne de impala incluida, y la oscuridad de la noche se vera simplemente alterada por el rojo del fuego y la blanca claridad de la luna que se presenta en posición poco habitual. Noche africana en plena sabana. 

Mala Mala tiene la fama de ser la reserva de animales salvajes más lujosa del mundo. El precio por persona y dia de estancia en el campamento ronda las 50.000 pesetas y el staff se ocupa de todos los detalles para asegurar una estancia inolvidable a sus selectos clientes entre los que se encuentran algunas de las personas más ricas del mundo, los artistas de cine y cantantes mas famosos y los políticos más renombrados. Prácticamente se asegura la visión en una estancia de dos días de los llamados "Big five" o cinco grandes, es decir los animales que más impresionan y son más buscados en un safari como son el león, el leopardo, el elefante, el búfalo y sobre todo el rinoceronte. Las cabañas que sirven de alojamiento tienen todas las comodidades y alfombras de pieles de cebra o impala. Las veladas nocturnas son de lo más agradable pero una de las cosas que más me llamó la atención durante mi primera estancia en la reserva es que a los postres del almuerzo, poco antes de salir para el safari de la tarde, el ranger y conductor de mi vehículo se acercó a nuestra mesa para explicar y preguntar a la vez: Hoy la puesta del sol se producirá a las seis de la tarde, momento en que pararemos en plena sabana para contemplarla en todo su esplendor, poniendo pie en tierra y paseando durante el creprúsculo. ¿Preferirán degustar alguna reserva especial de los vinos de nuestra bodega o se ibnclinarán por el champagne?. Hay otros mundos, pero están en este. 

MAURICIO: Isla de tres continentes

Playas de arenas blancas, aguas límpidas y transparentes, bosques de palmeras extendidos por el litoral... Unas isla lejana, el color azul del mar y del cielo..

Estas son las imágenes comunes para unas vacaciones placenteras y relajantes. El mundo esta lleno de estas islas tropicales a lo largo y ancho de los siete mares. Algunas están desiertas, otras saturadas de gentes, pero son muy pocas las que han sabido mantener el equilibrio entre la multitud y la soledad, entre la falta de instalaciones para personas que huyen del agobio de occidente y las molestas aglomeraciones de complejos hoteleros dispuestos a recibir a multitud de turistas que pasan sus vacaciones bajo el sol del día y las luces de la noche. Mauricio es una de ellas. 

Esta isla del Índico reune todos los requisitos y ha sabido controlar su oferta hotelera, ofreciendo un producto de calidad que satisface a los visitantes que recibe. Unos clientes que disfrutan del confort y que disponen de todo tipo de actividades para evitar el aburrimiento. Diversidad de deportes náuticos, espectáculos nocturnos y juegos de animación, se ofrecen diariamente en la mayoría de los hoteles isleños, sin representar un gasto adicional para sus huéspedes. La caza del ciervo, la pesca en alta mar y la práctica del golf completan las actividades a disposición del extranjero.

Pero, con todo, no son estos aspectos los atractivos más remarcables de Mauricio. Existen otros alicientes que generalmente no llegan a ser conocidos por este turismo que se instala en los hoteles sin descubrir la realidad de la isla.

Porque Mauricio tiene impresionantes paisajes, una población multiétnica, multicultural y multireligiosa, amable y de fácil conversación, lugares sorprendentes y caminos sugestivos.

Criollos del continente africano, indios, chinos y también europeos configuran, conjuntamente con el lógico mestizaje, el pérfil humano de la isla. Una diversidad que sólo se puede reencontrar en las monstruosas ciudades de fin del siglo XX. Animistas, budistas, cristianos, hinduistas y musulmanes se respetan mutuamente sin abandonar los preceptos de sus respectivas creencias. En total, un millón y medio de personas conforman un pequeño mundo donde conviven diversas razas y religiones en admirable tolerancia. Ninguna comunidad pretende obtener la hegemonía, probablemente porque ninguna tiene el derecho de reclamarla. 

Los primeros vestigios de presencia humana en la isla son de orígen árabe. Siglos después, los portugueses la utilizaron como lugar de aprovisionamiento y descanso en sus rutas hacia las Indias. A partir de 1598 los holandeses la colonizaron y la dedicaron principalmente a la explotación de madera de ébano. De aquella época proviene el nombre de la isla, bautizada en honor del gobernador de los Países Bajos, Mauritius de Nassau. En 1715 pasó a manos francesas cuando fué llamada por el gobernador Mahé de Mabourdonnais Isla de Francia. En 1810 cayó en manos británicas en el ámbito de la Commonwealth. A lo largo de su corta historia ha ido recibiendo gentes de diversas razas provenientes de Africa, Asia y Europa. 

Curiosamente cada raza se dedica, a grandes rasgos, a determinados sectores de la economía isleña, como se puede descubrir a menudo echando un vistazo o hablando con la gente a pie de carretera. Los isleños no dedicados al turismo no están muy acostumbrados a hablar con extranjeros, por lo que la curiosidad es mútua y nuestros interlocutores acostumbran a rebosar amabilidad por los cuatro costados. Los habitantes de Mauricio de origen europeo acostumbran a controlar las empresas dedicadas al turismo y las refinerías de azúcar, que constituyen la primera fuente de ingresos del país. Los chinos dirigen el comercio, mientras que la comunidad india, traída por los ingleses para trabajar en las plantaciones de azúcar, se dedica a las labores que requieren una mayor productividad. Los criollos, y no tienen inconveniente en reconocerlo, son los más ociosos y procuran ganar únicamente lo imprescindible para vivir. Es frecuente verlos organizados en grupos musicales animando los aperitivos playeros del mediodía o las veladas nocturnas con sus canciones cantadas en créole. El criollo tiene sus orígenes en el francés antiguo, enriquecido con algunos vocablos africanos e ingleses. Es la lengua más utilizada por la población y sirve a la vez de puente de comunicación entre las distintas comunidades. En realidad es una lengua producto de contraer el francés para hacerlo más asequible a las capas más bajas de la sociedad colonial. Sin una gramática definida, ha sido trasmitido mediante la expresión oral y se habla también en Reunión, Seychelles, e islas del Caribe como por ejemplo Martinica y Guadalupe. 

Los hoteles acostumbran a ofrecer a sus clientes una serie de excursiones organizadas que permiten conocer los lugares clásicos y turísticos de la isla. La capital, Port Louis, representa el mayor compendio de variedad étnica, especialmente en su mercado diario, con áreas dedicadas a las comidas limitadas para cada creencia religiosa. Pamplemousses ofrece el contrapunto natural con su variedad botánica, constituyendo uno de los jardines más importantes del mundo por lo que respecta a la diversidad de flora. Curepipe nos transporta a la atmósfera de los tiempos coloniales con sus iglesias y mansiones señoriales. Chamarel ofrece el toque clásico y estático de una zona de siete colores, que se alternan entre las suaves ondulaciones de la tierra rodeados por la verde vegetación circundante. 

Pero, a pesar de lo mencionado, hay que descubrir Mauricio sin rumbo fijo. Son sólamente 1.865 kilómetros cuadrados rodeados de agua salada, cruzados por pequeños caminos y presididos por el Pitón de la Rivière Noire, la cima más alta, quen con 828 metros de altura sobre el nivel del mar sirve de orientación al viajero sin rumbo. Este, a medida que avanza en su camino, puede contemplar a las gentes trabajando en el campo, cortando caña de azúcar, volviendo de pescar o lavando la ropa en alguno de los rios que bajan de las montañas. 

El verde domina todo el paisaje y hace destacar el rojo de los saris de las mujeres indias o el blanco de los vestidos de las criollas. De repente, blanco y azul aparecen tras una curva. Se trata de las salinas que mantienen la actividad de sus trabajadoras transportando la sal producto de la evaporación del agua del mar. Mientras, en el otro extremo de la isla, los ciervos saltan en libertad esperando o intuyendo que un cazador los abatirá un día no demasiado lejano. En el campo, la zafra ofrece trabajo a muchos de los habitantes de Mauricio. Trabajo duro, intenso, agotador, pero según sus protagonistas, bien remunerado. No se adivina unn gesto de amargura en la gente. Ofrecen la impresión de felicidad que siempre se imputa a los habitantes de las islas del trópico. La naturaleza les ha otorgado un don del cual estan orgullos y que les aisla de los problemas lejanos.   

Y además, a pesar de ser una isla turística, sus habitantes no están todavía maleados por las consecuencias de dicha industria sin chimeneas. Y esto lo deben a los extranjeros que salen muy poco o nada de sus cómodos hoteles. Unos y otros viven vidas diferentes y los contactos son muy escasos. Por eso, cuando se produce el encuentro y el viajero se interesa por el tipo de vida y existencia, aflora una amabilidad que nos sorprende y el concepto de hospitalidad alcanza sus máximos valores. Que así sea por mucho tiempo. Asi, todos seremos, por unos instantes, más felices. 

ZANZIBAR: La isla de las especias 

Viajar a Zanzibar es como atravesar el túnel del tiempo y trasladarmos a los escenarios donde transcurren las fantásticas historias narradas en los "Cuentos de las Mil y Una Noches". Al lado de estas aventuras imaginarias, fruto de mentes inspiradas por el exotismo de una isla mitad africana, mitad árabe, encontramos hechos reales no menos legandarios. Se trata de las expediciones realizadas a medianos del siglo XIX por las tierras del interior de Africa, en aquel tiempo inhóspitas, que tenían como punto de partida la isla de Zanzíbar.  

Situada a 36 kilómetros de la costa oriental africana, era el lugar idóneo para la provisión de víveres y porteadoes necesarios para emprender aquellos viajes. Así lo hicieron, entre otros, el mítico explorador y misionero escocés David Livingstone y el tenaz periodista Stanley, que partió en busca del primero y fue autor de la célebre frase que pronunció tras encontrarlo a orillas del lago Tanganika "¿El Doctor Livingstone, supongo?" 

La historia reciente de Zanzíbar nos habla de un período de dominio colonial británico que se inicia a finales del siglo pasado y termina en diciembre de 1963 con el reconocimiento oficial de su independencia. A pocas semanas, una revuelta popular contra la oligarquía árabe en el poder, derrocó al último sultán del país instaurando un régimen socialista que tiene el soporte de la comunidad mayoritaria de origen africano. 

Desde 1964, Zanzíbar es una región autónoma de la República Unida de Tanzania, tras federarse con el país más próximo del contimente africano: Tanganika. 

Desde el punto de vista administrativo, el nombre de Zanzíbar engloba un pequeño archipiélago del Océano Indico, separado de la costa oriental africana por un estrecho canal.  

La isla principal del mismo nombre, con una superficie de 1.658 kilómetros cuadrados, es el objetivo de un turismo especialmente intenso entre junio y septiembre, la temporada menos lluviosa. 

El acceso a Zanzíbar puede realizarse desde Nairobi, Mombasa, Arusha o Dar es Salam, la ciudad más importante de Tanganika y capital virtual de la República de Tanzania, aunque hace algunos años perdió oficialmente este título.

Desde aquí salen vuelos diarios que requieren una reserva anticipada de los billetes si se quiere evitar sorpresas.  

Por vía marítima, la "Shipping Corporation of Zanzíbar" pone a la disposición de los visitantes sus barcos convencionales, pero es muy dificil resistir la tentación de realizar el trayecto en dhow, una embarcación tradicional propulsada a vela y con muchos siglos de historia dentro del mundo árabe.

Actualmente los dhow incorporan un motor que les resta parte de su encanto, pero la travesía representa igualmente una pequeña aventura en todos los sentidos.  

El carácter islámico de Zanzíbar, nombre que proviene del farsi antiguo "zendji-bar", "tierra de negros", se evidencia en las numerosas y concurridas mezquitas que encontramos por doquier.

Casi toda la población profesa el culto mahometano y en los últimos tiempos la religión se ha convertido en argumento para los que defienden la independencia de la isla. La actividad agrícola acapara la mayor parte de los recursos humanos del país, que ha contado desde los primeros años de independencia con la ayuda de la tecnología agraria procedente de otras naciones, especialmente de China. Los resultados obtenidos han sido muy aceptables en comparación con los países del entorno.

Son importantes los cultivos de arroz ----del clavo, del cual es máximo productor mundial. De esta forma no es raro que sea conocida popularmente como "la isla de las especias". 

Tierra de Swahilis 

Para muchos, el hecho más característico es la presencia de la cultura swahili, los orígenes de la cual se remontan al siglo VIII, con las primeras expediciones comerciales de persas y árabes a la costa oriental africana. El estalecimiento de numerosas colonias a lo largo del litoral originó la aparición de una raza mestiza resultante del contacto entre los negros bantús y los árabes.  

El factor cohesionante del universo swahili es su lengua, llamada kiswahili, que funciona como nexo de unión entre los diferentes grupos étnicos bantúes extendidos desde las costas de Somalia hasta Mozambique. 

El kiswahili es hablado actualmente por más de 30 millones de personas y presenta una gran variedad de dialectos, aunque el utilizado en Zanzíbar, donde es idioma oficial junto al inglés, se considera como el estándar por su pureza. 

La visita isleña puede dividirse en dos etapas claramente diferenciadas. La primera consiste en conocer la ciudad propiamente dicha, situada en la costa oeste de la isla, con los monumentos que permiten hacemos una idea de la época en que era uno de los sultanatos más prósperos del mundo árabe.

La segunda se nos presenta en forma de excursiones a diversos puntos de la geografía isleña donde, además de ver numerosas ruinas en un estado desigual de conservación, se incluyen visitas a las plantaciones de especias así como ratos de relax en las distintas playas.  

La ciudad de Piedra.

El núcleo de la ciudad de Zanzíbar, conocido con el nombre de Stone Town o Ciudad de Piedra, conserva parte de la arquitectura construida durante el período de máximo esplendor.

Su época dorada comenzó a finales del siglo XVII, cuando estaba bajo el dominio de los árabes de Omán, tras casi dos siglos de ocupación portuguesa. Convertida en sultanato dependiente de la capital omaní Muscat, era el punto de partida y llegada de las expediciones que iban a buscar marfil y esclavos a los territorios del interior de Africa.

Cuando a medianos del siglo XIX el sultán Seyid Said trasladó su corte aquí, la ciudad ya poseía un importante mercado de esclavos y era el principal centro de distribución de las mercancías procedentes de continente africano. 

Todavía se percibe el aroma de las especias expuestas en los mercados, hecho que proporciona una peculiar ambientación en sus barrios genuinamente árabes. Son muy habituales las casas bajas construidas en piedra coralina, algunas de las cuales todavía conservan la antigua tradición que consiste en esculpir la puerta principal con motivos que simbolizan la prosperidad y la fertilidad.  

El antiguo palacio de los sultanes de Zanzíbar de las Maravillas, es el monumento más emblematico y atractivo de la Ciudad de Piedra. Finalizada su construcción en 1883, sus dimensiones están en consonancia con el poder material y espiritual alcanzando por sus mandatarios. Actualmente los cuatro pisos son sede de un partido político y lamentablemente no se puede visitar. 

La casa conocida con el nombre de Livingstone House, en la que residió el explorador durante su estancia en la isla, también se encuetra ocupada por unas oficinas, aunque en este caso de información turística.  

En el lugar donde estaba situado el mercado de esclavos, se levanta ahora una catedral anglicana construida en 1877 con materiales coralinos. La convivencia pacífisca entre diferentes religiones queda simbolizada también con otra catedral, la de St. Joseph, en este caso de confesión católica.  

El punto de Zanzíbar donde resulta más fácil establecer contacto con su gente es en los Jamituri Gardens, extensos jardines situados frente al mar. Es el lugar predilecto de muchas personas que se acercan sólo por el puro placer de conversar y disfrutar de la puesta de sol mientras suavemente les acaricia la brisa marina. Muchos visitantes realizan una parada en estos jardines durate su periplo por la Ciudad de Piedra y aprovechan para probar un tentempié algo picante, ofrecido por los numerosos vendedores ambulantes que hay en la zona. Los jardines de Jamituri, están dominados por un imponente castillo en ruinas, construido por los portugueses para defender la ciudad de los ataques piratas.  

Entre las tortuosas calles de la ciudad se concentran la mayoría de hoteles y restaurantes de Zanzíbar. El Africa House Hotel, que durante la época colonial fue el punto predilecto de reunión de los británicos, ocupa un lugar de privilegio en primera línea de mar y posee uno de los pocos bares que existen en la ciudad. También muy cargado de historia, a poca distancia del primero, el Zanzíbar Hotel acogía antiguamente a los huéspedes del sultán y constituye en la actualidad uno de los mejores exponentes de la arquitectura árabe.  

Los Spice Tours 

Mezquitas, palacios y baños persas, o mejor dicho sus restos, es lo que uno puede visitar durante las excursiones por la isla.

La forma más habitual de hacer estos recorridos es mediante un Spice Tour o "viaje de las especias", que consiste en concertar los servicios de un taxi entre un máximo de cuatro personas. Su nombre se debe al hecho que la excursión incluye visitas y hasta degustaciones en algunas plantaciones de especias.

Este popular sistema de desplazamiento cubre tres rutas alternativas, pero la más interesante, desde el punto de vista arquitectónico, es la que nos conduce a los territorios del norte.  

El trayecto permite conocer las ruinas de dos palacios, el Palacio de Mtoni, propiedad de un rico mercader de principios del siglo XIX, y el Palacio de Maruhubi, que fue construido por el sultán Bargash a finales del mismo siglo con el objetivo de alojar su harén. También se visitan los restos de los baños persas que el sultán Seyid Said hizo construir para complacer a su esposa de origen persa, como las llamadas Slave Caves o cuevas de esclavos. Estas cuevas servían para esconder a los esclavos que eran embarcados ilegalmente después que en 1873, el sultán Bargash clausurase el mercado de esclavos de Zanzíbar. Para hacer honor al nombre de Spice Tour, el recorrido penetra en las tierras del noroeste, conocidas como Shamba Lands, donde se encuentran las plantaciones más importantes del árbol del clavo, productor de la especia que ha dado fama mundial a la isla. 

Zanzíbar también ofrece playas genuinamente tropicales. La más tranquilas y a la vez menos explotadas por el turismo se encuentran en la costa oriental, donde la rutinaria vida de los pequeños pueblos pesqueros no se ha visto alterada por los tiempos modernos.   

KENIA: Africa en la memoria

"Yo tenía una granja en Africa, al sur de las colinas de Ngong". Una frase varias veces repetida en una magnífica película con Robert Redford y Meryl Streep de protagonistas que narra la historia real de la baronesa Blixen, abandonada junto a su finca de café a las afueras de Nairobi, por su marido, el famoso cazador Bror. La baronesa vive una aventura romántica con Denys Finch-Hatton que fallecerá en un accidente de avioneta. Tras entrar en bancarrota la baronesa regresa a Europa donde escribe su libro de recuerdos que con el título de "Out of Africa" es llevado al cine por Sidney Pollack. 

El film refleja fielmente el ambiente colonial inglés durante las primeras décadas de siglo y sus exteriores invitan a una visita a Kenia. Tras el estreno aumentaron vertiginosamente los viajes al país africano, pero el viajero se pregunta antes de partir si realmente podrá contemplar por sí mismo el vuelo de los pelícanos, las enormes manadas de cebras y ñus, el descanso de los búfalos, el apareamiento de los leones, los enormes colmillos de los elefantes y las blancas arenas de las playas del Índico bajo la sombra de las palmeras, o estas son imágenes provocadas por los magos del celuloide gracias a sus presupuestos ilimitados. 

Cuando se ponen los pies en Nairobi se empieza a desvelar la incógnita. La ciudad se construyó gracias al paso del ferrocarril que unía Mombasa, en la costa del Índico, con el lago Victoria. El motivo inicial era estratégico: unir las zonas ribereñas del lago con el océano antes que los alemanes subieran desde el sur. Los costes fueron altos y para amortizarlos se fomentó la instalación de colonos que explotaron las ricas tierras del Valle del Rift y la mano de obra de sus pobladores, los kikuyus. La ciudad fue en principio un almacén de material ferroviario, pero muy pronto se convirtió en el centro comercial y político de la región. Mucho más tarde ha visto crecer vertiginosamente su población cono la mayoría de las ciudades del mundo, pero todavía es posible vivir el ambiente colonial en el hotel Norfolk. 

Rift Valley, la enorme grieta de Africa 

En Africa Oriental entre Egipto y el valle del Zambezi, en Mozambique, se extiende el gran valle del Rift, una falla tectónica de 8.700 km. de longitud. Una ruptura de la placa africana cuya distancia supera el cuarto de la circunferencia de la Tierra. Y es precisamente en las tierras altas de Kenia donde el gran valle es más abrupto e inaccesible, tomando el nombre de Valle Gregoriano del Rift en honor a Gregory, el geólogo que lo descubrió. Entre las fronteras etíope y tanzana se extienden una serie de volcanes de distinto tamaño y edad y una cadena de siete lagos cuyas aguas provienen exclusivamente de las lluvias, aunque disponen de diferentes niveles de salinidad. Sólo las aguas de los lagos Naivasha y Baringo son dulces. El Elmenetia y el Nakuru se pasan la mayor parte del año secos. El Magadi, que soporta temperaturas superiores a los 40 grados a la sombra, es rico en potasas, sales y otros minerales. El lago Bogoria dispone del atractivo complementario de sus geíseres, mientras el Turkana, el mayor de todos, se extiende como un auténtico mar en medio del desierto, de 290 kilómetros de longitud por 48 en su parte más ancha. Dos de sus islas interiores se han declarado parque nacional y en sus riberas se extiende asímismo el Sibiloi National Park, donde se encuentra la mayor población de cocodrilos de toda Africa.  

Lago Naivasha 

A poco más de una hora de camino desde Nairobi, siguiendo la autopista transafricana hacia el noroeste, encontramos el lago Naivasha. Su proximidad a la capital, 85 kilómetros y su belleza, atrajeron algunas residencias secundarias en sus orillas, donde durante los fines de semana se celebraban fiestas sociales. El lago, el más alto y bonito de los siete del Rift, tiene una superficie de 170 kilómetros cuadrados, se encuentra en el fondo de un valle, a 1.900 metros sobre el nivel del mar y junto al volcán Longonot, que alcanza una altura de 2.886 metros. Sus dulces aguas, ricas en pesca, se utilizan además para regar las tierras de los alrededores. Pero su mayor atractivo viene dado por las más de 325 especies de aves acuáticas que lo convierten en un auténtico paraíso para los ornitólogos. Algunas de ellas se acercan sin miedo a las terrazas de los lodges ribereños, que reproducen todo el refinamiento del colonialismo británico. Pero la mejor forma de contemplar la vida en el lago es realizando un paseo en barca, bien a última hora de la tarde, durante la puesta de sol, bien al despuntar el día. 

Cientos de aves revolotean, emitiendo todo tipo de sonidos, sobre las plateadas aguas del Naivasha, mientras alguna pequeña barca de pescadores procede a sus capturas. Junto a alguna de las orillas, un grupo de hipopótamos permanece sumergido, a salvo del calor. Cada cuatro o cinco minutos, sacan la cabeza durante algunos segundos para tomar el aire de la superficie. Sobre unos secos árboles en medio del lago, las aves los observan sobre sus nidos. Un trío de pelícanos extienden sus grandes alas en un vuelo rasante y en las orillas los gamos de agua prosiguen su alimentación hervíbora. 

Con un peso en torno a los 250 kilos y una altura que alcanza el metro treinta, los gamos de agua, llamadas asímismo Cobs acuáticos, son reconocibles por la elipse blanca en su cuartos traseros. De pelaje abundante gris oscuro, nace una sola cría tras una gestación de 8 meses y tienen una esperanza de vida entre los 10 y 12 años. Precisan una dieta más rica en proteínas que los otros bóvidos, por lo que necesitan ingerir gran cantidad de agua, lo que les lleva a habitar en zonas con aguas permanentes. Esto y su marcha pesada les convierten en un animal básicamente sedentario. 

Ruta hacia el norte 

Siguiendo hacia el norte bordeamos el Aberdare National Park, que se extiende en torno a la cadena montañosa de los Aberdares cuyo pico más alto alcanza los 4.000 metros. Con una extensión de 780 kilómetros cuadrados, es el parque más alto de Africa, y añade al atractivo de sus especies animales, el marco natural repleto de cascadas, riachuelos y barracos. En el parque se hallan dos de los mas famosos lodges africanos: Treetops y The Ark, construidos junto a sendos charcos de agua donde acuden a beber las manadas de elefantes, rinocerontes, búfalos, etc.  

Tras atravesar el ecuador llegamos a las cataratas Thomson, bautizadas en memoria del joven explorador británico que descubrió estas tierras. Es una caída de agua de 70 metros de altura, situada a 2.500 metros sobre el nivel del mar, y se sitúan en territorio kikuyu, cuyos habitantes se refieren a las cataratas como Nyahururu, que significa "el lugar de las aguas profundas".

 Los kikuyus, con 3.200.000 mienbros representan el grupo étnico más numeroso de Kenia y aunque en un principio eran fundamentalmente ganaderos, han sido los que más se han adaptado a la forma de vida occidental. 400.000 de ellos viven en la ciudad y los demás se dedican en su mayoría a la agricultura. Mantienen una fuerte actividad política, participando además en el comercio y los negocios del país. Junto a las cataratas, cuya mejor panorámica se obtiene desde el Thomson's Falls Lodge, se encuentra un mercado de artesanía kikuyu, con diversos objetos relacionados con sus tradicional forma de vida. 

El Monte Kenia, el otro gran gigante 

Situada en territorio tanzano se levanta la mole del Kilimanjaro que con sus 5.895 metros de altura es la montaña más alta de Africa. Sus nieves perpetuas extendidas sobre la erosionada cima volcánica son vistas desde Kenia, sobre todo desde el parque nacional de Amboseli. Pero en territorio keniata hay una mole que si bien no alcanza la altura de su vecina del sur, sí rivaliza en belleza y atractivo. Se trata del Monte Kenia, su mayor cima, el Batian alcanza los 5.199 metros de altura y a su alrededor se extienden una serie de lagunas de morrena, glaciares, cascadas y barrancos. Las nieves perpetuas, que se reflejan en los 32 lagos existentes, sorprenden al situarse en el mapa junto a la línea ecuatorial. El parque nacional del Monte Kenia es rico en águilas, buitres, etc. En ocasiones se han visto huellas de leopardos en la nieve a 4.500 metros de altitud y se han encontrado restos de un elefante y varios búfalos por encima de los 4.300. El parque dispone de las "carreteras" más altas de todo el continente, que permiten alcanzar motorizados los 4.200 metros.   

Hacia el gran desierto 

Dejando atrás el Monte Kenia y siguiendo hacia el norte, el paisaje cambia radicalmente. Las altas tierras y su abundante vegetación dejan paso a las llanuras bajas y al desierto. Las temperaturas suben rápidamente y el sudor empieza a aflorar. Es entonces cuando uno tiene la sensación de penetrar realmente en Africa. Es la entrada al bajo Sahel, que a la larga dará paso al desierto sahariano. Y como la vida se adapta siempre al entorno, el modo de vida cambia tambien de manera radical. La vida sedentaria, agrícola, granjera, da paso al nomadismo. Llanuras polvorientas, poco habitadas, pozos distanciados, pésimas comunicaciones ... el desierto.  

Gentes procedentes de todas direcciones y tras largas marchas a pie se dan cita en los mercados de las pocas ciudades para intercambiar sus productos. Como en Isiolo, uno de los últimos puntos donde llega la burocracia. Una aglomeración urbana cuyo animado y pintoresco mercado se celebra a pocos metros de una mezquita, la construcción más impresionanante de la ciudad. 

Frutas extendidas sobre pañuelos, mujeres atraviadas con llamativos ropajes, caras quemadas por el sol, hombres vestidos de blanco prestos a orar. Y de repente, un cuerpo perfecto, estilizado, una cara atractiva y una mirada penetrante. La máxima expresión de la belleza femenina encarnada en una mujer que destaca sobre las demás, que concentra la atención de los viajeros. Es una somalí, perteneciente a la tribu del mismo nombre, que con su carácter orgulloso e independiente se ha extendido durante siglos por las tierras de Kenia en busca de pastos frescos para su ganado y cuyo exilio se ha incrementado durante los últimos años con motivo de la guerra.

Territorio Samburu 

A pocos kilómetros al norte de Isiolo se encuentran un trío de reservas nacionales, Shaba, Buffalo Springs y Samburu, cuyo denominador común es el desierto de martorrales sólo roto por la verde vegetación que proporciona el curso del río Ewaso Nyiro o río Marrón. 

Son tierras donde habitan los sumburus, tribu básicamente pastoril con 75.000 miembros que viven generalmente en poblados formados por 10 propietarios de ganado. Se alimentan básicamente de leche enriquecida con sangre de vaca o cabra y sólo en contadas ocasiones ingieren carne. Son bastante parecidos a los masai, con los que comparten idioma, aunque no han adoptado una actitud de dominación frente a otras tribus. Habitan en cabañas bajas que construyen formando un círculo que servirá para proteger el ganado situado en el interior. Polígamos por natulareza, el poder esta detentado por los ancianos.  

La reserva Natural de Samburu ocupa una extensión de 102 kilómetros cuadrados y destaca por albergar variedades como la jirafa reticulada y la cebra de Grevy así como oryx, gran variedad de gacelas y antílopes, elefantes, leopardos, leones, cocodrilos, etc. 

Campamento de Lujo 

Nuestro alojamiento no se acomodó en los típicos lodges, sino en tiendas de campaña situadas junto al río. El Larsen's Camp está formado por grandes tiendas de color verde y dotadas de todas las comodidades posibles que se agrupan bajo la sombra de los árboles. Una amplia terraza desde la que se podía contemplar el cauce fluvial, franqueaba la entrada a cada habitáculo resguardado del exterior por una serie de cremalleras que impedían la entrada de todo tipo de pequeños indeseables. Una vez en el interior dos cómodas camas se situaban en ambos laterales.  

Inmediatamente después dos grandes baules compartimentados servían para colocar la ropa y un escritorio para organizar las notas tomadas durante el día. Al fondo del habitáculo y separado del resto por una nueva pared de lona, ducha, lavabo e inodoro con agua cliente y fría facilitaban el aseo diario. 

En el centro del campamento una gran tienda resguardaba un amplio comedor junto al que se encontraba un bar, especialmente agradable a la caída de la noche, al igual que el grupo de sillas situadas en torno al fuego que quemaba a pocos metros del río. Desde allí podían escucharse todos los ruidos emitidos por los animales nocturnos. Alrededor de las 11, el grupo electrógeno dejaba de suministrar electricidad en las tiendas por lo que la gente se movía portando sus linternas y siguiendo los caminos marcados por un renglón de pequeñas lámparas de aceite. La experiencia de dormir en la tienda es inolvidable. Con las ventanas de lona plegadas, sólo la tela mosquitera nos separaba del exterior. La actividad animal que se desarrollaba se puede percibir constantemente, aunque iba cambiando a medida que pasaban las horas. Al amanecer, los cantos de los pájaos nos despertaban mientras los babuinos jugueteaban en el techo de la tienda o rodaban cualquier objeto abandonado en la terraza. 

Tras la ducha de rigor y un copioso, pero necesario, desayuno es el momento para abandonar el campamento e iniciar la cacería fotográfica por las extensiones del parque. Palmeras y tamarindos acompañan a las acacias en el curso fluvial. Los impalas, el antílope más numeroso en todos los parques, pastan cerca del campamento, seguros de la ausencia de predadores.  

Existe un teoría que argumenta que las rayas de la cebra le sirven de defensa, ya que al ver una manada, el predador de turno no puede aislar a un individuo, por lo que no dispone de un objetivo claro para su cacería. Es por ello que las cebras siempre pastan agrupadas. Así pues el équido rallado no posee una piel para su camuflaje, sino que su llamativo dibujo produce un efecto visual que desorienta al posible atacante. En Samburu se puede encontrar la variedad de cebra de Grevy o cebra real con rayas estrechas que se curvan ligeramente en los cuartos traseros, vientre blanco y grandes orejas.  

Otra de las especies visibles en el parque es la jirafa reticulada, caracterizada por sus grandes manchas rectangulares de color castaño, separadas por un entramado de estrechas líneas blancas. El gigante africano puede alimentarse del follaje superior de las acacias, inalcanzable para cualquier otro animal. Se pasa unas 13 horas diarias comiendo y curiosamente se pueden distinguir machos y hembras según esta actividad. Los primeros comen la parte alta de los árboles mientras que las segundas se alimentan de la parte baja doblando el cuello. Entre sus sentidos más desarrollados para la defensa se destaca la vista, seguido de oido y olfato. Puede alcanzar al galope los 60 kilómetros por hora y es uno de los pocos rumiantes que nace con cuernos.  

La visión de un grupo de elefantes, algunas avestruces y una manada de oryx precedió al encuentro con uno de los animales más buscados durante un safari fotográfico, el leopardo. Refugiándose del calor solar, encaramado sobre las ramas de una acacia, y confundido entre su follaje, descansaba solitario. Los árboles son los mejores compañeros de los leopardos, le sirven para descansar, para cazar dejándose caer en ocasiones sobre la presa que pasa por debajo, y para proteger su presa muerta de los carroñeros. Sus manchas negras sobre fondo pardo claro, más pequeñas en la cabeza, son un excelente camuflaje. Acostumbra a cazar por la noche, aunque su paso señorial, despeja la zona de cualquier otro animal.  

Todavía tuvimos la oportunidad de contemplar otro ejemplar de la especie felina, un viejo león, varias especies de antílopes, algún cocodrilo y gran cantidad de pájaros antes de abandonar la reserva de Samburu y trasladarnos en avioneta vía Nairobi hacia Masai Mara. Durante el trayecto hasta la capital se puede observar a un lado toda la grandiosidad del Monte Kenia mientras se sobrevuela una región rica en plantaciones agrícolas y repleta de granjas de cultivo. Tras el enlace en el aeropuerto Wilson, nudo de comunicaciones interiores servidas con avionetas, sobrevolamos el Rift Valley y las colinas de Loita, donde se desperdigan una serie de poblados masais dispuestos en círculos. 

Las llanuras del Serengueti, junto al rio Mara 

Nuestro destino era el Keekorok Lodge, enclave situado junto a la frontera tanzana. Una pequeña pista de tierra permite aterrizar a nuestro aeroplano. Las llanuras del Serengueti se extienden a lo largo y ancho de 3.200 kilómetros cuadrados a uno y otro lado de la frontera, conformando el Serengueti National Park en Tanzania y la Masai Mara National Reserve en Kenia. Tres millones de animales campan a sus anchas y durante dos veces al año se produce la célebre migración, cuyo punto álgido es el cruce del río Mara. 1.400.000 ñús, 200.000 cebras buscan en abril los pastos del norte y regresan en octubre, durante las lluvias, ya que las llanuras herbáceas del Serengueti , dificultan el escondrijo a los predadores. 

La hierba dorada, moteada de verde, de donde viene el nombre Mara, es el paisaje habitual de las llanuras. De vez en cuando, un grupo de arbustos acogen a alguna manada de búfalos o algún león, que se refugian en su sombra. Sólo en ocasiones el paisaje se interrumpe por un árbol solitario. A primera hora de la mañana, un globo aerostático inicia su vuelo, franqueando la visión de grandes manadas de cebras y ñus, que pastan tranquilamente en comunidad y buena armonía. Su visión desde tierra también es impresionante. Grupos numerosos se suceden en primer y segundo término y en el horizonte. Algunas veces, impalas y gacelas se mezclan entre ellos. De repente, todos miran hacia la misma dirección, permanecen inmóviles pero extremadamente atentos. Notan la presencia de una cheeta o guepardo, el animal más rápido de la tierra. Puede alcanzar en persecución una velocidad de 96 kilómetros por hora. Más pequeño, más flexible que el leopardo, y con pequeñas manchas negras en su piel. El acecho a la presa puede prolongarse desde pocos segundos hasta varias horas. Cuando se encuentra a unos 30 metros emprende la persecución. En la mitad de los intentos consigue su fin y el promedio de persecuciones ronda los 170 metros con una duración de 30 segundos. La presa es asfixiada por un mordisco en la parte inferior de la garganta. 

Tras pasar la noche en el lodge, donde un grupo de masais efectuán danzas tradicionales, nos dispusimos a proseguir nuestra cacer